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sábado, 15 de septiembre de 2018

Bienvenido a la familia, maldito (Nudo) (2/3)

Brandon fuerza a Marc a invitarlo a su casa, coqueteando descaradamente con María y su hija, las cuales le rechazan y sienten una aversión absoluta por él.
   Sin embargo, la presencia de este asqueroso intruso despertará sentimientos que hasta el momento ellas ignoran. ¿Podrán Joan y Marc expulsar de la casa antes de que viole a sus dos mujeres?

Ninguna de las dos parece dispuesta a consentir a Brandon, pero este parece saber como corromperlas y hacer que cambien de opinión.



BIENVENIDO A LA FAMILIA, MALDITO (Nudo)

Trama y argumento del relato propuestos por Khay. Especial agradecimiento a su idea.


Capítulo 1: Invitado non grato

<<<  Marc >>>  Punto 1: Aversión hogareña

Dos días después de haber conocido a Brandon, me continuó insistiendo para invitarlo a mi casa. Me faltaba valor para negarme, evadiéndole con excusas e incluso evitando meterme en WhatsApp para no tener que hablar con él.
   El miércoles me cazó a la salida del instituto, rodeado por las mareas de estudiantes que marchaban hacia otros sitios. No me quedó otra que saludarle como si me alegrase de verle.
— ¿Me vas a invitar a tu casa o qué?
— Es que… No sé si hará gracia a mis padres que lleve a nadie.
— No te van a decir nada por llevar a un amigo.
— Pues… No sé… -ya empezaba a ceder.
— Venga va, llévame; quiero ver como es tu casa –me presionó más directamente-. Venga va, tío. Llevas tiempo dándome largas. Vamos a llevarnos bien.
— Te acabo de conocer. ¿Cómo quieres que te lleve a mi casa?
— ¿Es eso? –empezó a descojonarse-. Te llevo yo a la mía.

Ante su insistencia por ir a casa de los dos, comencé a pensar que era gay.
— ¿Para qué quieres ir a mi casa? –me obligué a preguntar, intuyendo que no iba a parar hasta conseguir un sí.
— Pues porque quiero ver como son las casas de la gente rica. Me imagino que tendrás PS4 y un ordenador de la ostia. ¿No?
— Sí.
— Yo tengo una PS2, imagínate. Y un ordena que está echo mierda. ¿Te da miedo que te mangue algo o qué?
— Que va –negué, incómodo.
— Pues llévame, loco. Y cuando quieras te invito a mi zulo.
— Vale, vale. Te llevo –mi respuesta hizo que el muy imbécil sonriese de oreja a oreja, empezamos a caminar en dirección a mi casa, que estaba a unos quince minutos saliendo de la ciudad.

Sabía que todo eso iba a acabar mal, pero no se me ocurría la manera de salir de esa. Sin haberle ofrecido mi mano ya me había agarrado el brazo.

***

Mi acompañante no encajaba nada en aquel ambiente de lujo y clase. Mientras nos adentrábamos entre las calles de la urbanización, Brandon iba mirando boquiabierto las excéntricas y lujosas casas tras muros de cemento y de matorrales. En mi cabeza me imaginaba que este estaba planificando como asaltar todas y cada una de ellas para robar lo que había dentro.
   No podía verle de otra manera, para mí era: Un camello, un delincuente, un drogadicto y un potencial ladrón tanto por aspecto como por actitud. No era solo su aspecto descuidado con una ropa sucia y polvorienta, sino también su aura salvaje y su personalidad confiada y dominante.
   ``No creo que sea tan descarado de robar nada si no le quito ojo de encima´´ razoné consiguiendo tranquilizarme mientras me acercaba a la verja del jardín; abrí la puerta y accedimos al interior. No podía imaginarme la cara de María por llevar a un desconocido como Brandon a casa, y encima sin avisar.

Cruzando el jardín y pasando al lado de la diminuta piscina, llegamos al porche y saqué las llaves para poder abrir la puerta. La cara de María, que se había acercado a la entrada para saludar a quien fuese que entrase, fue un poema al estudiar sorprendida al intruso en su casa. Se le olvidó disimular, quedándose boquiabierta y con cierto rasgo de aversión en su mirada.
   Me chocó que mi madrastra llevase un largo vestido ceñido a su piel; de tirantes y que descendía en cascada hasta sus tobillos. Hacía mucho que no la veía vestida así, y tal vez lo había elegido les había oído decir que esa noche irían a cenar fuera. El color de la tela era verde oscuro y combinaba excesivamente bien con su pelo caoba. Esa vestimenta, claramente, dejaba claro que no esperaba visita. Sus pechos y su trasero dibujaban unas curvas perfectas bajo el vestido.
— Marc, cielo… -le temblaron los labios, como si no encontrase las palabras. Una risa nerviosa acudió a ellos antes de que lograse recuperar la compostura y ocultase su cara de asombro-. Que… ¡Qué sorpresa! No esperaba que trajeses… visita -``Y que lo digas…´´ pensé deseando darme de cabezas contra un muro. Que vergüenza… Justo en esos días que mi relación con ella había empezado a mejorar.
— Lo siento, mama. Este es… Brandon, un amigo del instituto.
— Encantado –se presentó, entusiasmado, recortando la distancia entre ellos, dejándola paralizada por la intrusión física que le supuso.

Estaba seguro de que el olor a marihuana había quedado impregnado en la nariz de la cuarentona.
— Sí, lo mismo digo –farfulló con un hilo de voz mientras se dejaba dar los dos besos. Tenía claro que si fuese por ella le habría echado de casa con una patada en el culo-. ¿Vais a estar mucho rato en casa?
— No creo, mama. Íbamos a jugar un rato a la consola –contesté intentando tranquilizarla. Estaba más pendiente vigilar a mi acompañante que de lo que yo decía, el cual no se molestaba en disimular lo mucho que le había atraído sexualmente.
— Vale, cielo, pero no os estéis hasta tarde –consentía mi compasiva madrastra, haciendo la vista gorda al bárbaro que me acompañaba. Sutil manera de pedirme que me lo llevase cuanto antes.

Pese a la evidente incomodidad y aversión de la cuarentona, Brandon actuó como si hubiese sido bien recibido, siguiéndome mientras lo guiaba a través de las escaleras hasta mi habitación.
— Buff… Hermano, como está tu madre. ¿Nunca te lo han dicho?
— No –me limité a contestar secamente. Estábamos llegando a los últimos escalones cuando a nuestra izquierda Marta salía de su habitación. El colmo de la mala suerte.

Estaba dándonos la espalda y dejando la puerta entornada, me fijé –y seguramente mi acompañante también-, en que llevaba la misma ropa deportiva que estaba empezando a llevar desde hacía dos. Según afirmaba estaba subiendo de peso y quería quemar calorías saliendo a correr: >>

   << Su ombligo estaba expuesto al aire, con un sujetador deportivo de color blanco y leggins shorts de color gris oscuro. Una larga coleta trenzada a sus espaldas destacando aún más el piercing en su nariz. No se me pasó por alto que hasta para salir a correr por una urbanización casi desierta se había maquillado con sombra de ojos y delineador.

Al contrario que su madre, no disimuló su desprecio hacia Brandon y lo ignoro por completo.
— ¿Marc? –parecía estar exigiéndome explicaciones.
— Marta, este es Brandon. Es un… compañero de clase.
— Sí, me suena de haberte visto en el insti –interrumpió Brandon, subiendo el último escalón y acercándose a darle dos besos. Por un instante pensé que esta le iba a empujar escaleras abajo, pues puso cara de asco sin llegar a rechazar los dos besos en sus mejillas, tampoco hizo ningún ademán de dárselos; limitándose a quedarse quieta mientras se los daba.
— Ya, ya. Marc –le estaba ignorando por completo-. No recuerdo que avisases de que ibas a traer a este.
— No estaba planeado –contestó él por mí, y mi hermanastra lo fulminó con la mirada antes de ponerse inquisitiva.
— No estaba hablando contigo.

Agaché la cabeza, avergonzado. Como si me hubiese gustado traer a semejante imbécil a una casa que no consideraba mía. Mi hermanastra cerró su puerta de un portazo y empezó a bajar las escaleras con la cabeza bien alta: ``El camello´´ -así decidí llamarle para mis adentros- pensé mientras observaba como se comía con la mirada a mi hermana.
   Cuando hubo desaparecido, él y yo llegamos por fin a nuestra habitación: >>
<< Literalmente, pareció flipar con la cantidad de cosas que había en mi habitación. La televisión gigante, el monitor de ordenador, las dos consolas de sobremesa… Se tomó la libertad de acercarse y toquetearlo todo, sin que yo le quitase ojo de encima como si en cualquier momento se fuese a llevar algo a los bolsillos.
— Las tienes enchufadas al mismo tiempo.
— Sí –observé como se paraba frente a las dos consolas.
— ¿Por qué tienes tanto y yo tan poco? -``Porque seguramente no sabes ahorrar, y te lo gastes en alcohol, en tabaco y hierba… ¿Quizás?´´ razoné para mis adentros-. Como tienes dos podrías dejarme una. ¿No? Te la devolveré, será solo para unos días -``Los cojones´´ exploté para mis adentros. Cuanto asco me daba: No había parado de insistir hasta que lo invité, no se supo comportar delante de mi madre y mi hermana. ¿Y ahora me ordenaba que le pidiese algo? ¿Pero qué le pasaba a ese imbécil?
— No puedo dejártela.
— Venga, tío. Tienes dos putas consolas. ¿Por qué no puedes dejarme una? -``Porque son mías. ¿¡Quizás!?´´ Había tenido que ahorrar muchas pagas y privarme de muchas cosas para conseguirlas
— No voy a dejarte una puta consola –gruñí en tono cortante. Si continuaba diciéndole que sí a saber que más me pediría, y por ahí sí que no pasaba. Aún así, sabía que iba a insistir mucho más.
— Que egoísta de mierda –por algún motivo, se conformó con decir eso. Algo no me cuadraba.
Me imaginé el panorama: Se la dejaba unos días y luego tendría que irle detrás para que me la devolviese: ¿Y cómo la recuperaba si no quería devolvérmela?
— ¿Tu hermana tiene novio? –La pregunta me pilló por sorpresa.
— Sí.
— ¿Y cómo es? –parecía estar tanteando el riesgo ante el trofeo. ¿Valía la pena?
— No sé, no lo he conocido.
— Vaya bombones, macho. Aunque fuesen mi madre y mis hermanas me las follaba –escuché en silencio como fantaseaba con ellas en voz alta-. ¿Y tu hermana? Que no te moleste, pero tiene una pintaka de guarra...
— Tio, que es mi hermana –le corté.
— Soy muy directo, ya lo ves. ¿Y tu padre cómo es? ¿De qué trabaja? –Parecía estar analizando sus posibilidades mientras agarraba el mando de la PS4, buscando el botón para encenderla sin permiso.

Tuve que escuchar lo que le haría a su madrastra y a Marta mientras jugaba a God of War.
— Jajajaja ¡Me encanta este calvo! –rugió poniendo cara de loco mientras aporreaba los botones del mando-. Oye. ¿Por qué te cambiaste de insti?
— ¿Qué? –me sorprendió lo rápido que cambiaba de tema.
— Me mudé a esta casa hace poco –murmuré inseguro, sabiendo que se acabaría enterando tarde o temprano.

Pareció llamarle tanto la atención que pausó el juego. Cuando me preguntó, no me quedó otra que contárselo todo.
— ¿Entonces tu padre se lio con esa MILF y os mudasteis a su casa? Vaya braguetazo pegó tu viejo –parecía intentar procesar que el ``pringaillo´´ de ``su amigo´´ conviviese con semejantes dos mujeres.
— Sí, supongo.
— Si vives con ellas: ¿Las has visto desnudas? Tienen que estar tremendas. Vaya cuerpazo tiene tu madre –se burló-. Entonces podemos intentar tirarles la caña. ¿No?
— Estás de coña. ¿No?
— ¿Te parece que lo esté? Marc. ¡Marc! ¡Escúchame, tío! –dijo de manera amistosa, como si tratase de convencerme-. No lo estás viendo como lo veo yo -``Y que lo digas´´ me dije mientras él añadía:-. No debes nada a estas dos. ¿Sabes la suerte que tienes?
— Son mi madre y mi hermana.
— No, no lo son. Y están buenísimas. Esta no es tu casa, tío. Tu padre ha pegado un braguetazo de la ostia, vale. ¿Pero cuánto pasará hasta que la golfa de tu madre se canse de él? Iréis a la puta calle. ¿No te gustaría aprovechar el tiempo?
— Emm…
— ¿Dónde vivías antes?
— ¿Qué?
— Que donde vivías antes. ¿En una casa? ¿En un piso?
— En un piso –respondí más por seguirle la corriente que por estarme convenciendo.
— Me imagino que era pequeño ¿No? En un barrio de mierda –asentí- Y ahora estás aquí, con esta habitación y mira todo el espacio que tienes.
— Baja la voz, van a oírte –como le convenía, me hizo caso y empezó a susurrar.
— Pero esto no va a durar para siempre -``Porque tú lo digas´´ pensé odiándole con todas mis fuerzas. Que asco me daba.
— Solo te digo la verdad, tienes que abrir los ojos. Estas tías de clase alta solo son unas guarrillas caprichosas que van variando sus necesidades.
— Ellas no son así.
— ¿Qué no? Te apuesto lo que quieras a que consigo follármelas en menos de tres semanas. Al menos a una de ellas.

Me eché a reír, no pude evitarlo. Reí a carcajadas imaginando que ese trozo de basura tuviese la autoestima tan alta.
— ¿No crees que pueda? –La cara le cambió.
— ¿Has visto cómo te miran las dos? Te han mirado con asco. Son demasiado señoritas y tú…
— ¿Qué?
— Callejero.
— ¿Y no crees que puedo?
— No.
— A ver si te enteras, enano –se levantó, mirándome con desprecio. Escupía con odio las palabras-. Las mujeres lo acepten o no, están programadas para encontrar a un macho dominante que las satiszaga –dijo la palabra mal, como si no fuese una palabra que el soliese utilizar-. Aunque fijan que no les interesa, cuando una mujer ve a un macho como yo, las bragas se les hace agua.
— Eso te gusta pensar. ¿No? –dije muerto de la rabia, sin poder soportar esa manera de pensar.
— Es la verdad, nano. Tengo barba, y tú no. Tengo el pelo bien crecido, tu seguramente te lo depilas como una putilla –dijo aferrándose el mano en la entrepierna sobre el pantalón, haciendo un gesto obsceno-. Tú miras con miedo a las tías; yo las cazo y les enseño quien manda. Te enseñaré como puedo camelarme a estas dos.
— Estás loco.

Por primera vez, su mirada se volvió violenta a todo como si fuese un perro de caza empezando a gruñir, preparándose para el ataque.
— Mira, gilipollas. No vas a joderme esta oportunidad. O me ayudas o te reviento, y piensa que te veo cada día en el insti.
— ¿No decías que éramos amigos? –razoné levantando las manos por instinto.
— Los amigos se ayudan, gilipollas. O me ayudas o no voy a sentir pena por ti. ¿Te enteras?

Me cubrí la cara por auto reflejo, pero el cabrón me soltó un gancho en el ombligo que me hizo caer de la cama de rodillas al suelo, sintiendo como me había quedado sin aire. Me cubrí el estómago con los brazos.
— No hagas ruido, van a oírte –gruñó con frialdad, mirando hacia la puerta-. ¿Vas a ayudarme o tengo que convencerte para que lo hagas?
— ¿Te parece normal pegarme en mi propia habitación?
—Te estás riendo de mí todo el rato, gilipollas. ¿Me ayudas o no?

No pude evitarlo, me mordí la lengua de la rabia. Ese golpe me había hecho dar un giro de trescientos sesenta grados, haciendo que le odiase aún más.
— Sí, lo haré –contesté levantándome con esfuerzo. Deseaba ver como se pegaba la ostia cuando ellas lo rechazasen. No había ninguna posibilidad de que hiciesen nada con él.
— Bien, por fin entras en razón. Lo haremos así: Si yo pido algo, tú lo haces o me lo das.
— Depende de lo que sea.
— No voy a pedirte nada imposible.
— ¿Por ejemplo? –le cuestioné.
— Que me consigas unas bragas de tu madre. Las más sexys que encuentres.
— ¿Estás de coña?
— ¿Quieres dejar de preguntarme esa mierda? Lo digo todo en serio, nano.
— ¿Para qué las quieres?
— Me ayudará a inspirarme mejor, tal vez te pida que les hagas una foto mientras se duchan, o que me cuentes cosas. O que les digas cosas por mí.

No pude evitar entrecerrar los ojos y desconfiar.
— ¿Cómo qué?
— Que me vas a invitar a ver una peli. La idea es que pase tiempo aquí, la química ya irá fluyendo –dijo riendo, agarró el mando y continuó jugando-. Tenías razón, es mejor que no me prestes la PS4, así podré venir a jugarla más a menudo y pasar más tiempo en tu casa.

Escuché a lo lejos la puerta principal abrirse y cerrarse poco después: Mi padre estaba en casa.


<<<  Joan >>>  Punto 2: Quien lleva los pantalones.

Había sido un duro día de trabajo: Era un mal mes, la gente en esas fechas parecían no querer gastar y los viajes que hacía a casas particulares no daban sus frutos.
   Nada más entrar en casa, vi que María acudía a mi encuentro nerviosa. Estaba alterado, y me hizo gestos para que la siguiese hasta la cocina.
— Un amigo de tu hijo –me explicó, indicando que aún seguía arriba-. Huele a marihuana, Joan. Y no me gusta nada como se ve, parece un drogadicto y no me fio de tenerlo por casa.
— Bueno –titubeé rascándome la perilla-. No creo que sea tan malo que un joven fume unos porros –Al ver que a María no le gustó mi comentario, rectifiqué-. ¿Algo más cielo?
— Es muy descarado. Me ha mirado de una manera muy… sucia. Me ha dado mucho asco.
— ¿Cuántos años tiene?
— Tendrá unos veinte años.
— Bueno, hablaré con él.
— No me gusta que esté en casa, Joan –me repitió antes de que me encaminase hacia el piso de arriba-. No me gusta nada –le escuché decir, disgustada.


***

Cuando abrí la puerta me chocó la peste a marihuana. No parecía haber fumado en la habitación, era un olor más apagado, impregnado en el chico. Estaban sentados en la cama, y era el amigo de mi hijo quien tenía el mando. Sacaba al menos cabeza y media a mi zagal, y sus pintas tampoco me gustaron nada. Estaba acostumbrado a ver a chicos así en mi barrio, pero siempre me gustó que tanto Marc como yo nos mantuviésemos alejados. Se puso en pie, tanteándome con la mirada: >>
   << Era salvaje, atigrada. Sus ojos eran verdes oscuros y parecían ser astuto hasta cierto punto. Solo con verlo supe que no era inteligente, pero tendría la picardía necesaria para abrirse las puertas él solo, pero nada más. Era un poco más alto que yo, su pelo le llegaba hasta la mitad del cuello y había algunas rastas colgadas entre su pelo ondulado. Hizo una mueca y me tendió la mano, todo esto pasó en un segundo.
— Hola. ¿Tú eres…?
— Brandon –me dio un fuerte apretón, claramente tenía más fuerza que yo. Aún así le mantuve firme el pulso.
— Yo soy Joan. Creo que no hace falta que te diga que no se puede fumar en esta casa.
— Okey.
— Bien –le dije más cortado, esperando por su parte que me hubiese plantado cara o se hubiese puesto gallito-. Se está haciendo tarde. Es hora de que te vayas.
— ¿Tú crees? Yo creo que es bastante pronto –Vi a mi hijo, de reojo, abrir la boca sorprendido. El tal Brandon se creció un poco, como si estuviese esperando que le contestase.
— Hasta las nueve –decidí que era mejor ir de buenas y si luego volvía a desafiarme ya lo echaría a patadas. No me gustaba la idea de golpear a un canijo maleducado y arriesgarme a que pasase nada.
— Claro. Gracias por dejar que me quede –agradeció sarcástico-. En mi casa no tengo consola y solo puedo jugarla aquí.
— Disfruta, chaval. Disfruta -``Que aquí no vuelves a entrar´´ pensé para mis adentros. Era un chico descarado y problemático. ¿Por qué me había plantado cara si luego se mostraba agradecido? No veía la manera de imponerme sin llegar a los puños. No quería reconocerlo, pero había conseguido intimidarme un poco.

Salí por la puerta y cerré tras de mí, María me estaba esperando fuera y negaba con la cabeza mirándome incrédula, lo había escuchado todo. No pareció aprobar que no hubiese sabido imponerme.
— ¿Hasta las nueve? ¿De verdad, Joan?
— ¿Preferirías que lo hubiese echado a patadas? La próxima vez no entra y ya está.
— ¿Quién se lo va a impedir? ¿Tú? Ya te dije que no lo quería en casa.
— Solo están jugando a la consola, María.
— Esto no va a traer nada bueno.

Bajamos al sofá, esperando a que llegasen las nueve de la noche. Me mentalicé diciendo que si llegaban las nueve y no se iba, subiría y lo echaría. No iba a tolerarle una falta de respeto.
   Llegaron las nueve y no salieron. María no dijo nada, y yo me esforcé actuar como si no hubiese llegado la hora. Los dos teníamos la vista clavada en la tele, excepto cuando de reojo miraba el reloj de mi muñeca y pensaba para mis adentros: Tienen que estar a punto de salir.
— Ha sido divertido, hay que repetir. Gracias por invitarme a tu casa –se escuchó al invitado de mi hijo decir mientras bajaban las escaleras. Eran las nueve y cuarto. Estaban mi hijo y él en el recibidor, pero antes de salir por la puerta se acercó al sofá y me tendió la mano, dándome un fuerte apretón que casi logró dañarme-. Un placer, Joan –dijo, y acto seguido se inclinó hacia María y le dio dos besos en las mejillas. Mi mujer me miró de reojo, limitándose a levantar la barbilla y dejarse besar.
— Gracias por darme una oportunidad –le dijo a María-. Sé que puedo parecer un mal chaval, pero vivo en la zona en la que vivo. Por eso me ha gustado tanto venir aquí, esto es mucho más tranquilo.
— De nada –se limitó a contestar María, con la voz entrecortada. Pareció sentirse mal por haberle prejuzgado tan mal.
— Espero verles pronto.

Entonces se fue junto a mi hijo, que salió con él a despedirlo al jardín.
— No parecía tan malo. Me ha dado pena y todo pero… sigue sin gustarme como amigo para Marc.
— Sí, pienso igual –coincidí, rememorando como me había plantado cara-. No me gusta nada.

Cuando Marc volvió a entrar, María le interrogó sin que yo abriese la boca. Me limité a mirar la pantalla mientras ellos hablaban. Mi hijo se justificó diciendo que el chico ese quería jugar a la PS4 y cuando lo invitó se le olvidó pedir permiso para traerlo. Se volvió a disculpar y no se excusó más.
— La próxima vez avisa con tiempo, mira como estaba –Eso me recordó que María y yo íbamos a ir a cenar fuera-. No me gusta que me vean vestida así.

María llevaba puesto ese vestido que tanto me gustaba, el verde oscuro. No me agradó que ese gusano con rastas lo hubiese visto, pero el tema ya estaba zanjado.


<<<  Marc >>>  Punto 3: Ropa interior

``Róbate las bragas más sexys que encuentres de tu madre y me las traes el lunes al insti´´ sus palabras retumbaron en mi cabeza. También me pidió que les hiciese una foto mientras se duchaban –cosa que consideraba imposible de conseguir-, sin que estas se diesen cuenta. ¿Cómo iba a abrir la puerta del baño y hacer una foto tan descaradamente con el móvil? ¿Y todo para qué?
   Lo peor de todo es que ese bastardo iba en serio, se creía lo que estaba haciendo. Recordaba como, tras conocerlo, me imaginé que lo llevaba a casa y con esa actitud suya de matón abusaba de ambas pero… ¡Había sido solo eso, una fantasía! ¿En qué momento había empezado a hacerse realidad?
   ¿Cómo se suponía que iba a plantarle cara, si no se cortaba un pelo a la hora de golpearle en su propio cuarto y había visto a su padre acobardarse dentro de nuestra propia casa? Cuando llegaron las nueve de la noche, Brandon dijo que se iban a quedar un poco más y, a las nueve y cuarto, dijo que se iba. Pareció estirar ese momento simplemente para contradecirle, como si sin llegar a decírselo frontalmente –manteniendo las apariencias- quisiese dar a entender que él no iba a respetar sus normas. En esos quince minutos dentro de su cuarto, se burló de su padre y dijo que muy seguramente no sabría satisfacerla en la cama. Que si estaba con mi padre era porque no le había conocido a él.

Con todo eso en mente, tras despedir a Brandon en el porche y disculparme con mi madrastra; subí a pies puntillas a la habitación de mis padres con el corazón latiéndome a mil. La paranoia se adueñó de mí, pensando que podrían volver entrar en cualquier momento y, arrodillándome al lado de la mesita de noche de María, rebusqué entre su ropa interior buscando las más provocativas que encontrase… Y lo hice. Eran unas muy parecidas a las que le había visto a Marta, pero mucho más sexys para mi gusto. Eran negras, con adornos transparentes… Me las metí en el bolsillo, cerré el cajón y me fui.

Quizá me estuviese engañando a mí mismo, pero no lo consideraba capaz de tener un mínimo éxito con ninguna de las dos. Era por eso por lo que accedí a ``ayudarle´´, quería ver como esas dos mujeres tan imponentes lo ponían en su sitio. Quería que lo rechazasen y se tuviese que tragar sus propias palabras, sin que yo tuviese que enemistarme con él.

<<<  Marc >>>  Punto 4: Dura de pelar


Mi hermanastra llegó sudada y húmeda, su pelo rubio estaba oscurecido por la lluvia aunque se notaba que esa agua estaba mezclada con su sudor. Tras despedirse de mis padres –justo cuando ella llegaba, ellos se iban a cenar fuera-, subió a mi habitación y picó tres golpecitos a la puerta.
— ¿Puedo hablar contigo? –no parecía enfadada.
— Pasa.
— No me ha gustado nada que traigas a ese… cabronazo… aquí.
— Me obligó, no quería.
— ¿Te obligó a que le invitases? –inquirió arqueando su ceja perfecta.
— ¿Sabes que Brandon es de lo peor que hay en el instituto? Lo vi mil veces estos últimos años. Yo empecé en primero de la eso cuando él iba a segundo; el repitió ese curso y yo pasé a segundo. Los dos hicimos tercero y cuando yo pasé a cuarto, él repitió ese curso. Y ahora que estoy en batxillerato, él está haciendo el último curso de educación obligatoria.
— ¿Lo conocías?
— De vista. Nunca había hablado con él. Pero sé que es un baboso y tira la caña a toda la que le hace un mínimo de caso.
— ¿Y qué hago? Le dije un millón de veces que no –Era mentira, pero no podía decirle que no me había negado más.
— La próxima vez que venga ya lo pondré yo en su sitio. Tampoco quiero que tengas problemas con él –pareció entender la situación en la que estaba-. Bueno, voy a ducharme. Estoy sudadísima. Luego vengo y jugamos a un juego. ¿Papá y mamá han hecho algo para cenar?  -negué con la cabeza-. Ya haremos algo.

Cuando se hubo ido me acordé de la tarea que me puse Brandon, pero negué con la cabeza y me obligué a mí mismo a descartarlo: ``Le diré que no he podido y ya está´´.
   Así terminó ese día: Con Marta jugando en su cuarto con sus bragas al aire –para variar- y cenando fritos sobre la cama.


Capítulo 2: ¡Imparable y suertudo! Inmune a los rechazos.

<<<  Marc >>>  Punto 1: Las tareas de Brandon.

Intentaba no agarrar el móvil para evitar responder sus mensajes, aún así había ratos que no podía evitar abrir y ver que me enviaba vídeos y fotos guarras en referencia a María y Marta: ``Has visto esta MILF? Se parece a tu madre´´ ``Mira como esta guarrilla la chupa mirando a los ojos. Como me gustaría que tu hermana me hiciese eso mientras se la traga toda´´ ``¿Has hecho esas cosas que te dije?´´ Cascadas de notificaciones que me amargaban, haciendo sonar el móvil hasta que terminé eliminando la vibración.

Era consciente que no iba a poder evitarlo por siempre, cuando llegó el lunes era inevitable que me encontrase y tener que darle las bragas.
   Cuando acudí al instituto, las clases fueron igualmente aburridas. Seguía sin hacer amigos fuera del instituto y mis compañeros no mostraban interés en invitarme a quedar.
   A la hora del patio tenía pensado irme a la biblioteca, pero Brandon me estaba esperando a la salida de la puerta del aula y me llevándome a una zona alejada del patio donde nunca había estado y no había casi nadie.
   Cuando saqué las bragas de la mochila, las agarró de un zarpazo y se las llevó a la nariz como si fuese un perro de caza. Suspiró, satisfecho ``Será imbécil, si seguro que entre el detergente y el suavizante no huelen a nada´´ pensé sin llegar a decirlo en voz alta.
— Bragas de encaje… ¡A esta le debe ir la marcha! –No estaba de acuerdo, dado que continuamente la veía esconder sus atributos femeninos al elegir la ropa menos vistosa.


Continuó hablando sobre la ropa interior de las mujeres y como esta indicaban su verdadera personalidad. También me insistió sobre las fotos desnudas.
— No voy a arriesgarme a que me pillen. ¿Crees que es fácil abrir la puerta y arriesgarme a que me descubran con el móvil en la mano y ellas en la ducha?
— Que inocente eres. Finges que no sabías que estaban dentro y ya está.
— Con el móvil en la mano, no.
— Mira, eres un cagado. Ya lo haré yo.

Sonaba el timbre y todos los estudiantes del patio comenzaban a marchar hacia el interior del instituto. Brandon aprovechó para decirme que lo llevase esa misma tarde.
— ¿Qué? ¡No! ¡No voy a llevarte otra vez sin avisar! ¿Sabes la bronca que me echaron?
— Pues pídeles que pueda ir mañana. Quiero jugar a la PS4… Tú me entiendes –sin darme opción a negarme, se fue pitando con las bragas de mi madre sin saber que haría con ellas ni cuando me las devolvería.

Me sorprendió que mi madre me diese el visto bueno, argumentando que no está bien juzgar a las personas por su apariencia y le iba a dar una oportunidad –aunque en mi opinión el camello diese tanto asco por dentro como por fuera-, diciendo que tal vez estar en su casa con Marc le hiciese algún bien.
   Marta, por su parte, no pareció tener problema tampoco: ``Que venga. Te enseñaré como se planta cara a estos matones´´. Y así quedó la cosa.


<<<  Marc >>>  Punto 2: Suerte inmerecida.

De camino a mi casa desde el instituto, Brandon me explicaba como se tenía que seducir a las chicas. Aseguró que con esa actitud de perdedor, miedoso y falto de confianza no iba a llegar a ninguna parte con ellas. Que con ellas había que insistir hasta recibir un guantazo, un insulto, muchos nos o un sí.
— No todas son así.
— Habrá raritas y amargadas, pero la mayoría quieren sentir interés y les gusta provocar. Son todas unas calientapollas.
— María y Marta no son así –Lo dije pensando más en mi madrastra que en Marta.
— Ya te demostraré yo que es todo una mascara.

Quizá con Marta tuviese alguna posibilidad, ya que sexualmente era más despierta. Siempre la había visto exhibir ropa escasa y una actitud atrevida y mal interpretable. Mi madre, por el contrario, raramente la había visto con ropa que esterilizase su figura. Solía vestir ropa que escondían sus pechos o los disimulaban, pantalones o faldas que formaban cortinas alrededor de su culo y sus piernas… Eran todo lo contrario la una a la otra siendo madre e hija.
   No había ninguna posibilidad de que sintiesen el más mínimo interés en ese capullo: ``Además… Es un puto yonki de mierda. Todo el puto día fumando hierba o con sus trapicheos de vender y que le deben pasta. Si da asco a las dos. ¿Cómo espera conseguir nada? ´´ pensaba mientras dejábamos atrás los edificios de la ciudad para sumergirnos en las torres. Se notó el instante el cambio de la ruidosa ciudad al silencio de la urbanización; únicamente roto por el ladrido de algún perro.

Al entrar a casa, María surgió a su encuentro esta vez con un conjunto de ropa mucho más discreto, algo que pareció decepcionar a Brandon. A mí, en cambio, me atrajo la atención que la ropa que llevaba podría hacerle pasar un poco de calor.
   Mi madrastra, con el pelo apoyado totalmente suelto sobre su hombro derecho dejando su oreja izquierda al descubierto, se mantuvo distante saludándole sonriente, como si no quisiese acercarse. Pero Brandon volvió a tomar la iniciativa, recortó la distancia que los separaba y le plantó dos besos en las mejillas.
— Hola, María. Estás preciosa, lo que llevas te queda muy bien –la halagó sin disimular sus ganas de mirarle los dos bultos bajo el torso de la camisa. La aludida, incómoda, se echó a reír amablemente preguntándonos si queríamos algo para beber.
— Cualquier cosa que tú me quieras –insistió en tutearla, como si no hubiese una diferencia de veintipico años entre los dos.
— Que encantador –se limitó a contestar con una mueca, permaneciendo lo más educada posible-. Id subiendo, ahora lo subo a la habitación.
— No hace falta, mama…
— Sube –insistió cortante, algo impropio de ella, parecía que no lo quería ni en el comedor ni en la cocina.
— Vale, vamos Brandon.
— Me pregunto qué ropa interior llevará ahora –rio entre dientes el camello, echándole una última mirada antes de irnos al pasillo donde estaban las escaleras.
— Córtate un poco, tío.
Nah, mejor que tenga claro que estoy interesado en ella. Acabará cayendo.

Llegamos a la habitación y lo primero que hizo fue acribillarme a preguntas: ``¿A qué hora llega tu padre? ¿Y Marta? ¿Dónde está el cuarto de baño? ¿Cruje el manillar al abrir la puerta?
   Al preguntarme tan directamente todo eso, no pude evitar responderle a todo.
— ¿A quién quieres hacerle una foto? –pregunté con curiosidad, dudaba que ninguna de ellas se fuese a duchar con él en casa.
— A la primera que pille –respondió totalmente tranquilo.
— Oye, no vayas a ser tan descarado y dejar que te pillen.
— ¡Cierra la puta boca! ¿Me crees imbécil? Claro que no me van a pillar.

A las pocas horas Marta llegó totalmente sudada de su rutina diaria para salir a correr, no entró en la habitación –tal vez porque sabía que estaba él- y se metió directamente en la ducha. Cuando Brandon me preguntó quién se había metido en el baño y tras insistirme, no me quedó otra que decirle que seguramente era mi hermanastra que acababa de llegar.
— Me vas a ayudar –se me hizo un nudo en la garganta-. Tú vigilas las escaleras y yo hago la foto.

No me dejó alternativa, ambos salimos del cuarto yo siguiéndolo a él. Nunca se me olvidaría como, estando en mitad de las escaleras, escuchaba en el piso de abajo la televisión que veía mi madre estando sentada, mientras yo observaba como al final del pasillo desde las escaleras, frente a mi habitación, Brandon sacaba su móvil del bolsillo y apuntaba con él hacia la puerta del baño: Lo vi abrir la puerta, y quedarse totalmente concentrado enfocando la cámara hacia el interior hasta que cerró la puerta del baño entre risas, volviendo a mi cuarto.  
   Muerto de rabia por su éxito, me metí en mi propio cuarto viendo como reía se descojonaba mirando la pantalla rota de su móvil: >>

   << En el vídeo se podía apreciar a la adolescente dando la espalda a la puerta del baño, enjabonándose el cabello mientras exhibía para la cámara su culo perfecto. Cuando terminó de enjuagárselo, puso el culo en pompa para dejar que el agua se llevase toda la espuma de su pelo. La calidad de la imagen no llegaba a tanto, pero se podía entrever su vagina entre sus dos muslos y sus nalgas. Me sentí culpable en cierta manera porque quizá una parte de ella estaba tranquila al pensar que, estando conmigo, no corría peligro de que entrase al baño. Aunque fue su propio fallo no poner el pestillo cuando usualmente sí que lo hacía.

El ruido del secador nos avisaba de que la rubia de mi hermana había terminado de ducharse, eligiendo un pijama bastante discreto –para tratarse de ella- aún con el pelo humedecido. Estaba claro que no pretendía presumir de sus atributos mientras Brandon estuviese presente.
— Quita ese juego, Marc –esa petición venía a indicar que era ella la que iba a tener la sartén por el mango. Con una sonrisa socarrona, el camello se limitó a quedarse callado mientras yo me levantaba y hacía lo que mi hermanastra me había dicho.
— Quizás te tendrías que duchar tú, vaya pestazo vas dejando, niño –dijo Marta sin venir a cuento, tapándose la nariz.
— Si me duchas tú, yo encantado.
— Te duchas tú solito, que para eso tendrás pelitos en los huevos.
— Entonces no tengo porque ducharme aquí, ya lo haré cuando llegue a casa.
— Pero dúchate unas cuantas veces, eh. No creo que ese olor a hierba se te vaya a ir fácilmente.
— Es la buena vida, seguro que algún porrico te fumas de vez en cuando.
— No fumo.
— ¿Nada? Algún día te invitaré a uno y me dices si está bueno o no.
— Parece que no entiendes lo que es un no –Mi hermana giró su cabeza hacia él y el pelo voló por encima de su hombro-. Voy a tener que enseñártelo.
— O yo voy a tener que enseñarte a decir sí.
— Solo lo digo en ocasiones especiales, no para cualquier cosa. Si me pides permiso para morirte, pues sí, muérete.

Pareció que el camello, al callarse, la estaba dejando ganar. Se echó a reír como si todo aquello fuese muy divertido. Marta jugaba a Detroid: Become Human; Brandon no dejaba de mirarla pensativo. Como si estuviese tramando su siguiente movimiento.
— Te he visto varias veces en el insti.
— Sí, aunque parezca mentira, ya ibas a primero antes de que yo empezase.
— No sirvo para estudiar.
— No, tu eres más de trapichear y ser un malote.
— Me alegra ver que no hayas dejado de mirarme de reojo.
— Te miro de reojo porque siempre me llamaste la atención, para mal.
— Como si no me deseaseis las chicas como tú.
— Sí, alguna habrá caído en tus garras y luego se habrá arrepentido. Las chicas ``como yo´´ durante un tiempo nos van los malotes. Luego maduramos y se nos pasa.
— Si tú lo dices…
— Podrás engañar a una tía una vez, pero no dos.
— ¿Por eso siempre vuelven?

Si eso era una pelea, mi hermanastra ganaba por goleada. No se dejó un solo hueco y siempre remataba cada cosa que le decía Brandon, así fueron pasando las horas donde varias veces el coqueteó con ella mientras ella lo mandaba a la mierda.


<<<  Joan >>>  Punto 3: Sospecha desagradable.

— Gracias a dios que por fin llegas –suspiró María aliviada al verme entrar por la puerta.
— ¿Ha pasado algo? –``Sabía que permitir que volviera no era buena idea´´ pensé mientras el corazón empezaba a latirme muy rápido. Principalmente preocupado de que ese malcriado hubiese intentado algo con María.
— No, no ha pasado nada. Llegó la niña y han estado los tres jugando en el cuarto.
— ¿Seguro?
— No, Joan.  Lo que pasa es que me moría de ganas de ir a ducharme y no quería hacerlo sin ti por la casa.
— Que tontería. Podrías haberlo hecho.
— Prefería esperarte a ti –se limitó a contestarme. Le entendí en parte: Si ella ya de por sí era muy recatada a la hora de vestir, siempre mentalizada en ocultar sus curvas con otras personas y solo mostrarlas estando conmigo… Era normal que teniendo un niñato tan descarado por casa prefiriese evitar cualquier problema. Me di cuenta lo tapada que iba, el calor que tenía que estar pasando.
— Dúchate, te espero aquí. Cuando bajes veremos una película –le animé dándole un beso en los labios. Pocos minutos después ella ya había subido a ducharse al baño de nuestro cuarto. Ya me ducharía yo cuando ella terminase, pues prefería no ocupar el segundo baño por si los niños tenían que ir.

***

Unos veinte minutos después de estar sentado en el sofá, me levanté y fui al piso de arriba. Cuando iba por la mitad de las escaleras, vi como Brandon se dirigía a la habitación de mi hijo y, por su trayectoria, solo podía venir de tres direcciones: La habitación de mi hija a su izquierda, las escaleras o nuestra habitación, a su derecha.
— Brandon –chillé sin pensar, agravando el tono de voz para sonar más autoritario posible.
— Dime –dijo girándose como si le hubiese pillado con las manos en la masa.
— ¿De dónde vienes? –pregunté evidenciando mi desconfianza. Miré de soslayo sus bolsillos, pero no parecía haber nada fuera de lo normal. Agudicé el oído, María todavía se estaba duchando.
— Buscaba el baño, pero veo que no está por aquí.
— Es la puerta enfrente a la de Marc.
— Ah, ya me lo imaginaba.
— No me gusta que un invitado se pasee por nuestra casa solo. La próxima vez…
— ¿Debería ir cogidito de la mano de tu hijo para no perderme? Tranquilo, no se la soltaré mientras meo –fue tan descarado y desafiante que avancé un paso enfureciendo la mirada-. Tranquilo. Me ha hecho gracia como lo has dicho, quiero decir… solo iba al baño –replicó sonriendo, como si nunca hubiese roto un plato. Estaba evitando una discusión conmigo, pero no por miedo, eso estaba claro. Ese maldito mocoso no me tenía ningún temor.

Eso quedó confirmado cuando, dándome la espalda, se metió directamente en la habitación de Marc. Siquiera se molestó en disimular.
— Asco de niñato –murmuré en voz alta. Abrí la puerta de mi hijastra, y comprobé que todo estuviese en orden. Debido a que no entraba nunca no tenía ni idea, pero no pareció que hubiese nada revuelto.

Entré en nuestra habitación, no había nada fuera de sitio. Mirando mis cajones podía asegurar que no faltaba nada, y al mirar hacia la puerta del baño descubrí que estaba entreabierta. Por unos segundos me imaginé a ese bastardo espiando a mi mujer, y me entraron ganas de estrangularlo, de partirle algo en la cabeza.
   María se dio cuenta de que le miraba y sonrió pícaramente, invitándome con el dedo a pasar al interior.

<<<  Marc >>>  Punto 4: La contramedida de Marta.

Solo con ver entrar a Brandon en la habitación, supe que había tenido éxito. Desde el momento que escucharon el grifo y de que ese matón le preguntase por lo bajini si podría ser su madre duchándose, sabía que iba a intentarlo fuera lo que fuera. Entre el cuarto de sus padres y el mío estaba el cuarto de baño personal de ellos, y las tuberías del agua estaban entre la pared del baño y la mía, por lo que si se afinaba el oído se podía escuchar perfectamente cuando alguien se duchaba.
   Recé porque mi padre lo pillase espiándolo y allí se acabaría todo, pero no tuve la suerte de comprobarlo. A ese mamón todo parecía salirle bien… Se excusó con ir al baño y nos dejó a mi hermanastra y a mí solo, poniendo ella los ojos en blanco y comentando el asco que le daba mientras continuaba jugando.
— Sí que has tardado. Supongo que tiene que ser muy difícil encontrártela cuando quieres mear –le provocó chica rubia sentada en mi cama.
— ¿Pequeña? –preguntaba con una sonrisita de soberbia mientras se llevaba las manos a la cremallera-. Te voy a enseñar lo pequeña que la tengo.

Mi hermanastra se puso de pie en un bote y se encaró con él.
— Muéstrala y te saco a patadas.
— Pero si has empezado tú –se justificaba con una sonrisita burlona, aún sin retirar las manos de la cremallera.
— Oh, perdona. He herido tu orgullo de macho, debes tenerla enorme –La ironía fue dicha mientras ponía los ojos en blanco.
— Pues para mí es muy importante, estoy muy orgulloso de mi rabo.
— Lo que tú digas –se rindió incómoda. Dejó el mando sobre la mesa y se largó.
— ¿A dónde vas?
— Con papá y mamá. O a mi cuarto, yo que sé. Lejos de este anormal.

Cerró de un portazo, mientras Brandon sacaba con altanería su teléfono y ponía el video donde salía su madrastra, de frente, duchándose sin ver que la estaba grabando. La suerte de este bastardo era infinita: mi madrastra parecía tener jabón en el pelo y en los parpados por lo que los tenía cerrados, aún así su cuerpo era tan espectacular como se lo había imaginado.

   Tenía algunas estrías, unos quilitos de grasa, algunas varices que se notaban a pesar de la calidad del vídeo, pero por lo demás estaba perfecta y pasaría perfectamente por una chica de ocho años menos.

Brandon puro cara de asco, sin que yo entendiese por qué:
— Que ascazo tio. Está buenísima y todo lo que tú quieras… Pero mira ese matorral que tiene entre las piernas. Se lo tendrá que rasurar cuando me la folle.

Después se puso a jugar hasta las nueve y cuarto. Una vez más, un cuarto de hora más de lo que mi padre le había indicado el día anterior.
   Ni se despidió de Marta, aún así cuando bajamos al salón, le tendió la mano a mi padre y después dio dos besos a la madurita, que había cambiado su ropa formal por un pijama, aunque igualmente discreto. Sin decir nada, aprovechó para lanzarle una miradita de estas coquetas que hizo que mi padre enrojeciese de la rabia, aunque no dijo nada.

Mi hermanastra me informó de que el día siguiente traería a su casa a su novio que al parecer era un celoso empedernido y no alguien fácil de intimidar.
— ¿Pero no dijiste que no querías traerlo a casa?
— Si tú traes a un camello de mierda yo puedo traer a mi novio –rugió exasperada, claramente desahogándose por tener que soportar a Brandon-. Porque va a volver. ¿No?

Hice una mueca, no sabía que contestar. Brandon tenía demasiada suerte, y yo me empezaba a impacientar pues cada éxito con sus chanchullos en mi casa era una nueva decepción para mí.

<<<  Marc >>>  Punto 5: La madurita y el macarra.

El siguiente día que lo lleve a mi casa era miercoles; mi madrastra estaba avisada y tanto Marta como mi padre iban a estar fuera. Pareció que el incordio de mi acompañante tramaba algo, pero no me dijo que era.
— Buenas tardes, chicos –nos saludó María al entrar un poco más sonrientes que el martes. Llevaba un conjunto que no abrigaba tanto, pero que aún así mantenía su línea de ocultar sus curvas y atributos.
— Hola, María. Gracias por permitir que venga de nuevo.
— No hay de qué –contestó con educación, como si en el fondo no le quedase más remedio.
— Me encantaría que me adoptaseis, el mejor rato de mi día es cuando vengo a aquí, con una casa tal limpia y ordenada, con una familia tan… normal. Y verte a ti también ayuda.

Eso pareció enternecerla, aunque a mí me daban ganas de vomitar; pareció despertar su instinto maternal. Al menos con María parecía saber cómo dar en sus puntos débiles porque, con mi hermanastra, lo estaba haciendo de pena.
— Gracias, no sé qué decir –musitó, riendo en una mezcla entre halagada y nerviosa.
— Es broma, es broma –murmuró riéndose también-, solo quería decirte que todo esto es muy tranquilo y me encanta. Puedo parecer malo pero créeme que no lo soy.
— Anda ya, he de reconocer que pese a que tu apariencia no me dio buena impresión… No te estás portando mal. Bueno… ¿Qué queréis de beber?
— ¿Puede ser una cerveza?
— Los menores no podéis beber cerveza.
— Pero tengo dieciocho.
— ¿De verdad?
— ¿Te enseño mi DNI?
— Está bien, te creo. Al ir al instituto supuse que solo aparentabas la mayoría.
— Pues ya ves que no, soy legal en todos los sentidos –se echó a reír, dándome aún mas asco.

Subimos al cuarto, y Brandon esperó a que la madurita de la casa subiese la bandeja con los bocadillos y las bebidas –yo había pedido una cocacola-, entonces, tras entrar y dejarla sobre la mesa, se fue sonriendo tiernamente.
— Escúchame, no salgas de la habitación. Quiero hablar con tu madre a solas.
— ¿Qué vas a hacer? –dije temiéndome lo peor.
— Solo voy a hablar con ella, que te metes en todo. ¡Ostia! Ah, y enciende la PS4, tiene que parecer que estás jugando.

Acto seguido salió descalzo hacia el piso de abajo, de puntillas.

***

La curiosidad me pudo, seguí a Brandon por las escaleras –sin que este se diese cuenta-, y lo vi entrar en la cocina donde mi madre parecía que estaba fregando los platos. Me asomé ligeramente contra el marco de la puerta para ver lo que pasaba dentro.
   María pegó un bote al escuchar a Brandon acercarse por la espalda.
— ¿Te puedo ayudar en algo, María? –preguntó con voz de niño bueno. Ese día llevaba puesta una camisa de tirantes roja marcando sus músculos. Era un poco más alto que ella, y eso que la mujer medía cerca de ciento setenta y cinco centímetros.
— No, no hace falta. Q… ¿Qué haces aquí?
— Ahora le toca jugar a Marc –mintió con todo el descaro, pareció engañarla completamente-. Pensé que podría ayudarte en algo.
— No hace falta, cielo –estaba incómoda-. ¿Qué tal si vuelves a la habitación de Marc?
— Pero quería verte a ti.
— ¿Para qué?
— ¿Necesito un motivo? Eres guapísima y me encanta verte siempre que vengo –los colores se subieron sutilmente a las mejillas de María. Algo que no era fácil debido al color de su piel.
— No me digas esas cosas, me pones en una situación incómoda.
— ¿No te gusta que te diga que estás buena?
— Sí, claro. Pero eres el amigo de mi hijo, y tengo pareja.
— Eso quiere decir que si no tuvieses pareja y no fuese el amigo de tu hijo… ¿Podría decirte lo buena que estás?
— Eso quiere decir que si no tuviese pareja ni fueses el amigo de mi hijo, tendría otros muchos peros para que no me lo dijeses.
— ¿Cómo cuál?
— Lo mayor que soy, es inmoral. Tú tienes que ir detrás de las chicas de tu edad. Y por si fuera poco, sigo teniendo pareja, vas al instituto y eres el amigo de mi hijo –solo le faltó decir: ``Y no me interesas, canijo´´, pero es demasiado buena para eso-. No puedes entrar aquí y decirme esas cosas.
— Pero no deja de ser verdad, María.
— Trátame de usted, soy una señora mayor.
— No me lo pareces –insistió Brandon-. Así que seguiré tratándote como a cualquier chica de mi edad. ¿Cuánto llevas con Joan?
— Alrededor de un año.
— ¿Eres feliz con él?
— ¿A dónde quieres llegar, Brandon?
— A ningún sitio, solo preguntaba.
— Sí, soy feliz con él. Seguro que sabes que se mudó hace poco aquí, y por eso vive en mi casa y nos vamos a acabar casando.
— Que envidia le tengo a tu novio. Con una mujer tan guapa y tan joven… ¿Cuántos años tienes? ¿Treinta y cuatro? –se echó a reír. La aludida pareció tener suficiente y se puso seria.
—Brandon, no puedo dejar que sigas faltando a mi pareja. Si vuelves a decir algo por el estilo te echaré de casa sintiéndolo con todo mi corazón.
— Bueno, bueno. No quiero que me eches, así que no lo diré más –su sonrisa me indicaba que eso no era verdad. Con su mirada la miró de arriba abajo, y luego pareció aprobarla por el gesto que hizo con la cara.

Al ver que se iba a ir, empecé a retroceder y volver a mi cuarto, pero me pilló en las escaleras.
— ¿No te dije que me esperases en tu cuarto, subnormal? –susurró agarrándome por el cuello de la camisa.
— Me pudo la curiosidad –estaba satisfecho, era el primer rechazo directo por parte de mi madrastra.
— Anda, tira. Sube –me ordenó y me empujó, echando la vista atras atrás asegurándose de que María no había visto nada.

No tardaron en llegar Marta y su novio, Rubén. Tras presentarle a María su yerno en el piso de abajo, subieron arriba picando a la puerta y entrando.
— Este es Marc, mi hermanastro. Y Brandon, un conocido suyo. Ya te he hablado de él.

Mi cuñadastro, si es que eso existía, era un poco más alto que Brandon y se mostró cordial conmigo al saludar. Sin embargo, fue frio y cortante al saludar al camello. Al darse la vuelta, parecieron estarse empatados hasta que Rubén acabó retrocediendo.

La tarde me pareció irreal. El novio de Marta y Brandon empezaron a hablar cordialmente como si fuesen amigos de toda la vida. Se notaba que no se caían bien, pero que estaban manteniendo las formas mientras estuviesen en mi habitación.
   Rubén varias veces se picó con el camello debido a que este no se cortaba un pelo al mirar de manera sucia a mi hermanastra, también hizo comentarios con cierto recochineo para provocarle: ``Tu novia está buenísima, Rubén. Si no fuese tu novia me la follaba´´ y ahí es cuando era ella la que tenía que salir en defensa de su novio asegurando que nunca haría nada con él, incluso si no tenía novio.
   Marta contraatacó besándose con su pareja varias veces, dándole besos con lengua como si estuviesen totalmente solos. A pesar de todo, cada vez quedaba más claro que Rubén era el único que perdía allí >>
   << Si bien había llegado altivo y con seguridad en sí mismo, desafiante antes las provocaciones de Brandon y saltando cada vez que este decía algo. A medida que pasaba la tarde pareció entender que el matón no necesitaba levantarse y agredirle físicamente para asustarlo. Cada vez fue reaccionando menos a las provocaciones de Brandon, que en una ocasión le bastó mirarlo a los ojos para que Rubén se quedase callado y con la cabeza gacha.

La chica estaba claramente decepcionada, esperando más de su novio. Posiblemente estaba pensando que llevarlo había sido un error.
— Cuídala, Rubén. No te alejes mucho de ella que te la podrían robar –con tanto descaro que el chico se limitó a decir que eso no iba a pasar.
— Que pringaos tu padre y tu cuñado, parece que son ellas las que dominan la relación. A estas dos les hace falta un buen macho que las someta.

Justo en ese momento se escuchó un portazo en la puerta de casa: Mi padre había llegado.


<<<  Joan >>>  Punto 6: Mi hijastra y el macarra.


Había sido un día agotador. Tras saludar a María, la cual estaba en el sofá con su Tablet, me subí a duchar no sin antes saludar a mis hijos. Abrí la puerta de mi hijastra, pero la luz estaba apagada y no había nadie. Supuse que estaría en el cuarto de mi hijo, pero al abrir la puerta solo me encontré a ese niñato malcriado que últimamente se pasaba el día en mi casa y a Marc.
— Hola, hijo. Brandon.
— Hola Joan. ¿Qué tal el trabajo?
— Bien, cansado. Me voy a duchar –acto seguido fui a mi cuarto, me quité toda la ropa sucia y la puse en el cesto correspondiente. Luego la bajaría a la lavandería-. Me metí en la ducha y me relajé mientras el continuo chorro de agua.

***

Tardé un total de media hora, tomándome mi tiempo para desfogarme antes de salir del plato de la ducha, ponerme la ropa y secarme. Bajé directo a donde estaba María y la saludé con un beso en los labios mientras me estiraba apoyando la cabeza sobre sus piernas.
— Amor, nuestra hija ya ha llegado.
— Oh, voy a saludarla entonces.

Iba por la mitad de las escaleras en forma de ``v´´ cuando vi entrar a Brandon en la habitación de mi hija. Me alarmé completamente, corriendo hacia la puerta decidido a no consentir que se quedasen solos pero, justo cuando agarré el picaporte agudicé el oído:
— ¿¡Qué haces aquí!?
— Venir a verte.
— ¡Fuera de mi habitación!
— Venga va, solo quiero hablar contigo.
— Que no quiero, pesado. No tengo nada que hablar contigo.
— No pagues conmigo que tu novio sea un maricón.
— Pues lo prefiero mil veces más que a ti –esa declaración me extrañó muchísimo teniendo en cuenta que el un día Marta me confesó que ella estaba con él por interés.
— Eso es porque no has estado conmigo.
— Ni ganas, Brandon.
— No te hagas la santa. Seguro que te has hecho más de un dedillo pensando en mí.
— ¿Estás loco? Antes muerta.
— Aunque no lo reconozcas sé que te pongo loquita. El día que me des una oportunidad te haré gemir de placer. Quizá hasta te hago llamar a tu novio mientras te la meto.
— Eres un cerdo, sigue soñando. ¿Quieres irte de mi cuarto?
— Antes dame un beso –Escuché el ruido de un golpe dado con la mano abierta.
— ¿Quieres otra? –escuché decir a mi hijastra, me sentí orgulloso de ella.
— No sabía que te iba eso de pegar a la gente.
— Solo a ti –replicó orgullosa-. No sé cómo puedes ser tan creído: Eres feo, hueles a hierba, vistes feo y das asco.
— Y la tengo enorme. ¿Quieres verla?
— Que no quiero vértela, como si te mide un metro.
— Tanto no, pero puedo llenarte toda. Más que tu novio seguro.
— ¿Y si te dijese que mi novio la tiene enorme?
— Seguiría siendo un pringaillo. ¿Has visto cómo te miraba delante de él? Ni siquiera tuvo los huevos de plantarme cara. Seguro que podría haberme acercado a ti, besarte y no habría hecho nada.
— Él no es un bruto como tú.
— Puede que eso sea lo que te jode. A ti te gustaría que tu novio fuese un bruto como yo –se burló el macarra.
— No quiero nada que se parezca a ti.
— Algún día te tragaras esas palabras. Ahora vas de digna, pero ya caerás, ya.
— Sigue soñando. ¡Imbécil!
— Hay algo que me pone mucho, y es conseguir que las guarras como tú que me rechazan acaben chupando y callando.
— Solo una imbécil se liaría contigo, y yo no lo soy.
— Si estás con alguien como Rubén es porque aún no te han follado bien. Cuando te canses de él, búscame. No permitiré que nadie te mire de la manera en que yo te miro.

Se dijeron más cosas, pero me alejé de la puerta en cuando escuché pasos hacia ella, bajé rápidamente las escaleras y me quedé bajo el suelo de la planta superior. Brandon abrió la puerta y salió, dejándola abierta y volviendo a la habitación de mi hijo.
   En lugar de ir a la habitación de mi hija, volví con María al sofá y me quedé reflexionando sobre lo que acababa de oír.

***

Me había quedado dormido en las piernas de María, su sonrisa me derritió mientras acariciaba mi pelo. Estaba viendo una serie cuando nos quedamos mirándonos a los ojos, solo pude pensar en que quería besarla antes de escuchar pasos bajando las escaleras.
   Brandon se marchaba, no sin antes darme la mano y preguntarme:
— Joan. ¿Qué tengo que hacer para encontrar una mujer tan guapa como la tuya? Eres mí ídolo –acto seguido se inclinó hacía María y le dio dos besos, dándose el lujo de ponerle la mano sobre el hombro.

En tono de burla, antes de apartarse, echó una mirada sin disimular hacia los pechos no visibles de mi mujer; me tuve que morder la lengua.
— Tendría que tocarte la lotería, chaval. Vete ya, que es tarde –dije de malas maneras. ``Me da igual que sea menor, una más y le reviento la cara´´ dije preparándome para soltarle un puñetazo, poniéndome en pie.
— Sí, ya me voy –contestó el niñato con esa risa burlona, claramente sabía dónde estaba la línea y cuando debía retirarse.
— Déjalo, es solo un niño –me tranquilizó María con un inaudible susurro, acariciándome la mejilla.
— No me gusta que te trate de esa forma. Viene a nuestra casa y…
— ¿Qué vas a hacer? ¿Le vas a golpear? –dijo riéndose con ternura-. Tal vez se merezca un buen guantazo, la próxima vez ya se lo daré yo. Pero no te sulfures, no merece la pena.
— Encima va de gracioso –dije mientras mi hijo y el macarra salían por la puerta al porche-. Creía que no querías que estuviese aquí.
— Y no quiero, si no quieres que entre prohíbeselo –dijo encogiéndose de hombros.

No me gustó nada que mi pareja consintiese su estancia.
— No quiero que vuelva a venir a esta casa –gruñí sentándome en el sofá.
— Eso háblalo con tu hijo.
— La casa es tuya.
— Eres tú el que no quieres que vuelva, y esto no pasaría si el primer día lo hubieses echado de una vez –me reprochó, demostrándome que seguía resentida por eso.
— ¿Quieres que ese malcriado esté aquí? –exploté.
— No he dicho eso, Joan. Tú ves que me está tirando los tejos delante de ti, y que eso significa que no te respeta. ¿Pero crees que a mí me respeta más? Si le digo que no vuelva, acabará volviendo. Tenéis que decírselo tú y Marc.

Estaba claro que ninguno de los dos nos sentíamos capaces de decirle al muchacho que no pudiese entrar. Quizá, aunque no lo dijésemos, nos diese miedo de que con esa actitud nos rayase los coches, se vengase de alguna manera o algo peor: Tendría que buscar la manera de librarme de él.



Capítulo 3: Los frutos de lo sembrado

<<<  Marc >>>  Punto 1: Accidente en la ducha

El día siguiente Brandon no quiso ir a mi casa al enterarse de que mi madre trabajaba de tarde en el hospital. Sin embargo, al llegar el viernes, a la salida del instituto prácticamente me forzó a llevarle sin avisar. Suerte que, el día anterior, María me había preguntado si lo iba a traer por la tarde y le dije que no estaba seguro, que posiblemente sí.
   De camino a la zona donde vivía, iba fardando sobre los logros que había ido sumando con sus pequeñas victorias: Las grabaciones de madre e hija, como había puesto en su lugar al ``pardillo´´ de Rubén, como había tirado la caña a María frente a mi padre…
— Y eso no es nada… Vas a flipar –dijo entre risas, totalmente eufórico. Ya verás cómo dentro de poquísimo caen. Hoy voy a por tu madre.
— ¿Qué vas a hacer?
— Ya lo verás –dijo mientras reía. Parecía disfrutar dejándome con la curiosidad. Lo que tenía claro es que parecía mucho más seguro de sí mismo que de costumbre.

Llegamos a casa y María nos recibió con una camisa de tirante y un escotazo que tiraba para atrás. Aunque yo fui más disimulado, Brandon como fue normal no se cortó un pelo. Parecía que estaba limpiando.
— Marc, no os esperaba –me reprochó con una cara que intentaba parecer enfadada sin lograrlo. Al mismo tiempo, algo me decía que no la habíamos pillado tan de sorpresa… ¿Podría ser que esperase que viniese con Brandon? Me negaba a creerlo. Pero… ¿Cuántas veces la había visto con esa ropa? Ninguna, a excepción de cuando su padre estaba presente y nunca de manera tan descarada.
— María, siento abusar tanto de vosotros, pero en mi casa la caldera está estropeada y no funciona la ducha y… como Marc es mi único amigo, le pregunté si podría ducharme aquí. Os pagaré si hace falta.
— No digas tonterías, pagarme… Pero me estás poniendo en un compromiso. ¿Cómo voy a decirte que no? –respondió angustiada-. Bueno, está bien. Pero no gastes demasiada agua. No me gusta desperdiciarla. Quieres… ¿Quieres que te lave la ropa? Quiero decir –añadió como si se acabase de dar cuenta que podía sonar mal-, no serviría de nada si te duchas y luego te pones la ropa sucia.

Me quedé petrificado, incrédulo: Aquello no podía estar pasando.
— Sube al baño que está en frente al cuarto de Marc y espera allí. Cielo –se dirigía a mí:-, ¿Podrías coger su ropa cuando se la quite y traérmela a la lavandería?
— Vale –La respuesta salió de mi boca con voz queda.

Lo guie hasta el baño mientras el cabrón me restregaba tanto que le hubiese dejado ducharse allí como el escote con el que la habían pillado.
— ¿Has visto que tetazas? Ese escote se lo ha puesto para mí.
— Ella no sabía que íbamos a venir.
— Casi todos los días he venido, seguro que cruzó los dedos para que viniese y la pillase así.
— Estás enfermo –le increpé, aunque en mi cabeza hubiese llegado a la misma conclusión.
— Lo que tú digas. Venga, llévale mi ropa, putita –se la sacó con prisas, dejándola del revés. Su polla estaba morcillona bajo el calzoncillo, dejando claro que le había excitado su triunfo. Por último se quitó la ropa interior y la puso sobre el montón de prendas. El muy espabilado se había acordado de sacar todos los objetos de valor y dejarlos sobre la repisa del baño: El móvil, la cartera, el papel de liar, el tabaco y esa maldita gorra suya.

Agarré el montón de ropa –no me hizo ninguna gracia- y me encaminé hacia las escaleras pero antes me detuvo agarrándome hábilmente del codo.
— ¿Qué?
— Escucha, es muy importante. En un rato dile que suba a tu cuarto.
— ¿Para qué?
— ¿Qué te he dicho de hacer preguntas? Hazlo y ya está, mamón. Cuando pique tres veces a la puerta, vas y la haces subir a tu cuarto.
— ¿Y luego?
— Pues la echas de tu cuarto –y sin más explicaciones cerró la puerta.

***

Estaba entretenido leyendo una noticia en una red social cuando escuché tres toques en la puerta del baño. Salí de mi cuarto e hice lo que me había dicho.
   María estaba en el sofá, no se había cambiado la ropa lo que indicaba que en cierta manera su manera de vestir había sido intencional. ¿O tal vez no se había atrevido a subir al piso de arriba?
— Hola, cielo. ¿Ya ha terminado de ducharse?
— Creo que no.
— Puse la ropa de tu amigo en lavado rápido y ya se está secando.
— Vale. Mama… ¿Podrías subir a mi habitación? Quiero enseñarte algo.
— Claro, pero… ¿Dónde está Brandon?
— En el cuarto de baño.
— Vale, pues vamos.

La llevé hasta mi cuarto mientras me preguntaba que le quería enseñar; le expliqué que quería mostrarle unos vídeos graciosos en mi móvil. No pareció ocurrírsele que podía haber bajado con el móvil en lugar de hacerla subir, así que entró de buena gana y empezó a reírse con los vídeos más chorras de los que me acordé. Con su vista clavada en el móvil, observé de refilón como sus pechos botaban al reírse despreocupadamente.

— ¡Que gracioso! ¿Me lo podrías pasar por WhatsApp?
— No te tengo, mama.
— Pues sácalo y te doy mi número –su tono era amable y dulce. En un momento me dictó su número y me pidió en broma que le pusiese ``mama´´ como nombre de contacto-. Ale, ya no tienes excusa para no poder pasármelo. Vuelvo abajo, cuando tu amigo termine sacas la ropa de la secadora y se la subes. Yo creo que ya estará.

Justo en ese momento se abrió la puerta de la habitación y Brandon entró totalmente desnudo y con algunas gotas de humedad esparcidas por su cuerpo. Se estaba secando con la enorme toalla blanca el pelo y no ``se dio cuenta´´ de que María estaba dentro.
— Marc, ya me he terminado de duchar… ¡María! Perdona, no sabía que estabas aquí –mintió, sin mostrar pudor alguno. Era evidente que todo eso era intencional.

Miré de reojo a María que se había quedado con la boca abierta, intentando ni mirar a la entrepierna del abusón pero, varias veces, se le escapó la vista y clavó sus ojos azulados en el miembro morcillón y de color marrón oscuro.
   Fácilmente ese pollón podría haberse confundido con la polla de un negro, ya que por muy moreno que fuese Brandon, la piel de sus piernas y su ombligo eran blancos en comparación de su miembro. Tenía una potente mata de pelo que recordaba a la corona de pelo de un león y, tanto en longitud como grosor, era monstruosamente enorme. Era como poco el doble de gorda que la mía.
   Tenía una zonas de pelo también por el pecho y bajo el ombligo, sin ser demasiado abundante.
   Por fin mi madrastra, recobrando la compostura y poniéndose seria, apartó la vista unos segundos después, pidiéndole que se tapara.
— Perdona, María. Ya vuelvo al baño, solo vine a preguntarle a Marc si podía traerme mi ropa.
— Ha sido un accidente –concedió, impactada, poniéndose en pie y evitando mirarle-, no es culpa tuya. Marc, baja a buscar la ropa a la secadora –rodeó a Brandon y procurando no rozarle siquiera.

Seguí a la dueña de la casa, costándome seguirle el paso. Me pareció que quería marcharse lo más rápido posible de la planta de arriba. Agarré la ropa de la secadora, dándome igual que estuviese un poco húmeda: ``Que se joda´´ pensé muerto de rabia ya que había conseguido pillarme totalmente por sorpresa. Subiéndola toda a mi cuarto donde él esperaba con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¿Por qué estás tan enfadado? Ya te dije que iba a por tu madre. ¿Has visto la cara que se le ha puesto? –se burló antes de empezar a ponerse la ropa. Parecía un chico totalmente distinto y entonces entendí que no solía lavar su ropa pues siempre estaba más polvorienta y arrugada. La secadora la había estirado y quitado las arrugas, y sus colores eran mucho más intensos.

Brandon no bajó al piso de abajo ni pareció tener intención de hablar con María. Ella tampoco subió para nada. Me preguntó cuándo llegaría mi padre y yo le dije que no lo sabía ya que su horario era bastante flexible. Entonces me sorprendió cogiendo sus cosas y largándose, lo seguí hasta el piso de abajo y sin que mi madrastra me viese aceptó dos besos del macarra ese totalmente avergonzada.
   No era capaz de mirarle a los ojos y desviaba la mirada hacia los lados.
— Gracias por dejarme ducharme aquí, María. Me siento mucho mejor ahora.

Y se fue. Sin piropearla ni decirle nada sobre lo sucedido. María subió a mi habitación al rato, yo estaba jugando al ordenador intentando no pensar en lo que acababa de ocurrir. Me asustaba en cierta manera pensar que mi madrastra pudiese sentir el más mínimo interés por alguien que diese tanto asco como Brandon.
   Picó tres veces a la puerta:
— ¿Puedo pasar?
— Claro, mama. Pasa.
— Quería hablar sobre lo que pasó antes.
— No hace falta –me imaginé que había venido a asegurarme que no le contase nada a mi padre, y acerté.
— ¿Podrías evitar decirle a papa lo que acaba de pasar? Joan ya le ha cogido suficiente manía y me da miedo que en una ataque de celos le ataque -``Tal vez sería lo mejor que podría pasarle a esta casa´´ dije resentido, aún así hice el esfuerzo de poner la cara más cordial posible y fingir que no importaba.
— Mama, no te rayes, de verdad. Ha sido un accidente, aquí no ha pasado nada y papa no tiene por qué enterarse.

Me abrazó agradecida, dándome un beso en la frente y se marchó. ``Se podría liar una muy gorda si mi padre se entera de que le ha dejado ducharse aquí´´ sopesé mientras me debatía entre contárselo a mi padre o no.
   Si no llegué a hacerlo, fue porque no quería perjudicar la relación entre mi padre y mi madrastra, pero me sentí tentado al pensar que se le podría acabar el chollo y hacer que mi padre se tomase en serio no volver a permitirle entrar en la casa.

Brandon me abrió sobre las ocho de la tarde por WhatsApp:
   *Brandon: escuxame
   *Marc: ?
   *Brandon: ¿Mañana estara tu padre en tu ksa? (Cara sonrojada)
   *Marc: No tengo ni idea. Ya te dije que tiene un horario impredecible… Un jueves puede que trabaje y el siguiente puede que tenga fiesta.
   *Brandon: ¿Pero crees k mañana podría star?
   *Marc: ¿Por qué quieres saber?
   *Brandon: Pues xk sino esta le digas a tu madre algo, sino na.
   *Marc: Pues no lo sé.
   *Brandon: bno mira, da igual. Dile a tu madre k kieres invitarme a la piscinika. Tomar el sol, bañarse… ya tu save.
   *Marc: No creo que te vaya a dejar…
   *Brandon: ¿Te e preguntao lo k tu arias, pringao? (Caras enfadadas) K magas caso, joder!
   *Marc: Vale vale, se lo diré.
 
Me sentí atrapado, no quería decirle a María nada sobre invitarlo a la piscina. Si cada vez que Brandon había venido a casa yo había cruzado los dedos para que le saliese todo mal, me llevé una decepción todas y cada una de las veces.
   No quería arriesgarme a que pasase nada más, pero… ¿Qué podía hacer? Le tenía demasiado miedo a Brandon y una parte de mí se imaginó que en una pelea ganaría a mi padre sin problemas. Seguía pensando que María rechazaría a ese asqueroso abusón, pero cada vez sentía una angustia mayor al creer que podría suceder todo lo contrario.
   Ni el ordenador, ni jugar ni hablar con nadie por WhatsApp logró hacerme sentir mejor y por primera vez en mucho tiempo, avisé a María de que me iba y salí por la puerta a caminar escuchando música sin ningún destino concreto.


<<<  Marc >>>  Punto 2: Sexo con un jovencito.


Una hora paseando por ahí con los oídos embotados por unos auriculares que disparaban rock, metal y rap fue suficiente para relajarme y hacer que me olvidase de todo lo referente a la ‘’ladilla’’ y la piscina.
   Cuando volví a la casa, las luces del jardín estaban encendidas, pero no las del interior. Creí que no había nadie, por eso crucé el diminuto jardín y entré pero, justo cuando iba a cerrar la puerta, escuché a María hablando con alguien en la cocina. Me pareció tan sospechoso que cerré la puerta con sumo cuidado y anduve de puntillas hacia un lado del salón cerca de las escaleras de la cocina, alejado del sofá. Me incliné hacia la puerta de la cocina y agudicé el oído escuchando a otra mujer de voz adulta con mi madrastra. No parecía que hubiese nadie más.
— Siéntate, Marga.
— Deja que te ayude, querida.
— No, solo sígueme contando. ¿A dónde fuisteis? –La invitada de María salió por la puerta de la cocina y se sentó en el sofá, frente a la tele apagada. Su anfitriona salió poco después por esa misma puerta con una bandeja de pica pica, una cerveza y una coca cola. Tras dejarla sobre la mesita que estaba a los pies del sofá, se dejó caer al lado de su amiga y se centró en esta.
— Me llevó a una zona de discotecas llena de niños malcriados y niñas que vestían como putas. No me gustó nada ese ambiente, pero se lo había prometido. Ah, sí. ¿Hay alguien en casa? –preguntó en un inciso antes de continuar con su relato. Agarró un par de patatas fritas y se las llevó a la boca.
— No, Joan llegará hoy tarde y mi hija al parecer está con su novio. Y mi hijo está dándose una vuelta.
— ¿Seguro?
— Claro. ¿Por qué? –Claramente María percibió algo en el tono de su amiga.
— ¿Hay riesgo de que alguien nos escuche? –Le oí decir, afinando más el oído al sentir que bajaba el tono de voz. Vi a la novia de mi padre negar con la cabeza.
— No, nadie nos escuchará. ¿Pasó algo con tu Nora?
— Ay, calla –su tono de voz volvió a ser alto al creer que no había nadie más-. Tendrías que haber visto como bailan ahora. Mi hija no se cortó un pelo, empezó a menear el culo con otros chicos de su edad.
— ¿No le da vergüenza? –replicó María riendo inocentemente.
— Para nada, y no pareció importarle que la estuviese mirando. Me dijo que así bailan ahora.
— ¿Pero qué tipo de música es?

Aunque no vi que le enseñaba, observé a Marga agarrando su móvil y enseñándole un vídeo donde de fondo se escuchaba una canción de reggaetón.
— ¿Eso es bailar? –preguntó mi madrastra, acomodándose su flequillo moreno tras la oreja.
— Lo llaman perrear.
— Que literal –se sorprendió mi madre, divertida.
— Pues sí, reina. El caso es que me empezaron a llover chicos de su edad en la barra. En teoría todos eran mayores de edad, pero ya sabes… No lo parecían. Y me dijeron de todo. Que cuantos años tenía; que si no era demasiado mayor para ir a esos sitios. Alguno me dijo que estaba muy buena, y un enfermo me preguntó si quería ser su mama.
— Que cosas tienen estos niños –supe que estaba pensando en Brandon, quizá en lo baboso que había llegado a ser.
— Tras rechazarlos a todos, uno me convenció para sacarme a bailar. Era muy guapo, incluso si era jovencito no pude resistirme. Me agarró de la muñeca y me llevó hasta la pista, lejos de donde estaba mi hija… Dijo que quería verme perrear.
— ¿Y?
— Me puse a bailar con él. ¡Me sentí tan fuera de lugar! Estaba siguiéndole el juego a un veinteañero, quizá más pequeño. Le sacaba como unos veinte años, María. ¡Veinte!
— Y… ¿Hiciste ese baile?

— Ay, hija. No… -Marga hizo una mueca de asco-. No llegué a eso. Me limité a bailar con esa música como pude… Rigiton se llama, creo… Y el chico me aferró a él con sus brazos fuertes y jóvenes, y me empezó a manosear. Al principio bailamos pegados, pero me empezó a agarrar el culo, y luego sus manos subieron hasta mis pechos… Todo sin dejar de mirarme con esos ojos azules.
— ¡Marga! ¡Que estás casada!
— Perdí el control, nunca me habían tocado así. Manolo hace mucho que perdió ese interés… con esa intensidad… En mitad de la pista, entre tanta gente, con mi hija tan cerca… Me metió mano por encima del vestido. Y aunque yo me negaba, no hice nada para detenerlo. Le daba igual todo, y yo me sentía muy viva… Y entonces me toqueteó por debajo del vestido.
— No me lo creo.
— Créelo, María. Porque me dejé –hizo una pausa para beber cerveza, como si estuviese sedienta. Mi madrastra se llevó unos picapica naranjas a la boca, totalmente inmersa-. Y me llevó al baño.
— No me digas…
— Me metió en el de los hombres, me sentí muy mala. Desatada, ni siquiera sé como fui capaz de consentirlo. Quizá fue por haber bebido de más, pero aún me sigue encendiendo pensar lo que hice…
— ¿Qué hiciste, Marga?
— Tiraba de mí, recuerdo ver a chicos en el baño orinar, algunos me miraron, otros fumaban y les daba igual todo… Y me llevó hasta el último de los baños individuales. Recuerdo que oía a chicas gemir, era obvio que estaban teniendo sexo…
— ¡No! –Mi madrastra parecía tan escandalizada como atrapada en la historia, totalmente cautiva.
— … me subió la falda del vestido. Y empezó a azotarme el culo. Me agarró del pelo y me hizo agacharme para que… Ya te lo imaginas. Estaba completamente ida, solo pude mirar como se bajaba la cremallera y sin que estuviese tiesa del todo. Me agarró con ambas manos y me hizo hacerle sexo oral con la boca. Mientras la tenía en la boca, me dio un cachete en la cara y me ordenó que le mirase a los ojos… Y lo hice, me sentí muy sucia, María. Se la babeé toda, porque sabía que iba a metérmela. Me dijo que quería follarme la boca, me atraganté y cuando cerraba los ojos, me golpeaba para que los abriese… ``No dejes de mirarme´´ me decía. ``Mírame a los ojos mientras te la tragas toda. Quiero follarme tu boca como si fuese tu coño´´





















— ¿Y lo hizo? ¿Tuvisteis…?
— Me agarró del pelo, despeinándome por completo y me hizo ponerme en pie dándole la espalda. Apoyé las manos en la pared y las rodillas en el retrete…
— Con lo de sucio que debía estar…
— Me dio igual, solo podía pensar en que iba a ponerla dentro de mí: ``Ponte condón´´ le supliqué mientras notaba como me subía la falta y me bajaba las bragas hasta la mitad de las piernas y simplemente la noté entrar… Estaba demasiado mojada. Lo hizo sin preservativo, y me dio igual. Solo podía pensar en que ya la tenía dentro y se sentía demasiado rico. Me agarraba del pelo, me azotaba en el culo y se movía rápido y suave, o lento y potente clavándomela hasta el fondo. Se abría paso dentro de mí hasta que me vagina se amoldó a su pene. Noté como él estaba llegando al éxtasis, y eso terminó de sacarme de quicio. Me apoyé en la pared, con mis tetas fuera, agarré la cadena de la cisterna porque sentía que me caía, haciendo que se liberase el agua de la reserva. Aún así él continuo usándome para correrse y eso me hizo perderme del todo. Iba a tener un orgasmo enorme, al sentirlo tan excitado, gruñendo como un toro… Aunque le pedí que lo hiciera fuera, una parte de mí lo quería dentro.
— ¿¡Acabó dentro de ti!? –Marga asintió silenciosamente.
— Lo sentí acelerar dentro de mí, suspirándome al oído. Oírle gemir simplemente me volvió loca. Me olvidé de apartarlo y lo sentí clavármela hasta el fondo hasta temblar y quedarse parado mientras yo explotaba. Noté como una enorme cantidad salía y me mojaba los muslos. Y se fue, dejándome ahí… Aún saboreando el orgasmo.
— ¿Pasó algo más?
— No, me acicalé dentro de ese baño y salí lo más dignamente posible. Los chicos dentro del baño me decían cosas, pero yo continué caminando y me fui a la barra de nuevo.
— ¿Te tomaste la pastilla del día después?
— Claro que lo hice, boba. Pero… Necesitaba contárselo a alguien.
— ¿Tu niña lo sabe?
— Creo que sospecha algo, espero que no se entere… Me quiso invitar para tener esa experiencia juntas y acabé yéndome con un chico…
— Te llevó a la discoteca, tiene parte de culpa –dijo María indignada, acabándose su CocaCola.
— ¿Seguro que fue ella? Tal vez quería sentirme joven por una vez… Ese placer prohibido, con alguien tan joven… Esto no se lo digas a nadie, María. Nadie puede saberlo.
— Claro que no, Marga. Un error puede tenerlo cualquiera.
— No soy como tú, tan fiel. Tan digna…
— Tengo mis días.
— Alguna vez has… -Marga parecía querer echarse a llorar.
— No, no me ha pasado nunca. Pero me imagino que el alcohol y un ambiente así… Yo hay días que también me siento tan… libidinosa.
— ¿Y si tenía ETS? No sé qué haré con mi vida… ¿Por qué no podía ser como tú? Tan respetuosa con tu pareja…
— Solo has cometido un error, Marga –la consolaba mi madrastra aceptándola en sus brazos. Por fin su amiga se echó a llorar desconsolada y eso me chocó. Mientras explicaba lo sucedido en el baño, había parecido excitada y satisfecha… ¿Por qué lloraba y se mostraba arrepentida? No lo entendía.
— Iré al infierno por esto. ¿Cómo he podido caer tan bajo? Manolo y yo tenemos altos y bajos, pero siempre nos hemos dado cariño. No conocía esa parte de mí, me asusta…
— No digas nada más –la calló su amiga juntando sus cabellos oscuros a los de su amiga, rubia y de rizos elásticos.
— ¿Y si me ha contagiado algo? ¿Y si Manolo se entera? ¿Cómo haré para…?

Aproveché ese momento para entrar a la lavandería y salir de la casa por la puerta trasera, totalmente impactado por lo que acaba de oír. Di la vuelta a la casa y entré por la puerta principal, haciendo como si acabase de llegar.
   La amiga de mi madre se secó las lágrimas, mientras que ella me daba la bienvenida y me invitó a que subiese a mi habitación, como si tratase de darle intimidad a su acompañante. Sin acercarme a saludarla, subí por las escaleras y me metí en mi cuarto.
   Un mensaje de Brandon en el WhatsApp me obligó a bajar –cuando Marga ya se hubo ido-, y preguntarle a mi madrastra. Estaba viendo sentada en el sofá con la tele de fondo y mirando en su Tablet.
— Mama. ¿Puedo preguntarte algo?
— Claro, cielo. Dime –Se volteó hacia mí mirando sobre el respaldo del sofá.
— Brandon me dijo que le gustaría venir un día a bañarse a la piscina y a tomar el sol.
— No creo que a papa le vaya a hacer demasiada gracia.
— Ya.
— ¿No habéis pensado en ir a la piscina municipal? Tenéis que aprovechar ahora que aún hace buena temperatura.
— No le gusta la idea de ir a esa y como tenemos una en el jardín.
— Bueno… -se quedó pensativa por unos momentos-. A mí no me importa que venga y se bañe, la verdad –maldije para mis adentros: ``Esperaba que después de lo que pasó en mi habitación con ese cabronazo fueses la primera en cerrarle las puertas´´.
— Entonces le digo que venga mañana.
— No, mañana no. Que venga el lunes… Mañana quiero estar tranquilita en casa.
— Vale –me limité a decir-. Se lo diré.
— Marc –ya me había girado para ir hacia las escaleras-. ¿Qué es el rigiton?
— ¿Reggaeton? –le cuestioné, corrigiéndole.
— ¡Eso! Y… ¿Qué gracia le veis a eso?
— Pues… -me quedé pensativo. Supongo que la curiosidad le podía-. Ahora está muy de moda la promiscuidad, supongo. Por eso está tan de moda, porque es un baile muy sexualizado.
— He visto un vídeo de Youtube donde las chicas menean el trasero para los chicos. Eso cuando yo era joven era impensable –produjo una risita tímida.
— Pues no lo entiendo.
— ¿Crees que Marta hace eso cuando sale? –A su pregunta, podría haber contestado que la veía capaz, pero no lo hice.
— No lo creo. Marta me parece mucho más digna que esas chicas. Creo que no se respetan al comportarse así con cualquiera.
— ¿Tú crees? –parecía estar preocupada por su hija, no interesada en el tema. Tal vez la malinterprete, y eso me alivió-. Seguro, cielo. No me gustaría pensar que ella anda por ahí bailando… eso. ¿Quieres ver una peli?

Pensando que nunca hacía nada con ella, decidí acomodarme en el sofá. Eligió una película de miedo, y la vimos hasta que mi hermana entró por la puerta prácticamente llorando y directa hacia su habitación.
— ¡Cielo! ¿Qué ha pasado? –preguntó la madre de esta.
— He discutido con Rubén. Solo eso… No quiero hablar. Estaré en mi habitación –dijo antes de subir a la planta de arriba. No volví a verla en lo que quedaba de noche.

No me quedó otra que cenar con María a las diez y media de la noche. Ella subió a la habitación de la adolescente y hablar con ella; quizá también para ofrecerle algo para cenar. Me fui a mi cuarto y quedándome allí hasta que oí a mi padre llegar a las doce de la madrugada. Tal vez cenase fuera, o a lo mejor se recalentaría algo de la nevera. Pero no lo vi ni supe de él hasta el día siguiente.


<<<  Marc >>>  Punto 3: Medida paliativa

Mi padre había llegado a las doce de la noche, picoteando la comida fría que había sobrado de la cena entre María y yo. Marta no bajó a cenar ni se asomó por mi habitación, y mi padre tras ducharse se fue directo a la cama de matrimonio junto a su prometida.
   Estaba en mi habitación con todo apagado, tenía demasiadas cosas en la cabeza y solo quería dormirme: Lo que había pasado ese día en lo relacionado con la ducha, la conversación secreta entre mi madrastra y su amiga -¿Me lo había parecido o María había mostrado excesivo interés con ese relato?-, también sobre lo de que Brandon vendría el lunes a la piscina. ¿Por qué María había consentido eso? No podía entender en que pensaba María.

Estaba totalmente a oscuras, con todas esas cosas impidiéndome dormir. Entonces rememoré el relato de Marga, la amiga de mi madre. Me imaginé lo que contó, como bailó con un jovencito que bien podría ser yo. Nos imaginé a María y mí en mitad de la pista, ella algo bebida, yo metiendo mano por debajo de su vestido antes de llevarla al baño…
   Mi mano se deslizó por debajo de las sábanas hasta mi calzoncillo y busqué la dureza de mi miembro. Poco a poco iba creciendo y poniéndose a tono, aferré mis dedos en torno a cilindro de carne y empecé a menearlo suavemente.
   Me imaginé el baño lleno de chicos mirándonos, preguntándose que hacía entrando con una señora en el baño, pero a mí me daba igual. Metí a mi madrastra en el váter, levanté su falda y…

La puerta de mi habitación se abrió… ``¿Pero qué hora es? ¡Tendrían que estar todos dormidos!´´ maldije sacando la mano de mi calzoncillo y me tapé con la sabana. Dentro de la habitación no se veía nada, estaba todo negro, y la puerta abierta dejaba filtrar un hilo de luz que entraba desde el pasillo.
— Marc… ¿Estás despierto? –preguntó mi hermana con tono lastimero.
— Sí… -me limité a decir.
— ¿Puedo pasar?
— Sí… -contesté extrañado. Esperé que encendiese la luz, pero no lo hizo. Cerró la puerta y se acercó a mi cama. Entonces oí un ruido, parecido al que hacía la tela al rozar la piel. Escuché algo de poco peso caer al suelo, y entonces le sentí comenzar a gatear sobre mi cama. Me quedé a cuadros. ¿¡Qué estaba haciendo!?-. ¿¡Pero qué haces, Marta!?
— Shhh –siseó antes de contestar-. ¿Puedo dormir contigo?
— No estoy para que me jodas, Marta.
— Lo digo en serio… Déjame dormir contigo.

La noté en la oscuridad, sin poder verla, en algún lugar de mi cama. La escuchaba respirar, aunque no parecía estar llorando.
— Porfa… -suplicó.
— Llevo mucho aquí y nunca habías pedido venir a mi cuarto.
— Eso es porque nunca lo había necesitado.
— ¿Seguro que no me estás jodiendo?
— He discutido con Rubén. No quiero estar sola…

Recordé como uno de los primeros días tras llegar a la casa, ella me dijo que quizá algún día me utilizaba para una noche de calentón o algo por el estilo. Consideré improbable que se tratase de eso.
— ¿Duermo contigo, vale? –se movió otra vez, la sentí gatear hacía mí. Apartar la sábana que me cubría y estirarse a mi lado, cubriéndose con la misma, no me rozó ni me tocó separándonos unos centímetros de aire sobre el colchón.
— ¿Qué ha pasado? –pregunté con la curiosidad a flor de piel.
— He discutido con él.
— ¿Por qué?
— Por lo del martes. Al principio dijo que no le había afectado, pero era obvio que sí…
— Creía que Rubén no te importaba –tanteé, alguna vez en mi cuarto me había dicho que estaba con él por interés.
— Y así es… Pero le he cogido cariño. Tampoco es tan malo, y me duele haberle hecho daño.
— Pero si tú no has hecho nada.
— Lo traje a casa para no estar a solas con Brandon, quiero decir… Tenerlo a él. Y solo conseguí que ese cabrón lo dejase como a una mierda –su voz se agudizó, estaba empezando a llorar-. Ahora Rubén está paranoico. Cree que podría cruzarme con Brandon por casa y no se fía de mí.
— ¿Por qué? –no lo entendía.
— Porque le conté que Brandon entró en mi habitación el otro día, intenté ser sincera con él. Quería demostrarle que aunque él se acercase a mí yo no le toleraría nada –hablaba muy rápido, lamentándose.
— Parece que Brandon nos está jodiendo a todos –susurré, impotente.
— Como le odio –su voz se tornó violenta, sin dejar de llorar-. Me da mucho asco, Marc. No lo soporto. No solo es por lo de Rubén…
— ¿Entonces?
— El otro día… me toqué pensando en él –se le notaba arrepentida-. No es que me atraiga, pero siempre me gustaron así de malotes… Quiero decir, cuando tenía catorce y quince años, y hay algo de esa actitud que me parece atractiva. Aunque él me de tanto asco.
— Si te has masturbado pensando en él no te dará tanto asco –sentencié tajante, esa confesión me molestó muchísimo.
— No lo sé, estoy confusa. Brandon no me gusta, me da asco. No hay nada que me atraiga de él, pero por algún motivo lo hice.
— ¿Te gustó?
— No quiero hablar de eso.

Me recosté en la cama y medité sobre eso. Si Brandon tenía éxito con cualquiera de las dos… No sé lo que haría. No podía convivir con eso… El tipo de persona que más asco me daba, tuviese la más mínima posibilidad con ellas dos me hizo perder la esperanza en todo. ¿Por qué las mujeres no podían fijarse en alguien como yo o en Rubén? ¿Por qué optaban siempre por la peor decisión?
— ¿Y por qué has venido a mi cuarto? –pregunté de repente. Marta se quedó callada.
— No quería estar sola.
— ¿No era porque no podías dormir?
— También.
— ¿Y crees que aquí podrías hacerlo?
— Aja…


Pasamos un rato en silencio, ninguno de los dos se movió. Empecé a desear abrazarla por detrás, pero no lo hacía. Tenía miedo de que Marta me rechazase o se enfadase de alguna manera. Además, ella no hico ningún ademán de querer acercarse.
   Pasó un rato que se me hizo eterno, mi cabeza empezó a discutir consigo misma en un intento de decidir que debía hacer. Una parte de mí me aseguraba que debía dejarla en paz, que si hacía algo se enfadaría y no tendría arreglo. La otra parte me aseguró que ella estaba allí por eso. ¿No se había tocado pensando en Brandon? Quizá esa actitud suya era la que le había gustado a ella.
   Llegué a pensar que Marta estaba dormida, porque ni se movía ni hacía ningún tipo de ruido. Por la persiana entraba tan poca luz que solo podía vislumbrar débilmente la silueta de ella a mi lado: Estaba tumbada de lado, dándome la espalda. No pude ver nada más.

   Tomé una decisión, tras otra eternidad, deslicé la mano bajo la sábana y puse la mano sobre sus costillas, no obtuve respuesta. Me acerqué a ella más, acurrucándome junto a su espalda y entonces descubrí que estaba totalmente desnuda. No sentí ni su sujetador ni tela alguna en su muslo.
   No me atreví a abrir la boca, mi mano se quedó encima de su muslo mientras notaba mi calzoncillo empequeñecer, estrecharse… Mis dedos se movieron solos, recorriendo la desnudez de mi hermanastra desde fuera hasta adentro del muslo, y noté que estaba muy resbaladizo. >>


   << Debido a mi falta experiencia, solo pude suponer que estaba mojada. Nunca antes había tocado a una chica así, y se sintió increíblemente bien. Era lo más suave y liso que había tocado en mi vida. Mis dedos se acercaron a la zona que yo ansiaba más por tocar, olvidé si Marta podía enfadarse o tomárselo a mal. Recorrí la cara interna de sus muslos hasta que por fin sentí con mis dedos los labios vaginales de ella. No había respuesta por parte de la propietaria de esa vagina, parecía estar dormida.
   Aprovechando la falta de respuesta, me recreé en su zona más íntima: Acariciando con suavidad, explorando cada rincón, disfrutando de la suavidad y de cada textura hasta que finalmente metí la punta de ambos dedos centrales dentro de ella, al tiempo que sentía como su sexo escupía a presión unas gotas de ese líquido que parecía estar chorreando, haciendo que toda ella se estremeciese.
   Solo su mano se movió, sorprendiéndome tirando haciendo a un lado la tira del calzoncillo y dejándome bajo la sabana la erección desnuda contra su culo.
   No vi como pasaba, pero sus piernas se separaron, abriéndose dejándome tocarla más cómodamente.

No me creía a lo que estaba pasando. Marta me estaba dejando tocarle el coño y restregar mi polla contra sus nalgas. Por puro instinto me puse sobre ella, con mi pene totalmente tieso y bailando –dando botes- sobre su vagina empapada. Intenté besarla pero ella apartó la cara a pesar de que ya la empezaba a oír gemir. Parecía que no quería que la escuchase suspirando ni que la besase.
   Por un momento pensé que esa iba a ser mi primera vez, metiéndosela a mi hermana sin condón y si bien sabía que eso estaba mal, no había otra cosa que quisiese hacer. Por eso agarré mi dureza contra su humedad y busqué sin éxito la entrada, pero ella giró sobre si misma cerrándose de piernas, aferrándose a mí con precisión y empezando a masturbarme.
   Sentí su mano en mi pecho, invitándome a que me tumbase sobre la cama, el corazón me latía a mil. Quería tener sexo con mi hermanastra, no quería conformarse con eso. Intente lanzarme encima de ella, pero insistió y mantuvo tumbado, todo sin decir una sola palabra.
   La noté ponerse entre mis piernas, con sus tetas acariciando mis piernas mientras vibraban y botaban, meneando su mano alrededor de mi miembro, sintiendo de repente sus labios besar la punta de mi pene. No dejó de pajearme, rápido, sin perder ritmo con sus labios ni con su mano.
   En algún momento, noté como sus labios besándomela su abrían y Marta metió casi toda en su boca. Noté la calidez de su garganta, la presión de su boca en mi miembro y me encantó.

``Así que esto es una mamada…´´ gemí para mis adentros mientras intentaba no decir ni hacer nada que pudiese estropearlo. Noté a Marta succionando mi miembro, haciendo ruidos sucios con la boca, sentí su saliva empapar mi tripa, como ella me masturbaba sabiendo que estaba totalmente lubricada antes de tumbarse. La busqué en la oscuridad, allí estaba, abierta de piernas y tapándose con una mano su mojado chocho.
   Mi polla, salivada por ella, buscó sin encontrarla una entrada que estaba tapada por la mano de ella. Parecía no querer que la penetrara. Me lo compensó con una paja desde esa posición con su mano libre, pero solo quería ponerla dentro de ella, así que agarré la mano con la que se estaba tapando y la alejé, eso pareció gustarle y asustarle al mismo tiempo, que rápidamente soltó mi miembro con su mano restante y corrió a cubrirse justo antes de que hiciese lo mismo y agarrándola por la muñeca, aprisionase ambas manos sobre su cabeza.
   Debido a mi inexperiencia, creí que podría meterla desde esa posición, pero la punta de mi pene solo chocaba contra sitios húmedos que no tenían ninguna entrada.

Escuché a Marta reírse cordialmente como si le estuviese haciendo cosquillas, inmóvil, como si le hiciese gracia mis intentos y mi desesperación. Apoyé ombligo sobre el suyo, ambos húmedos, y mi polla quedó besada por sus labios íntimos. Estaba totalmente bajo mi control, y entonces recordé las lecciones de Brandon diciendo que ellas se tenían que sentir dominadas.
   Acerqué mi boca a la suya, a pesar de que la evitó, la sentí respirar fuertemente, cansada y excitada… Olí su cuello por primera vez, me volvió loco olerla; sentir a una mujer tapándome la cara con su pelo. Me la imaginé sonriendo, aunque no podía verla. Entonces concentrándome en no perder donde estaba su vagina, eché un poco el culo hacia atrás como si estuviese dibujando con mi pincel sobre su piel y cuando creí que llegué al punto, di una embestida contra ella.
— ¡Ahhh! –gimió ella al notar como le metía la mitad dentro de ella. Por fin tenía sexo, se sentía espectacular-. Ummm –hizo un sonido parecido a un ronroneo de satisfacción.
Aunque me habría gustado continuar, el simple hecho de estar dentro ya me hizo sentir a punto de explotar. Incluso si paraba, era inevitable, el más mínimo roce en su interior y sentirla tan mojada me hizo alcanzar fácilmente el punto sin retorno. Empecé a meterla y sacarla más frenéticamente, sin poder desear otra cosa que explotar ahí dentro.

— Me corro –fue lo único que alcancé a decir. Apartó su culo de mí y giró, apartándola de mí. Me quedé paralizado, disfrutando del orgasmo al tiempo que me lamentaba por no acabar dentro; me la agarró hábilmente, pajeándome y echándolo todo sobre su ombligo. Se escurrió entre mis brazos, se fue al borde de la cama, agarro su ropa (supuse que era lo que había oído caer al principio) y se levantó.
— No te vayas. ¡Marta! –tras unos pasos recorriendo a oscuras la habitación, abrió la puerta y se largó. Dejándome con el cuerpo satisfecho y relajado, con una parte de mí en medio de la oscuridad preocupado por lo rápido que me había corrido.


<<<  Joan >>>  Punto 4: Dudas indecentes

Estaba inquieto y no conseguía dormir. Había pasado desde las doce de la noche intentando conciliar el sueño, pero en ese momento eran las tres de la madrugada y me estaba amargando pensando que no iba a pegar ojo en toda la madrugada: ``Suerte que mañana me he dado el día libre´´ pensé al recordar lo agotador –mentalmente- pero beneficioso que había sido el día de hoy. El único cliente en el que me había centrado hoy casi en exclusiva me había hecho ganar una suma importante de comisiones.
   Me levanté, decidiendo que si no podía dormir iría a ver la tele o a picotear algo. No había comido lo suficiente y tenía hambre.
   Tampoco había tenido suerte con María, que estaba más fogosa de lo normal al esperarme en la cama con ganas de sexo. Sin embargo, mi mente y mi entrepierna no coincidieron y estuve desganado mientras recibía su cariño en forma de besos y juegos preliminares. Acabó rindiéndose, yo también. No pareció tomárselo a mal argumentando que no siempre iba a poder ser. Estaba plácidamente dormida con aquella blusa erótica que no lograba contener sus dos pezones, totalmente fuera de la prenda; subiendo y bajando al ritmo de su respiración.

Me puse una camisa y unos calzoncillos –estaba totalmente desnudo-, y salí silenciosamente de la habitación. No se escuchaba un solo ruido, y la claridad lunar entraba por las cristaleras repartidas por el segundo piso y la planta baja por lo que no hacía falta encender las luces.
   Tanto la habitación de mi hijastra como de Marc estaban cerradas, por lo que pude relajarme y saber que no iba a tener que cruzarme con nadie. Solo quería disfrutar un poco de la soledad y el silencio.

Así que bajé las escaleras, ya sin preocuparme tanto por el ruido. Me acerqué al sofá y tanteé buscando el mando a distancia, encendiendo la tele y pegándome un sobresalto cuando el volumen chirrió amenazando con despertar a toda la casa. Por suerte reaccioné a tiempo y encontré el silenciador casi inmediatamente.
   Con el televisor emitiendo una luz clara y el volumen a tono, marché a la cocina dirigiéndome a oscuras –guiado por la luz de la luna- hacia la nevera y agarrando el cartón de leche con gotas de humedad, listo para ser servido en un vaso.
   Fui a agarrarlo cuando la luz de la nevera alumbró a Marta, mordiendo un trozo de una galleta oscura mirándome fijamente haciendo que me sobresaltase del susto.
— ¿Qué haces levantada a estas horas?
— No puedo dormir –dijo sin sonreír y sin apartar la mirada.
— ¿Y tenías que estar con la luz apagada?
— Tú también vas por la casa con la luz apagada… -se justificó. Llevaba una camisa que le quedaba grande, y no vi su ropa interior, solo sus piernas desnudas.
— Prefiero la oscuridad… Tengo un poco de jaqueca –me serví la leche en silencio y guardé el cartón en la nevera una vez terminé, cerrándola y yendo al comedor. Marta me siguió hasta el comedor, imitándome cuando me senté en el sofá dejándose caer al otro extremo.
— ¿No te vas a la cama?
— Sigo sin tener sueño –me miraba a mí, no a la tele. La notaba cambiada-. ¿Te molesto?
— No, no me molestas –contesté observándola iluminada por la tenue luz de la televisión, a ratos clara, a ratos oscura.
— ¿Y cómo te ha ido hoy, papi?
— Me ha ido bien –bostecé antes de llevarme el vaso a los labios.
— ¿Me das un poquito? –tengo sed. También se lo llevó a los labios y bebió, sin quitarme los ojos de encima, quedándole como residuo un bigote lácteo sobre ellos. Se lo relamió justo cuando volvió la mirada para la tele.
— María me ha comentado que te has discutido con tu novio. ¿Estás bien? –saqué el tema porque fue lo único que ocurrió y quería distraerme de lo que acababa de ver. ¿Me lo parecía a mí o me estaba coqueteando?
— Sí, he discutido con él. Pero no hemos roto, por si te lo preguntas. Sigo teniendo novio.
— ¿Y por qué discutisteis, si se puede preguntar?
— No se lo dirás a mama. ¿verdad?
— Palabra –dije levantando la mano mientras dejaba el vaso de leche sobre la mesita.
— Brandon vino… ¿Fue el miércoles? Y yo vine con Rubén. Y bueno, el amigo de tu hijo me tiró la caña frente a mi chico y hubo un mal rollo.
— ¿Eso es todo? –pregunté, intentando ver si lograba sonsacarle algo sobre la conversación a solas en su habitación con ese niñato de los rulos en el pelo.
— Bueno… Poco después, cuando Rubén ya se había ido, Brandon entró en mi habitación y discutimos. No pasó nada, pero…
— ¿Te gusta Brandon? -``Me parece difícil de creer´´ pensaba mientras una sonrisa acudía a sus labios.
— Cero, nada. Me da asco y no le soporto.
— ¿Pero?
— No hay ningún pero, no me gusta.
— Pero te atrae –intenté adivinar, y acerté.
— Me disgusta todo de él, pero se comporta de esa manera tan… salvaje. Eso me gusta un poco. Lástima que lo eche todo a perder con lo feo que es. Y me da asco como se comporta, así que ahí no hay discusión.
— Así que te van los niños malos –dije sonriendo-. Sinceramente… Si tuvieses algo con Brandon creo que te desheredaría –eso le contagió la risa-. Es el único chico con el que ni tu madre ni yo toleraríamos que tuvieses algo.
— Ay, papi. Si supieses que en realidad no me gustan tan pequeños.
— ¿Qué? –creí entender lo que había tratado de decir. Un brillo de malicia destelló en su mirada.
— Eso… Pues que maduritos también tenéis vuestro punto.
— ¿Pero qué dices, Marta?
— ¿Acaso digo algo malo? –los dedos de los pies suyos y los míos se rozaban.
— Soy tu padrastro.
— ¿Y es algo malo que diga que los maduritos tenéis vuestro punto? No estoy coqueteando contigo ni nada por el estilo.
— Pero no está bien que lo digas de esa manera…
— Quizá es porque en el fondo te gustaría que lo hiciese. ¿No? –musitó antes de reírse cerrando los ojos, soltando una carcajada-. Estoy bromeando, papi.
— No me parece que lo estés haciendo.
— ¿No lo estoy haciendo? ¿Hmm? –sus ojos me insinuaban cosas, la posibilidad de algo. Algo dentro de mí me hizo querer saber hasta dónde estaba dispuesta a llegar pese a que, sí me arriesgaba a eso, daría a lugar a una situación de la que sería complicada salir.
— No me lo parece –repetí.
— Mama está durmiendo, y Marc también. ¿Qué te parece si hablamos sinceramente? –guardé silencio, ella no dio signos de pretender acercarse, aunque sí se abrió de piernas sin mostrar lo que había debajo de la camisa. Sentí un escalofrío al ocurrírseme la posibilidad de que no llevase bragas-. ¿Le dirías a mamá si te confesase que me has parecido siempre muy… interesante?
— Marta, no sigas por ahí –dije cortante.
— He visto como me has mirado muchas veces, aunque has sido lo suficientemente decente como para disimularlo. Y me has evitado bastante desde que te mudaste aquí.
— He estado ocupado.
— ¿Has estado ocupado? ¿O te daba miedo verme de esa forma?
— ¿De qué forma? –Ella no respondió, se mordió el labio con una sonrisa coqueta.
— La que duerme arriba conmigo es tu madre, Marta.
— Y amo que seáis felices juntos. No quiero meterme por medio, pero…
— ¿Pero qué? Amo a tu madre, Marta. No me pongas en una situación de la que no podremos salir.











Ella se echó a reír, poniéndose a cuatro patas sobre el asiento del sofá encarada hacía mí.
— ¿Entonces confiesas que me deseas?
— No, no lo hago.
— ¿No? ¿Me ves como a una niña pura e inocente?
— No –confesé.
— ¿Cómo me ves?
— Como una mujer.
— ¿Y te gusto? -``¿Por qué estaba respondiendo a esas preguntas?´´
— Me pareces… atractiva.
— Yo no veo nada malo en que me desees, papa –dijo gateando hacia mí. Una parte de mí quería que sucediese, me gustaba la madre… Pero demonios, también me volvía loco la hija.

Su mano aplastó mi muslo, su piel contra mi piel. Yo ya la tenía dura, con el corazón latiéndome a mil por hora. Su culo asomó al bajársele la camisa: no llevaba ropa interior.
— Marta… -ella me calló dejándome el dedo en los labios.
— ¿Si no me deseas porqué estás tan duro aquí abajo? –y su otra mano, palpó con sus dedos suavemente sobre mi camisa, descubriendo mi erección.
— Yo… Marta, yo… -reconocí avergonzado. No quería hacer nada con ella, aunque me sintiese tentado a hacerlo. Pero incluso si me apartaba de ella y me alejaba… ¿Cómo justificaría eso? Tenía que haberme levantado desde el primer momento.
— A esto mismo me refería… Deja que te muestre algo –agarró por la muñeca mi mano y la guió hasta su trasero, mis dedos tocaron con miedo, mientras los agarró y los guio a una zona húmeda muy cercana a donde estaría su vagina. Estaba empapada-. A mí también me atraes…

Entonces se acercó a mi oído, y me susurró:
— Esto que quede entre nosotros. Yo sé como te pongo –dijo refiriéndose a mi erección-, y tú sabes como me pones –refiriéndose a lo mojada que estaba.

Se apartó de mí, levantándose y colocándose bien la camisa.
— ¿Por qué has…?
— Casi te dejas, papa… Que malo eres con tu hijastra –se volvió a morder los labios-. Me lo había imaginado muchas veces, y no lo he podido evitar. Dejémoslo como un pequeño juego. ¿Vale? Como una especie de… despedida de soltero o algo así.
























Se fue a la cocina, dejándome solo en el comedor. La escuché revolviendo bolsas, comiendo con gula, parecía ansiosa. Después subió las escaleras y se marchó, no pude reflexionar hasta que se fue sobre lo que acababa de pasar.
   Antes de que se fuera le había querido reprochar que nunca podría volver a verla con los mismos ojos. Pero entonces entendí lo que ella había querido decir: Desde que me había mudado a esa casa nos habíamos visto de la misma manera, quizá por eso nos evitábamos.

No era algo común en mí, pero fui al baño de la segunda planta, el común, y en la oscuridad me masturbé echándole imaginación a lo que acababa de pasar. Fue mi manera de desahogarme, fue mi manera de seguir adelante…
  

<<<  Marc >>>  Punto 5: Polvo de ensueño

— ¿Has dormido bien? –me preguntó mi padre. Me había quedado distraído viendo a mi hermanastra devorar su cuenco de cereales.
— Sí, demasiado bien –fui capaz de decir. Los cuatro estábamos sentados en la mesa, cuando mi hermanastra de diecisiete años se levantó y llevó las cosas al fregadero, yéndose sin limpiarlas-. ¿Por qué tardaste tanto ayer, papa?
— Tuve que ir a una casa particular en Girona –su voz era aburrida, como si no quisiese hablar del tema-. Un cliente con bastante dinero quería un coche nuevo y exigió hablar conmigo.
— ¿Y le encasquetaste un coche?
— Sí, fue difícil pero lo conseguí. Le habían hablado bien de mí, aunque era un poco escéptico por desengaños con otras marcas. Conseguí meterle bastantes complementos extra al coche, así que los dos estamos contentos.
— ¿Cuánto costó el coche que le vendiste? –inquirió María mientras avanzaba una página a su periódico, llevándose su tostada a la boca y mordiéndola.
— Trescientos mil –dijo sin inmutarse, luego añadió-. Eso sin contar con todos los complementos que conseguí que comprase aparte. Con todas ellas el precio total del vehículo, más impuestos, sube a trescientos ochenta y seis mil, creo recordar.
— Que barbaridad… Estas personas sudan el dinero –se lamentó María antes de que Joan la reprendiese.
— ¿Para qué querríamos tanto? Con lo que ingresamos mira todo lo que nos podemos permitir.
— No digo nada –La madurita se encogió de hombros, pegando otro bocado a su tostada-. Pero no dejará de sorprenderme como pueden malgastar el dinero de esa manera.
— Eso no es nada, me ha asegurado que si queda satisfecho con mi recomendación, acudirá a mí para comprarle el coche a su hija… Dentro de poco su hija se examinará del práctico y Santiago quiere tener listo el coche para cuando a su hija le den el carnet provisional.
— Te sacarías una muy buena comisión…
— Demasiado buena. Por eso fui con mucho cuidado a la hora de recomendarle el vehículo, es el tipo de hombre que va comprando vehículos y va revendiendo los antiguos.

Mi mente desconectó, no me interesaba aquella conversación. Dejé los platos en el fregadero imitando a mi hermana y subí a su habitación. No piqué a la puerta, como algunas veces ella había hecho. Estaba estirada en la cama, escuchando música. Tenía su semblante indiferente, y tras mirarme volvió a dirigir su mirada a su móvil.
   Cerré la puerta tras de mí y me paseé por su habitación, algo que nunca había hecho desde que llegué.
— ¿Por qué te metiste ayer en mi cama? –creí que lo mejor era ser directo.
— ¿Me metí en tu cama? No lo recuerdo –no sonreía como siempre. Era más bien una mueca triste y desganada.
— Lo hiciste.
— ¿Y qué si lo hice? Pasó y ya está. No se va a repetir.
— ¿Por qué no? –no era la respuesta que yo quería.
— Porque no quiero… Mira, Marc –se quitó los auriculares y se sentó frente a mí-. Me caes muy bien, y me gustas como hermano pero lo de ayer fue…
— ¿Un calentón?
— No sé lo que fue. No quería estar sola, me agobié sola en mi cama y pensé que tú estabas en tu habitación y creí que quizá estarías jugando a algo. A esa hora sueles hacerlo. ¿No? –Me sorprendió que lo supiese-. Estabas dormido, y pensé en volverme a mi habitación… Pero no lo hice, me metí y solo pensé que me gustaría provocarte.
— Te desnudaste antes de meterte en la cama.
— Sí, quizá quise desde el principio. O tal vez solo quería fastidiarte un poco y ver como reaccionabas al enterarte que estaba sin ropa. Pero entonces me estiré y me gustó sentir que había alguien más, hablar contigo… y pensé que podría quedarme dormida allí. Me empezaste a tocar –continuó relatando, como si necesitase hablarlo. Como si ya le hubiese estado dando vueltas estando sola-, y tu mano me acarició… Y no quise parar. Eso es todo.
— A mí me encantó –``Quiero repetir´´ quise decir, pero no me salió.
— Pero no volverá a pasar.
— ¿Por Rubén?
— No, olvídate de ese idiota –se le humedecieron los ojos, pero se recuperó rápido-. Es solo que no creo que pueda funcionar.
— ¿No te gustó? –mi comentario le hizo poner los ojos en blanco.
— Vivimos en la misma casa, nuestros padres son novios… y no me gustas tanto, Marc.
— ¿Entonces por qué ayer me dejaste…?
— Porque estaba encendida, y simplemente dio la casualidad de que me apetecía.
— Entonces… Podría volver a pasar –dije sin darme por vencido. Quizá alguna noche se le antojase repetir. Marta se echó a reír con ternura, me tocó la cara.
— ¿Eres consciente de que no siento nada de eso? No quiero hacerte daño.
— Yo tampoco siento nada, pero me gustó demasiado. Ayer la perdí.
— Lo sé –se limitó a contestar, bajando la mirada-. Fue muy dulce.
— Estaré ahí cuando te entre otro calentón –propuse sin creer que ella fuese acceder, y tuve razón.
— No estoy segura de que pueda funcionar, Marc. A la larga te haría daño… No quiero que te pilles por mí y luego me esquives por los pasillos. Me gusta cuando juego en tu cuarto…
— No me pillaré.
— Esas cosas no las eliges tú –Parecía querer convencerme de que no era una buena decisión. Pensé que tal vez la que se acabaría enamorando podría ser ella, pero rápidamente descarté ese pensamiento.
— Pero podemos separar las cosas… por el día y el resto de noches, somos hermanos. Y esa noche que lo necesites, podemos…
— ¿Podemos qué? ¿Ser folla amigos? –se burló antes de ponerse seria, sin dejar de sonreír-. No te molestes, Marc… Pero tendrías que mejorar mucho para que esa propuesta fuese buena para mí. ¿Sabes lo poco que duraste ayer?
— Fue mi primera vez –traté de justificarme.
— Lo sé, Marc. Pero seamos realistas… Si tuviese un calentón me sale mucho más a cuenta hacerme un dedito antes que arriesgar lo que hay entre nosotros –al ver que le iba a insistir ella se puso los dedos entre los labios, interrumpiéndome antes de empezar-. Marc, no insistas. Aunque te moleste prefiero cortarlo por lo sano antes de que te enganches más…
— Vale –Me rendí en apariencia, creyendo que quizá alguna noche ella pudiese reconsiderarlo y repetir. Tampoco creí que ser un pesado fuese ayudar-. Marta… Sobre algo que dijiste a noche.
— Que.
— Eso de que te tocaste pensando en Brandon.
— Ah, eso…
— ¿Te gusta?
— No, y me sigue dando asco. Pero en su momento me dio morbo imaginar tener sexo con él, que abusase de mí. Simplemente tuve mi momento sado y se me antojó fantasear con eso. Fue más por su actitud, ni por él ni por su personalidad, te lo prometo.
— No me gustó eso…
— ¿Y por qué te tiene que gustar? –se echó a reír, antes de apoyarse sobre la almohada-. No es que me vaya a liar con él ni nada.
— Pero si te masturbaste…
— ¿Tú no te has pajeado pensando en alguna chica o mujer que te molestase? Pues es lo mismo. Fui algo masoca al tocarme pensando él, pero ya ves.
— Entonces… ¿No hay ninguna posibilidad de que tú con él…?
— No, ni la más mínima.
— ¿Seguro?
— Si por cualquier cosa tengo un calentón, no te preocupes; que sé que tengo un friki pajero en la habitación de al lado dispuesto a perforarme sin intereses.

Los dos nos echamos a reír, ya que ese comentario era la primera evidencia de que todo podía volver a ser como antes… Y así fue: En aquella tarde del viernes, Marta la pasó metida en mi habitación mientras mis padres salían fuera a dar una vuelta. Gracias a que nos quedamos solos, pude disfrutar una vez más a mi hermanastra en paños menores, acudiendo a mi habitación para jugar a los exclusivos de la consola japonesa.
   También vimos alguna película estirados en mi cama, y cada vez que me acercaba para abrazarla ella lograba disuadirme apartándome.
   Aquella noche del sábado, se despidió dándome un beso en la frente antes de irse a su habitación… Y no entró en la mía en toda la noche.

El domingo, por el contrario, María trabajaba en turno partido y se pasó todo el día fuera. Mientras que mi padre ese día se lo tomó libre como el día anterior, trabajando únicamente desde el comedor haciendo llamadas a posibles clientes. La enfermera también fue a trabajar el domingo en turno de tarde, usando parte de la mañana para descansar.
    Marta me sorprendió muchísimo, porque ella no solía quedarse los fines de semana en casa y según me había contado siempre lo pasaba con sus amigas pero, aquel en concreto, no tenía ningunas ganas de hacerlo. Por eso eligió quedarse en mi cuarto disfrutando de mi compañía tanto sábado como domingo, advirtiéndome de que el lunes tras acabar el instituto si que quedaría con sus amigas y tal vez con Rubén.
— ¿No vas a cortar con él? –le preguntaba extrañado. No consideraba que esa relación tuviese ningún futuro.
— No. Además… Me ha estado escribiendo y dice que me echa de menos. Así que…

Era irónico, me molestaba pensar que Marta pudiese tener algo con Brandon, pero por algún extraño motivo no me sentía celoso de Rubén. ¿Por qué sería?
   Ni las madrugadas del sábado ni el domingo acudió a mi habitación, y me sentí decepcionado. Una gran parte de mí realmente creía que ella volvería…

Entonces llegó el lunes: Fui de mala gana al instituto, durante el patio no me encontré con Brandon, pero Marta tampoco acudió a la biblioteca con sus amigas.
   No tardaría en descubrir porque mi madrastra propuso lo de la piscina fuese retrasado hasta el lunes…


<<<  Marc >>>  Punto 6: Tarde de verano.

Estuve en todas y cada una de las clases, y al mismo tiempo no estuve en ninguna de ellas. Las profesoras ya podían dar matemáticas, catalán o castellano; inglés o psicología… Daba igual, mi mente trabajaba inquieta intentando imaginar lo que pasaría aquella tarde en su casa.
   Ni mi hermanastra ni mi padre sabían que Brandon iba a venir a pasar la tarde en mi casa y a bañarse en la piscina. No tenía ni idea de que intenciones tenía ese incordio que tenía como ‘’amigo’’ si mi padre rondaba por la casa.
   Aborrecía la sola idea de tener que pasar la tarde tomando el sol y remojándome en esa diminuta piscina. Alguna vez lo había hecho, pero era un cuadrado tan pequeño que contaba más bien como charco ya que solo podían meterse cinco o seis personas sin que cupiese una sola más.

Las horas pasaron lentas y pesadas, más que de costumbre. Se me hizo difícil tomar apuntes y seguir el ritmo de la clase cuando a cada rato mi mente se dispersaba. Después de las seis horas, encontré a Brandon sonriente, con pantalones cagados y una camisa de tirantes sucia. Su mochila estaba polvorienta, y en ella seguramente guardaba el bañador y la toalla aunque no habría extrañado nada si aprovechase para bañarse en calzoncillos.
   Comenzamos a caminar hacia mi casa. Él me hablaba sobre como había vendido bastantes gramos de hierba y se había sacado una buena pasta. Cuando íbamos por la mitad del camino, sacó un porro a medio acabar y se lo encendió, fumando calmadamente mientras caminábamos y al tiempo que se le entrecerraban los ojos.
   Muchas veces quise preguntarle que tenía pensado aquel día para querer ir a mi casa y bañarse. ¿No le daba el más mínimo corte con el mal rollo que tenía con mi padre? ¿No se daba cuenta que mi madrastra evitaba todo contacto con él? Sin que me llegase a nacer hacer esas preguntas.

Llegamos frente a la verja y saqué las llaves para abrir la puerta de acceso. Hacía buen tiempo, con alguna nube aislada tapando el sol de vez en cuando.
   Cruzamos el diminuto jardín pasando por el lado de la piscina y las tumbonas, entrando al interior con María sentada en el sofá. Una vez más, con un top blanco de tirantes delgados, se mantuvo en el sofá sin acercarse a nosotros saludando desde allí.
— Hola, chicos. Llegáis temprano.
— Hey, María. ¿Y Joan? –dijo acercándose a ella y plantándole dos besos en las mejillas. Me di cuenta que aún le incomodaba, haciendo esa mueca típica suya cuando hacía algo forzada, aunque por primera vez le devolvió ambos besos en las mejillas.
— Hoy tenía que irse fuera a trabajar –contestó. No pude evitar quedármela mirando, recordando que el jueves por la noche me había dicho que era mejor dejarlo para ese lunes. ``¿Sabía que mi padre iba a ir fuera hoy?´´ pensaba mientras veía como Brandon se sentaba riendo con ella, satisfecho con la respuesta.
— ¿Y Marta?
— Ha salido con unas amigas suyas. Nada mas llegar, se fue.
— Vamos a tener la casa para nosotros entonces –pareció que su comentario iba con segundas, porque se quedaron unos instantes mirándose inténsamente a los ojos antes de que María se levantase dándole la espalda y se dirigiese a la cocina, también llevaba una falda corta qu el ondeaba en mitad de los muslos.
— Bueno, estaría bien que aprovecháseis para bañaros y tomar un poco el sol. ¿Qué tal si te cambias arriba? Porque has traido bañador. ¿No?
— No, no tengo bañador –su respuesta no me sorprendió.
— Bueno… Báñate en calzoncillos, no creo que pase nada.
— ¡Métete con nosotros, María! –exclamó Brandon una vez hubo obtenido el visto bueno.
— No, que dices…
— ¿Venga va, cuantos más seamos mejor? ¿Verdad, Marc? –se volvió hacia a mí y me amenazó con la mirada.
— Sí… -dije cortado, antes de espabilarme y fingir entusiasmo-. ¡Métete con nosotros!
— No lo sé…
— Venga va, no todos los días vengo a bañarme aquí.
— No, no creo que sea buena idea. Bañaros vosotros.
— Bueno, si te animas solo tienes que ponerte el bikini y venirte.
— No, ya lo haré otro día. Hoy no me apetece –se negó, aunque claramente estaba indecisa.

Brandon y yo subimos a mi habitación para dejar su mochila. Me cambié para ponerme el bañador sintiendo mucha vergüenza y dándole la espalda para que no viese el tamaño de mi polla, que era muy inferior a la suya.
   No es que yo la tuviese pequeña, sino que él la tenía demasiado grande y no quería que se burlase de eso.
   Se limitó a quitarse la camisa y los pantalones, quedando listo para bajar. Yo tardé un poco más, poniéndome un bañador que me llegaba hasta las rodillas.
   Tras coger nuestras toallas, bajamos la escaleras y salimos por la puerta principal hasta las hamacas, donde dejamos nuestras toallas. Ya estaba estirado cuando dijo que se había olvidado algo en la mochila y entró a buscarlo.
   Algo me olió mal, me levanté y me acerqué a la puerta principal para escuchar si hablaba algo con María… Y no me equivoqué.
— … Es que no tengo bikini.
— Pues bañate con sujetador, no creo que haya diferencia. Venga va, vente. Nadie va a decir nada. ¿No tienes calor? ¿No te apetece refrescarte un poco?
— No, mejor no.

No supe dónde estaban, pero si que había podido oir todo eso perfectamente. Entonces escuché pasos y a Brandon subir por las escaleras hasta el piso de arriba. Volví a la hamaca y, en menos de tres minutos desde que se fue, volvió trayendo en su mano el mechero, el tabaco, la hierba, el papel de liar y un trinchador. Se puso a fumar y pasamos así una hora, metiéndonos alguna vez para bañarnos por separado.

Entonces, sin previo avisó, María salió con un bikini blanco de dos piezas y una toalla sobre el brazo. Estirándolo sobre el cesped ya que solo había dos tumbonas.


Me quedé totalmente impresionado al ver lo bien que le quedaba ese bañador, como sus tetas estaban tan bien puestas sin parecer estar caidas. Llevaba puesta unas gafas de sol y su melena oscura caía por uno de sus hombros tapándole medio pecho.
— No soporto este calor, al final si que me voy a bañar un poco.
— ¿Ves? Ya te dije que no era tan mala idea –aseguró Brandon riendo entre dientes, sin disimular un poco como le escudriñaba cada parte de su cuerpo con la mirada.

Nada más dejar la toalla sobre el cesped, se hizo un moño y anduvo hacia la piscina, apoyándose por las escaleritas hasta remojarse entera, manteniendo la mayor parte de la cabeza fuera del agua sin esfuerzo debido a la escasa profundidad del recipiente. Se quedó allí sentada, con los brazos fuera, mientras su rostro tomaba el sol y ambos la mirábamos. Sus ojos estaban ocultos bajo las gafas de sol.

***

— Voy al baño –dije de repente, levantándome de mi toalla y dirigiéndome hacia la casa.
— Vale cielo –contestó mi madrastra desde la piscina, estirando todo el cuerpo a lo largo del líquido y chapoteando levemente con los pies. Nuestro invitado no dijo nada, permaneciendo boca arriba con las manos tras la cabeza (exhibiendo dos matas de pelos en sus axilas) y con el calzoncillo aún humedo.

Accedí al interior, bordeé el salón y me acerqué a la única ventana más próxima donde se estaban bañando. Me asomé ligeramente, sabiendo que no se percatarían de que estaba espiando. Quería comprobar que pasaría si no estaba delante.
— Pareces un pez, María –la aludida se echó a reir-. Vente aquí, mujer.
— ¿Tu crees? Ya salgo –se reincorporó y salió paso a paso del agua, con sus pechos chorreando  y algunas partes de su cuerpo brillantes por el reflejo del sol.
— ¿Os bañais mucho en esta piscina? –le preguntó el niñato de dieciocho años, sentándose en la butaca para mirarla de frente mientras ella se estiraba en mi toalla.
— No, la verdad es que no. Mi hija y yo la empezamos a depuramos cuando llegaron Joan y Marc; pero nosotras a penas la usabamos.
— Me bañaría cada día si tuviese una piscina así, incluso si es tan pequeña como esta.
— Supongo que cuando tienes algo durante demasiado tiempo no lo valoras.
— ¿Cómo puedes tener esta casa, María? Porque es tuya. ¿No?
— Me casé en un matrimonio concertado, y mi Juanjo, en paz descanse… Bueno, murió de un aneurisma cerebral… No se le detectó a tiempo.
— Y os quedásteis con la casa.

Sí, en resumidas cuentas fue así.
— Tenía que tener mucha pasta.
— Era de una familia adinerada, sí –concedió ella, antes de preseguir-. Me dejó una buena pensión que me permitió estudiar hasta acabar la carrera de enfermería.
Que suerte tienen que tener tus pacientes por tenerte como enfermera. Tal vez me ponga enfermo solo para que me cuides –eso la hizo reír.
— Estás muy salido. ¿No? Vale que seas así con chicas de tu edad, pero con una vieja como yo…
— No me gustan las viejas, pero tu estas demasiado buena para ser una madurita.
— No digas tonterías, cielo. Te saco por lo menos veinte años. 
— ¿Y qué?
— Que tendrían que gustarte las chicas de tu edad. Además… No he dicho nada porque hasta ahora me hacía gracia, pero eres muy desvergonzado.
— Soy así.
— Pues no deberías serlo… Eso nos incomoda mucho. ¿En que situación me pone tener a un adolescente así rondando por mi casa?
— ¿No te gusta?
— No –negó ella con decisión, mirándolo a traves de sus gafas de sol.
Juraría que te halagaba que me gustases.
— Claro que halaga, pero no es algo que quiera. Además… Tendrías que corregir esa actitud porque te traerá problemas.
— Me gustan los problemas –contestó él mirándole las tetas y sonriendo descaradamente.
— Estas muy necesitado, cielo. Tal vez necesites echarte una novia de tu edad y desfogarte con ella.
— Ya lo hago.
— Parece que no lo suficiente –se echó a reir.
— Nunca tengo suficiente. Y más cuando tengo un bombón cerca. ¿Has tenido sexo con alguien de mi edad alguna vez?
— No –respondía la MILF de pelo oscuro-, solo he estado con dos hombres… ¿Por qué te estoy contando esto?
— Será porque te gusta hablar de esto conmigo.
— Marc tenía razón, a los chicos de ahora os gusta demasiado la promiscuidad. ¿Eres mucho de salir de fiesta? –parecía estar intentando cambiar de tema.
— Sí, bastante.
— ¿Te gusta el reggaeton?
— Sí. ¿Te enseño a bailarlo? –eso provocó otra risa a mi madrastra, que se mordió el labio.
— No digas tonterías –hizo una pausa y quedaron en silencio, pareció que María se estaba rindiendo a la hora de llevar la discusión a un tema que no tuviese una temática sexual.
— Es divertido, solo tienes que menear el culito con la música de fondo.
— Un motivo más para irte con una chica de tu edad, a las viejas como yo esas cosas no nos van.
— María. Una pregunta…
— Dime.
— ¿Usas condón? –inquirió Brandon de repente, sonriendo pícaramente.
— Vaya preguntita. ¿Por qué?
— Siempre me he preguntado como se protegen las mujeres de tu edad.
— Generalmente nos ponemos el diu o usamos pastillas anticonceptivas.
— ¿Y tú las usas?
— No. ¿Podemos hablar de otro tema? Este me incomoda.
— No hay nadie más, quedará entre nosotros… ¿Usas condón entonces?
— Sí, uso preservativos.
— Pero el condón se puede romper –me imaginé que Brandon se imaginó haciéndoselo con condón y rompiéndolo, sin detener la follada. Me sorprendió sentir que seguir aquella conversación desde lejos estaba haciendo que yo sufriese una erección… Al igual que Brandon.

María parecer estar titubeante a la hora de decidir que responder, mientras que sus gafas de sol ocultaban la dirección de su mirada aunque, muy probablemente, estaba fija en el creciente bulto en los calzoncillos húmedos de Brandon.
— Si es de mala calidad y si va muy duro sí.
— ¿Se te ha roto alguno?
— No. ¿Por qué tanta pregunta sobre los preservativos?
— Me da curiosidad.
— Tú… -empezó a decir mi madrastra-. ¿Tú usas, verdad?
— No, no me gusta.
— Ay, estos niños. Cielo, no se trata de lo que te gusta o te deja de gustar, se trata de que hay que protegerse. ¿Qué harías si dejas a una chica embarazada?
— Que se tome la pildora del día después. ¿No?
— No funciona así.
— Pues a mí no me gusta el sexo con condón.
— Pobre de la muchacha que pilles.
— A ellas no les disgusta tanto –se volteó hacia ella. Con el enorme bulto amenazando con escaparse del calzoncillo.
— Ya… Me lo imagino. Pero tenéis que ser más responsables. Entre eso del reggaeton y el sexo sin condón…
— Es más divertido.
— Y más peligroso. ¿No les da vergüenza a las chicas de tu edad bailar de esa manera?
— Bueno… Ellas mueven el culo para provocar y otras se ponen escotazos y bikinis muy sexys –eso la dejó a cuadros, totalmente descolocada y sin saber como contestar. Volvió la cabeza hacia la puerta para asegurarse de que no yo no había vuelto todavía y se apresuró a responder.
— No tengo culpa de que solo pienses en eso, pervertido. Te he abierto las puertas de mi casa porque eres amigo de mi hijo, no hagas que me arrepienta.
— No son las únicas puertas que quiero que me abras.

Se echaron a reir al unisono, mientras ella le golpeaba suavemente con la llema de los dedos en su brazo.
— Vaya niño… -acto seguido se dio la vuelta quedando con los pechos aplastados contra la hamaca y con el culo en pompa. Como si estuviese dando la espalda a la conversación con Brandón.

Había escuchado suficiente, crucé el comedor y volví a la piscina. Ambos se quedaron callados, como si no hubiesen hablado en todo el rato.
— Mama, esa era mi toalla.
— Lo siento, cielo… -decía. Ambos nos la quedamos mirando, como sus dos enormes nalgas quedaban boca arriba con la tira del bañador metida entre ellas-. Túmbate en la mía. ¿Quieres?

Pasó un rato y pareció como mi presencia le incomodase, haciendo que María se levantase, despidiéndose de ambos y yendo al interior de la casa. Nos quedamos un rato más ahí tumbados.
— Oye, Marc. ¿Sabes que la semana que viene es mi fiesta de cumpleaños?
— ¿Y qué? –miedo me daba.
— Quiero que me invites a dormir en tu habitación.
— ¿Qué? –me quedé a cuadros. Mi padre no iba a consentirlo, y yo tampoco.
— No –me limité a responder. Sabiendo que me la jugaba negándome.
— ¿Qué no? –se puso en pie frente a mí y me pisó la barriga, mirando hacia atrás para asegurarse de que María no veía nada. Pegué un chillido de dolor y el siseó para callarme-. Quiero que mi invites a tu casa. Pídeselo a tu madre y vendré aquí a dormir.
— Mi padre no te va a dejar.
— Me la suda, tú díselo a tu madre. Dile que no tengo con quien celebrarlo y eres mi único amigo. Que sienta pena, ya verás como me acaban dejando.
— No.

Su rostro se enfureció, agachándose y agarrándome para estamparme de espaldas contra la toalla y el cesped. Prácticamente me estrangulo; mis dos manos se aferraron a su muñeca en un intento de quitármelo de encima.
— No me jodas, Marc. Hazlo o te reviento.

Me soltó el cuello, quizá porque decidió que se arriesgaba a que María lo pillase.
— ¿Te da cague que me las folle? Y tú diciendo que no podría –se echó a reir de nuevo, burlándose de mí mientras me miraba desde arriba-. La próxima vez ya te digo que la puta de tu madrastra cae. Me va a dar una buena fiesta de cumpleaños, y la vela se la voy a meter por el coño.
— Tu sueñas –fue lo único que logré decir mientras me acariciaba el cuello con los ojos llorosos.
— Entonces díselo y consigue que venga. Pero ya te digo que me voy a follar a esa perra una y otra vez en esta casa. La tengo loquita.

Quería resistirme, seguir diciéndole que no. Pero el miedo que le tenía sumado al reciente dolor que me hizo sentir logró extorsionarme bastante. Brandon se sentó en su hamaca, agarró un porro que se había hecho hacía rato y se lo empezó a fumar.
— Ya te dije que las tias son todas unas perras, aunque vayan de dignas. Me ha dicho algo del reggaeton. ¿Qué te apuestas a que logro hacer que me perree? –se echó a reir como si se acabase de contar un chiste a él mismo-. Suena de puta madre. Le enseñaré como se perrea en mi fiesta de cumpleaños. Esta putita solo quiere que le den caña. Te enseñaré a las malas que tienes que espabilarte, o te comportas como un macho de verdad o todos los tios como yo te robaremos a las mejores. Con las tías hay que ser decidido y enseñarles quien manda. Te apuesto lo que quieras a que si le dices que quieres invitarme por mi cumple te acabará diciendo que sí.

``Ni de coña´´ pensé para mis adentros, aún doliendome la nuez del cuello.
— ¿Y te crees que va a contradecir a mi padre si se niega?
— Me da que ella lo convencerá. En el fondo se muere por tenerme cerca. Díselo –dijo resoplando el humo blanquecino. Entonces se levantó y se metió para el interior de la casa. Agarró sus cosas, se vistió y bajó al jardín. Yo continuaba en la toalla, no quería ni verlo. Entonces añadió:-. Si no lo haces o me jodes el plan, te juro te arrepentirás. Más vale que me tengas como amigo a que te la tenga jurada. ¿Te enteras, subnormal? –apuró el porro en una última calada y lo tiró sobre la toalla de mi madrastra. Dirigiéndose a la verja y abriéndola para salir-. Avisame cuando se lo hayas dicho.

Si antes de conocer a Brandon veía a mi hermanastra y su madre como dos mujeres inalcanzables. Todo fue cambiando a medida que ese cabrón interfería en nuestra familia. Había pasado de ver a María como una mujer fiel y totalmente dedicada a mi padre, a verla como una mujer con su lado oscuro y una ferbiente necesidad de gustar a un adolescente que solo quería emputecerla.
   Mi hermana era más de lo mismo, y pese a que Brandon le daba un asco absoluto, había reconocido recientemente que había algo en su actitud que le había llamado la atención.

Ahora sí que consideraba posible que ese cabrón se follase como poco a mi madrastra. Me acordé en ese momento, justo despues de que se fuese dejándome solo sobre la toalla, de como hablaba sobre emputecerlas y humillarlas, sobre como le gustaba darles duro y corromperlas. Como hablaba sobre follar sin condón y embarazarlas, marcándolas con su semen. O como le gustaba que se humillasen ellas mismas mostrando lo perras que eran y lo mucho que le deseaban.
   Recordé lo atenta que estuvo María mientras su amiga Marga le relataba como había sido infiel en el baño de aquella discoteca, lo cautivada que había parecido estar. El interes repentino sobre ese ``perreo´´ del que había sabido desde hacía poco. Sus escotes y su bikini, parecían tener el único objetivo de exhibirse y provocar frente a Brandon.
   ¿Le seguía haciendo gracia sus reacciones? ¿O era algo más?

Entonces me pregunté: ¿Cómo pensaba hacer nada de eso Brandon si el siguiente fin de semana estaba su padre? ¿Acaso creía que podría levantarse en mitad de la noche y despertar a su madre como en una película porno sin que Joan se enterase? Pese a todo, seguía sin imaginarme a María siguiéndole el juego a ese camello.


Mi padre y yo, no tardaríamos demasiado tiempo en comprobar lo perras que podían ser María y su hija, como ese cabrón iba a robarnos a las dos y hacerlas suyas.
   No es que a ellas les gustase Brandon, les daba repelús. Pero ambas eran dos masoquistas perfectas necesitadas de un verdadero Macho.

Mi padre y yo, íbamos a ser testigos de como ese cabrón iba a corromper del todo a mi madre y a mi hermanastra, sin que pudiésemos hacer nada por impedirlo. ¿Por qué no podíamos? ¿O porque no íbamos a querer?



Fin del segundo relato de los tres en los que consistirá esta saga…





41 comentarios:

  1. Bueno, aquí vamos con el segundo. Veremos si para la semana que viene puedo comenzar, escribir y terminarlo antes del viernes. Intentaré hacer lo máximo posible para que esté lo antes posible, ya que el lunes a parte de trabajar comienzo a estudiar. Por suerte, hasta dentro de dos semanas no retomo el trabajo y por lo tanto tendré bastante horas libres. Varios temas que podríais criticar:
    * Falta de imagenes sobre los chicos-> no encuentro cosas que concuerden en mi cabeza. Y para poner algo que no encaje, prefiero no poner nada. Las fotos que pongo es porque creo que van a tono con el texto, y por eso las incluyo. Son solo un estímulo, no algo obligado. Ojala pudiese plasmar lo que tengo en mente en forma de imagenes... Pero o son muy dificiles de encontrar o no las encuentro.
    *Estoy satisfecho con lo que he escrito en este capítulo. Creo que es largo pero queda bastante conciso, dejando muchas dudas sobre lo que pasará en el tercer y último relato.
    *Di más protagonista a María y Joan. La pregunta es: ¿Las puertas que he abierto llevarán realmente a donde creéis?
    *He ido notando tras estos años que no soy capaz de poner un relato... ''irreal'', tengo que creérmelo para poder escribirlo. Quizá por eso le doy tantas vueltas. Aunque es mi idea que en el tercer y último relato sea más sucio, guarro, obsceno, ficticio... No tan elaborado y más al grano, vaya. Ya tenemos la historia: La presentación de los personajes y las circunstancias, ahora solo quedada dar respuesta a todo. A los que deseen un final ''realista'', por favor, no lo esperéis. Quiero ver arder a esta familia XD Corrupción total, algo que siempre he querido hacer pero por algun motivo nunca me he llegado a atrever del todo.

    Nada más que decir, he tardado pero creo que he dado un relato de calidad, pero si no os ha gustado, llenado o satisfecho (obviando que os hayais quedado con ganas de más), por favor, criticadme y opinad sobre lo que creais que es mejorable/modificable.

    Un abrazo a todos. Voy a descansar que creo que me lo he ganado. Hasta el lunes (que es cuando empezaré a escribir). Os voy leyendo.

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  2. Me encanto esta segunda parte, la escena de sexo entre marc y marta estuvo excelente y no me la esperaba para nada.
    Espero con ansias la ultima parte.
    saludos

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  3. Ya se junto bastante!"
    Como nos justa!
    Ahora SI, Lo leemos el fin de semana y opinamos al terminarlo.
    Saludos.
    Federico y Señora

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  4. Hola zorro...primero,que significa ETS?? Y segundo,hay partes que puede haber horrores de ortografía o gramática?? Un ejemplo: marc lo ve a brandon el lunes en la salida del colegio con los pantalones "CAGADOS"??? No sería "gastados" y también se refiere como en tercera persona cuando relata(hablo de marc)supuestamente,esos párrafos están en primera persona.
    A qué te referís con un relato "irreal"? Para mi es algo real que puede pasar en algún lado de este mundo que en una familia los hombres sean sumisos o cagones(así me refiero yo acá en argentina jeje) y vean que sus mujeres tanto madres,hermanas,esposas,novias,etc,etc....sean calientaspijas con un tercero en discordia. Bueno,a lo que voy,es que me parece que tiene un buen comienzo,nudo,desenlace y final a tus historias eróticas y es por eso que estoy al pendiente cuando publicás algo nuevo.
    Esta segunda parte no fue cansador en leerlo ni aburrido creo que fue lo justo y necesario. Pero creo que me corrijo en algo: le faltó más sexo entre marta y marc jajja..esa rubia lo dejo con más ganas a ese pobre pibe jajja. Y en la escena entre marta y Joan,pensé que pudo haber algo más rollo?? (Como dicen en España).
    No darás pistas por este último capítulo pero si te referís de "corrupción total",habrá fiesta negra entre esa dulce familia?? Jajaa nada gay jajaja por favo!!!jajjaja.
    Te leeré la semana que viene amigo zorro. Que tengas un buen lunes y suerte en tus estudios


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    1. ETS = Enfermedad de Transmisión Sexual

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    2. y este es un ejemplo de pantalones cagados


      https://m.cuantarazon.com/351018/pantalones-cagados

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  5. Simplemente excelente relato; pero esas relatos de marta muy buenos; nada mejor que una señorita cachondeo; pero que pasa con su madre Maria; esa milfs merece sacar su puta interna; y verla coger en orejas; que la dejen bañada en seme; y que su hijastro la use como una putada y la comparta como vi versión en fiestas o escenas de sexo; Hasta preñarla; saludos exitos

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  6. Buenas genio, que se puede acotar a semejante relato, simplemente excelente, saludos...

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  7. Sin alargarme mucho, responderé a ciertas cuestiones:
    *En ciertas partes, uso palabras que solo se usan en España (que yo sepa) y puede que no tengan sentido para los latino-americanos. Por ejemplo, pantalones cagados.
    *La escena de Marc y su hermanastra es intencional: Es un virgen, inexperto y que ni se habría imaginado poder catar a su hermana. No podía alargarlo porque (para mí) no habría sido creible.
    *Eso último me lleva al tercer punto, sobre lo real y lo irreal. Estos dos primeros relatos los he hecho de un modo que lo que pase pueda parecer creible, que pueda suceder en ''cualquier familia'' ya que para poder sumergirse en una historia primero hay que creérsela. Pero para el tercer relato quiero encontrar la manera de hacerlo mucho más guarro y no perder tanto tiempo en hacerlo realista. No daré más detalles sobre esto, pero quería advertir para que los puritanos del realismo no se hagan ilusiones innecesarias. No es que vaya a ser todo exagerado, pero me gustaría que fuese mucho más ''explosivo''.

    Ya veremos si os gusta el tercer relato. Aún queda mucha gente para manifestar su opinión sobre este segundo relato, yo intentaré hacer el mejor relato posible.

    PD: Sigo esperando criticas largas y exhaustivas. No os cortéis, criticad para bien o para mal todo lo que queráis.

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  8. Hola Zorro.
    Hacia tiempo que no me metía por aquí. Me alegra ver que has vuelto a las andadas. Este relato me recuerda a varios como los que has escrito ya. La formula es la misma, familia con una o mas mujeres fieles que se verán tentadas por un niñato o más. Si bien la formula creo que has conseguido darle más profundidad a los personajes. Por ejemplo, me parece mucho mas interesante Joan que el padre de DHEVH. También me gusta mucho la hija, no es una santa, tiene sus deseos y ademas no es un elemento pasivo, un mero cuerpo que deba ser poseído por el niñato sino que es seductora. Ademas, la relación que tiene con su hermanastro es muy interesante. En general creo que las interacciones que tienen los personajes están mas elaboradas que tus relatos anteriores.
    Para mi los puntos débiles del relato son la madre y Brandon. Les falta chicha en mi opinión, son muy genéricos. Espero que en la tercera parte puedas darles un poco mas de dimensión :)
    Para acabar te digo que me parecería tremendamente morboso si Marc acabase acabase abrazando las enseñanzas de Brandon y se follara con él a las dos zorritas. Seria una gran forma de cerrar el circulo de la relación de los dos chavales, pero eso es una humilde opinión jeje. Espero la tercera parte con ansias. Un saludo :)

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    1. Antes que nada: Agradecerte esta crítica tan larga y exhaustiva. Me ha encantado leerla.

      Sí, puede ser que Brandon y María les haya dado un enfoque más ''genérico''. De algún lado debía recortar o me habría quedado demasiado largo. Podría haber creado situaciones extra con Brandon fuera del instituto o la casa, pero quería quitar paja y eso no habría aportado nada a la historia. Quizá por eso, esos dos personajes me hayan quedado más planos a pesar de que he estado intentando presentarlos con sus propios intereses y personalidades. Fijaos que la personalidad de María NO está clara, parecía una cosa pero en realidad no está dejando claro como es realmente y eso es lo que tenía en mente.

      Quizá por eso fue una de las propuestas que más me atrajo, porque era mi tipo. La siguiente historia que escoja intentaré que sea fuera de mi zona de confort.

      -----

      Hay que tener en cuenta, que para hacer personajes profundos hay que dedicarles tiempo. Escenas de dialogo, escenas que expriman sus personalidades y sus actitudes, hacer que el lector los vaya conociendo... Al ser relatos eróticos tengo un límite, ya que tengo que encontrar el equilibrio entre hacer un buen relato y no alargarlo para no perder el interés de los posibles lectores. En mi opinión personal creo que estos han sido de los relatos más equilibrados, y este segundo en concreto me he divertido mucho escribiéndolo.

      ¡Muchisimas gracias por tu critica! La tendré en cuenta. Un abrazo y gracias por pasarte, espero que vuelvas ^^

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    2. Cierto, no es fácil construir personajes profundos y creíbles. A mi me ha pasado con algún relato que he escrito el darle mucha complejidad a uno o dos personajes y desentenderme completamente de los otros.
      En cuanto a lo del interés, por mi parte no lo perderías. Soy de los que piensan que el morbo, sobretodo en relatos de infidelidad, se cocina a fuego lento. Pero siempre va a haber gente prefiera las cosas ya. Solo tienes que ver como paginas como todorelatos están plagadas de relatos que se leen en menos de 5 min XD

      Gracias a ti por escribir, mientras sigas haciéndolo seguiré viniendo pues tienes un gran talento (los pecados capitales de una madre es de mis relatos favoritos).

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    3. En los pecados capitales de una madre me faltó motivación, pero tenía mucho potencial como historia.

      Por desgracia, si se alarga mucho un relato (aunque deba cocinarse a fuego lento) si se pierde el calor por meter demasiada paja es cuando la gente se desentiende del relato (y con motivo), federico me lo ha comentado en su opinión: hay partes que le aburren. Y eso que creo haber hecho estos dos relatos de una duración bastante concisa.
      De todo se va aprendiendo, y ya sé como sobrellevar la falta de inspiración hasta que me viene de vuelta. Gracias a vosotros/as por vuestro apoyo, de verdad!

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  9. Buenas,

    Muy bueno y como siempre agradecido al trabajo y a este relatos tan buenos. He de reconocer que estando acostumbrado a relatos como DHEVH, en este caso por el hecho de hacerlo mas real se ha perdido matices mas morbosos como el acercamiento en la piscina fue light ( quizas ella usase ropa interior tambien o un masaje con bronceador.. tipico supongo ) o la de marta con el padre mostrando algo mas.

    Como digo son simples propuestas que como dices quizas son mas literarias pero gustan ya que realmente no se sabe realmente si podria pasar.... esa es la esencia de la narrativa.

    Enhorabuena y animo para el tercero. Te siguimos...

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    1. Hola!

      Lo de la escena de la piscina, las dos escenas de marta en este segundo relato son simbólicas. No pretendía hacer nada intenso, pero lo consideraba esencial para conocerla mejor antes de que llegase el tercer relato.

      Inicialmente, la escena del relato surgió ''sola'' sin estar prevista, ya que eso me permitía unirla con el tercer y último relato haciendo creible el comportamiento de María. La corrupción moral es algo que se cuece a fuego lento, y no podía hacer una escena en la piscina más ''descarada'' por parte de María porque ella no esta corrompida, aún. Ella es fiel a su pareja, y ni piensa en ser infiel a Joan. Por eso se produce la escena de la piscina, porque para mí es el conflicto en su interior plasmado en una sola escena.

      Inicialmente metí más cosas en esa escena, pero las retiré pensando que iba demasiado lejos. En mi opinión personal, puede haberos dejado con ganas de más pero creo que es una escena ''redonda''.

      Muchisimas gracias por comentar, sois enormes. Y sobretodo gracias por tu crítica/opinión.

      Un abrazo.

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    2. Hola zorrete!
      Creo que en general el relato está muy bien, aunque creo que ha faltado algo sutil en cada escena entre Brandon y la madre. Creo que entre Brandon y Marta los flirteos de él han sido directos y están bien y te dejan todo el margen del mundo para la continuación, pero creo que en el caso de la madre ha faltado un detalle en cada escena, un roce en la nalga en la cocina, un roce en el pecho en alguna despedida o un toqueteo casual en la piscina, ese algo que haga que la madre esté luchando entre su fidelidad y su excitación, y creo que eso te dejaría bastante fácil (abierta) la continuación vayas por donde vayas.

      Fer33

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    3. ¡Gracias, Fer33. Mucho sin leerte!

      Pues sí, pero tampoco lo veía viable. Son actos ''sutiles'' y necesarios pero que no me encajaban del todo tan temprano en la historia. Con Marta, por ejemplo, si que me habría encajado y no se me ocurrió ponerlo pero con María estuve dudando sobre si hacer que le tocase el culo por accidente o algo similar y acabé decidiendo que no.

      Aún estoy a tiempo. ¡Un abrazo!

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  10. Buenas Zorro, buenisimo el relato, no esperaba menos, disfrutando de volver a leerlo.....
    Saludos

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  11. Mucho lirili y poco lerele, lo habitual en tus relatos

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  12. PRIMERA OPINIÓN.- Admirado Zorro, La Historia contiene un sin número de factores y detalles, que resultan imposible mencionarlos todos, así que mencionaremos solo los que a nosotros nos gustaron más.
    Y aclaramos que las opiniones pueden parecer contradictorias, pero… es porque se realizan como vamos leyendo la historia, y obvio nadie sabe cómo continuará.
    Empezamos:
    Cuando se propone un foro abierto para opinar, debe hacerse de forma sincera, es decir algo como lo que ocurre en mi matrimonio, jaja.
    Te cuento a continuación la controversia que ocasiono tu relato, cuando lo fuimos leyendo acá.
    YO.- NO me gusto, ya me aburrió, NO pasa nada! Mejor leemos otro, dije.
    ESPOSA.- Yo quiero saber
    YO.- Saber qué?
    ESPOSA.- Me gusta saber el entorno “bonito” de las protagonistas, para que al verlas CAER sea más rotunda su “Corrupción”.
    YO.- ha pues viéndolo así, es Interesante.
    P.D.- Y todavía, escuchar DOS horas de cómo cree…? Mi señora, son las idiosincrasias de las protagonistas, fue una tortura.
    (Pero es inevitable, ella disfruta mucho de tus personajes o será ¿SUS PERSONALIDADES…?)

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  13. SEGUNDO OPINIÓN.- El personaje que nos robó el corazón, sin duda fue Marta, Cuando ella entro a escena en su plan erótico, cambio la temperatura del relato. (Aplausos)
    Y que tenga SOLO diecisiete años, la hace todavía más encantadora, por su actitud de calientapollas, tan DESCARADA adolescente. (Es refrescante su iniciativa) El pasearse prácticamente desnuda frente a DOS casi desconocidos.
    ESPOSA.- Y solo las que hemos sido Bellas desde jóvenes, entendemos el poder y la ADICCIÓN, que nos provoca, generar que todos tengan, la verga parada POR UNA!”
    Nos encanta que quiera ver y saborear TODAS las vergas del mundo, la curiosidad y experimentación es muy natural, en la adolescencia (y divertida, jaja)
    Y sus diálogos son súper HOT!” ejemplo
    Con HERMANO:
    - Por eso pensé que te gustaría verme desnuda. ¿Quieres ver a tu hermanita desnuda?
    - ¿Te has pajeado pensando en mi madre o en mí?
    - No me burlo. Me parece divertido… A quien no le gusta sentirse deseada. ¿Estuvo rica la paja?
    - Alguna noche que tenga un calentón a lo mejor vengo a dormir a la cama de mi hermanito, para que me caliente.
    - Se la meto a mi hermana mientras todos duermen
    - Salió en dirección hacia la puerta, se contoneó en cada paso haciendo vibrar las carnes de su culo
    Con PADRE
    - La cama de mama es cómoda. Yo la he probado y va muy bien, Aunque el contexto de lo que acababa de decir no era nada lascivo. No pude evitar malinterpretarlo teniendo en cuenta la connotación que suponía tenerla en bragas y sin sujetador
    - hablando con su hija en paños menores.
    - ¿Te preocupa lo que piense mamá? No va a decir nada.
    - He visto como me has mirado muchas veces- Y me has evitado bastante desde que te mudaste aquí.
    - He estado ocupado.
    — ¿Has estado ocupado?
    - ¿O te daba miedo verme de esa forma?
    — ¿De qué forma?
    –Ella no respondió, se mordió el labio con una sonrisa coqueta, poniéndose a cuatro patas sobre el asiento del sofá encarada hacía mí.
    — ¿Entonces confiesas que me deseas?
    — No, no lo hago.
    — ¿No? ¿Me ves como a una niña pura e inocente?
    — No
    –confesé.
    — ¿Cómo me ves?
    — Como una mujer.
    — ¿Y te gusto?
    - ¿Por qué estaba respondiendo a esas preguntas?
    — Me pareces… atractiva.
    — Yo no veo nada malo en que me desees, papa

    -¿Si no me deseas porqué estás tan duro aquí abajo?
    Agarró por la muñeca mi mano y la guio hasta su trasero, mis dedos tocaron con miedo, mientras los agarró y los guio a una zona húmeda muy cercana a donde estaría su vagina. Estaba empapada
    -. A mí también me atraes…
    Entonces se acercó a mi oído, y me susurró:
    — Esto que quede entre nosotros. Yo sé cómo te pongo
    –Dijo refiriéndose a mi erección
    -, y tú sabes cómo me pones
    –refiriéndose a lo mojada que estaba
    IMAGINAR esas escenas fue una delicia (GRACIAS)

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  14. TERCERO OPINIÓN.- El personaje de María es distinto, pues ella da mucho morbo en combinación, porque su sola presencia, “sin proponérselo”, representa un elemento de HUMILLACIÓN hacia el marido, (Jeje, aunque parezca ilógico, así es) pues es a Joan en su posición de mando en la casa, la que se va debilitando en cada paso que da Brandon, (eso es ¡Delicioso!) disfrutamos cada una de sus pequeñas victorias, o como dice mi esposa cada uno de sus atropellos. (Abusos)
    El personaje de Joan, en nuestra opinión es “!El más complejo emocionalmente hablando” y el verdadero hilo conductor de la historia (Lo siento Marc) pues el futuro dominio de Brandon en la mujeres, es reciproco a la falta de respeto que le formula hacia él, como dice mi esposa ver como se impone frente a su Esposo y Padre, (sin duda las excita)
    “!Por favor te suplicamos MUCHAS más humillaciones a Joan!”
    - frente a cada uno de los elementos de esta familia.
    Deseamos que además de deshonrar a las mujeres, NO olvides dejar sin honor al marido (NO se malinterprete NO queremos escenas gay) simplemente dejarlo como un cornudo, que sienta el peso de las miradas, de su familia, de por vida.
    Que le pasen por arriba en su respeto y buen nombre.
    Que aprenda el placer de ver violadas a sus mujeres, por otro hombre.
    La escena donde el Joan oye la discusión de su hija y Brandon, dentro de su habitación fue sin duda, uno de los diálogos más morbosos, que él ha oído, (y los lectores también) carente de todo respeto hacia la mujer, (Marta) ejemplo leer este tipo de parlamentos:
    -¡Fuera de mi habitación!
    - olo quiero hablar contigo.
    — Que no quiero, pesado. No tengo nada que hablar contigo.
    — No pagues conmigo que tu novio sea un maricón.
    — Pues lo prefiero mil veces más que a ti
    - Eso es porque no has estado conmigo.
    - te haré gemir de placer. Quizá hasta te hago llamar a tu novio mientras te la meto.
    — Eres un cerdo, sigue soñando. ¿Quieres irte de mi cuarto?
    — Antes dame un beso
    -¿Has visto cómo te miraba delante de él?
    Ni siquiera tuvo los huevos de plantarme cara.
    Seguro que podría haberme acercado a ti, besarte y no habría hecho nada.
    — Él no es un bruto como tú.
    — Puede que eso sea lo que te jode.
    - A ti te gustaría que tu novio fuese un bruto como yo
    -No quiero nada que se parezca a ti.
    — Algún día te tragaras esas palabras. Ahora vas de digna, pero ya caerás, ya.
    — Sigue soñando. ¡Imbécil!
    — Hay algo que me pone mucho, y es conseguir que las guarras como tú que me rechazan acaben chupando y callando.
    Por esta escena, decimos que es complejo, ¡Pues el aun NO sabe! (Joan) que disfruta viendo como otro hombre pasa por encima de la voluntad de su mujeres.

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  15. CUARTA OPINIÓN.- Lo sentimos autor, de verdad NO deseamos ofenderte, NI mucho menos restar valor, pero escribir algo acerca de Marc, no nos nace, te pedimos una disculpa de corazón, pero es un personaje que tristemente Nos aburre un poquito.
    Necesario para la historia, sin duda, pero solo para poder leer las soberbias interpretaciones de los otros 4 personajes (Marta, María, Joan, Brandon)

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  16. QUINTA OPINIÓN.- Gracias a Dios! grito mi Esposo al leer la escena de los baños, en el antro, ¡Al fin sexo de verdad en esta historia!
    Esperemos escenas así de guarras, o más! Pero… con NUESTRAS PROTAGONISTAS, Ya Urge, me duelen los huevos de esperar.

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  17. SEXTA OPINIÓN.- Nuestra lista de deseos futuros para Zorro-Papa Noé, (ojala te animes pues creemos NO cambiaria tu historia, solo la herviría) esto en referencia a lo que Ya se ha escrito, en esta historia.
    Escena 1, (ya escrita por ti).
    - No me gusta que te trate de esa forma. Viene a nuestra casa y…
    — ¿Qué vas a hacer? ¿Le vas a golpear?
    –dijo riéndose con ternura
    - Tal vez se merezca un buen guantazo, la próxima vez ya se lo daré yo –dijo.
    No me gustó nada que mi pareja consintiese su estancia ¿Quieres que ese malcriado esté aquí?
    –exploté.
    — No he dicho eso, Joan. Tú ves que me está tirando los tejos delante de ti.
    - y que eso significa que no te respeta.
    - ¿Pero crees que a mí me respeta más?
    - Si le digo que no vuelva, acabará volviendo. Tenéis que decírselo tú y Marc.
    Estaba claro que ninguno de los dos nos sentíamos capaces de decirle al muchacho que no pudiese entrar. Quizá, aunque no lo dijésemos, nos diese miedo.
    Por favor autor cumple lo que prometes!” que la Madre defienda su propio honor, abofeteando a Brandon, pero a diferencia de con la hija, en esta ocasión Brandon, reaccione y de una paliza a la madre, este tipo de golpes, “!SI nos emocionarían!” (y mucho) y NO los que recibe el hijo.

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  18. SEPTIMA OPINIÓN.- Otra Escena 2, (ya escrita por ti).
    - Quieres… ¿Quieres que te lave la ropa? Quiero decir
    –añadió como si se acabase de dar cuenta que podía sonar mal
    Me quedé petrificado, incrédulo: Aquello no podía estar pasando.
    Ja, ja, que las traiga de sirvientas dentro de su propia casa, es una GENIALIDAD! (Aplausos) esperemos ver a nuestra queridísima Marta, es situaciones así, auto sometiéndose y tragándose sus palabras.

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  19. OCTAVA OPINION.- Otra Escena 3, (ya escrita por ti).
    - Es un baile muy sexualizado.
    — He visto un vídeo de Youtube donde las chicas menean el trasero para los chicos.
    - Eso cuando yo era joven era impensable
    –produjo una risita tímida.
    — Pues no lo entiendo.
    — ¿Crees que Marta hace eso cuando sale?
    –A su pregunta, podría haber contestado que la veía capaz, pero no lo hice.
    — No lo creo. Marta me parece mucho más digna que esas chicas. Creo que no se respetan al comportarse así con cualquiera.
    — ¿Tú crees?
    –parecía estar preocupada por su hija, no interesada en el tema.
    - Tal vez la malinterprete, y eso me alivió
    -. Seguro, cielo. No me gustaría pensar que ella anda por ahí bailando… eso.
    Pero autor, ¡NO solo la madre, que también la hija, Regatoneé, ambas merecen ese trato!

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  20. NOVENA OPINION.- Este último punto lo usaremos para agradarte una vez más, que compartas tus historias y tu apertura, ya que como veras tu relato en nuestra casa, causa discusiones, y solo podemos ponernos de acuerdo que a ambos nos fascinan, aunque por diferentes razones, creemos que eso, tiene que ver en como se ve y disfruta dependiendo del sexo. (Mujer u Hombre)
    Otra cosa que deseamos decirte, es que leemos mucho que te quieres auto limitar” con lo largo y el número de los capitulo, (¿solo 3?) esta serie da fácilmente para 5 relatos, largos” pues aún faltan muchos tópicos que disfrutar, nosotros leyendo a otros lectores, observamos que nadie se está quejando por lo largo de tus relatos, al contrario creo que a TODOS! Nos gustaría que ampliaras lo más posible estos magníficos personajes y sus aventuras.
    Todo esto te lo decimos pues NO queremos que termine la historia tan pronto, apenas va a empezar el sexo, y ya nos quieres “!Castrar Literalmente Hablando!” por favor apiádate de tus lectores.
    TÚ NOS PROMETISTE” al final del segundo capítulo:
    - (Mi padre y yo, no tardaríamos demasiado tiempo en comprobar lo perras que podían ser María y su hija, como ese cabrón iba a robarnos a las dos y hacerlas suyas.
    No es que a ellas les gustase Brandon, les daba repelús. Pero ambas eran dos masoquistas perfectas necesitadas de un verdadero Macho. Mi padre y yo, íbamos a ser testigos de cómo ese cabrón iba a corromper del todo a mi madre y a mi hermanastra, sin que pudiésemos hacer nada por impedirlo.)
    Y de NO recibir eso, dejaremos de escribir nuestras cartas de deseos, a San Zorro – Papa Noé!” (jaja, es broma jamás dejaríamos de leerte)
    Pero por favor NO te apresures, NI limites, en las escenas de sexo, Tú ya sabes que a nosotros nos agrada cuando abundas, exageras, dramatizas, y escribes hojas y hojas de las “!ESCENAS de SEXO!”. Podría parecer vulgar, pero como dijimos a nuestra edad, (ya 50) el erotismo es una alegría.
    Saludos desde México de Federico y Señora.
    P.D.- Espero no consideres exageramos nuestros comentarios, pero…? tus relatos ocasionan un estallido de emociones, deseamos que estos te demuestren nuestra admiración y te motiven para seguir realizando tus OBRAS DE ARTE LITERARIAS.

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    1. Muchas gracias, Federico y su señora. Les daré una respuesta a esto cuando vaya adelantado del segundo relato. ¡Un abrazo! ^^

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  21. DECIMA OPINION.-
    Yo no quiero hacer controversia, pero…?
    Ya dije que estamos seguros que nadie se enojaría, con que se ampliara a una cuarta parte esta historia?
    Tal vez un “Bonus” o Quizás un tres y MEDIO, o como dicen ahora los jóvenes un 3.5 (Jaja)
    Estas dos féminas, están “!Muy Necesitadas de Verga!”
    Por favor Autor ayúdalas.

    Ya sé que ya me había despedido, pero NO me aguanto las ganas de leer como están rellenas como pavo de Navidad. (Marta y María) Ahora sí, Adiós.

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  22. A tus relatos les suele faltar sexo, algo fundamental en los relatos eróticos y el motivo principal por el cual se leen, me queda la esperanza de que madre e hija sean folladas por todos los agujeros en el último relato y los cornudos humillados por no saber cuidar de sus hembras.

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    1. ¿Qué en mis relatos suele faltar sexo? Leete:
      * El masaje a las 3 diosas, parte 2. Tiene sexo.
      * Oasis desertico. Tiene sexo.
      * Ana y los siete, tanto la parte 1 como la 2 tiene sexo.
      * Dos hembras en villamacho, la mitad de la saga tiene sexo.
      * La hermana mayor que todos compartimos, tiene sexo.
      * La ingenua primeriza acechada en el gimnasio, tiene sexo.
      * Tres son multitud, cuatro... 2 relatos, tienen sexo ambos.

      La verdad, no sé que entendéis por ''sexo'' si decís que en mis relatos no hay. Malinterpretais que haya relatos que no los haya terminado, pero por regla general mis relatos: alargan el momento, presentando a los personajes y el escenario hasta que llega el sexo.

      Siempre ha sido así en mis relatos, ejemplo: La puta musulmana. ¿Por que no hay sexo? Porque no lo continué.

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      Respeto esta crítica, pero no estoy de acuerdo con ella.

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  23. Excelente relato, quisiera saber si aún estas trabajando en la tercera parte, me ha encantado la historia.

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  24. Me encantø el relato... Espero pronto leer la continuación... Te leo desde argentina y me siento muy identificada con marta

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  25. Estimado Zorro, acabo de terminar de leer tus dos magníficos relatos, muy buenos y con desarrollo adecuado.
    Entiendo que cuando se plantea el proyecto de un relato y decidir la trama, los personajes, la cantidad de capítulos, las situaciones por capítulo, etc., no es nada sencillo y menos aún cuando el artista hace el desarrollo del relato.
    En éste caso tres capítulos nos saben a nada porque esperamos ver cómo María se va entregando a su deseo, se entrega a la sensación de saberse deseada por un joven que descaradamente se muestra para que ella lo vea, el cual le pide que se suelte y se debe llevar. Por supuesto, esto necesita un desarrollo lento, porque María no se entregará a la primera aún cuando tenga todas las ventajas -al menos eso es lo que la trama nos a mostrado-; además, Brandon no va a realizar un spring para subir por única vez a la montaña si lo que desea es ascender cada vez que él lo desee. Claro, Brandon sólo siente placer al tener un voyeur cerca ya sea Marc y, tal vez, Joan en el siguiente capítulo.
    Joan no sabe si dejarse llevar por el deseo de poseer a Marta -que puede ser un elemento explosivo por el temperamento de la adolescente caliente-; o, mantener sólo la relación con María. Claro que el morbo de saber si Marta se deja llevar por el deseo ante Brandon puede excitarlo -un nuevo placer ante el voyeurismo-. No sabe como manejar lo del descaro de Brandon para conquistar a María, y eso puede también llevarlo a experimentar el placer de ser un cornudo mirón.
    Marc tiene mucho que experimentar y tal vez un rico chantaje a María -después del placer voyeur de verle sometida a su propio placer sexual ante Brandon-, pueda hacer que su nueva Mami le enseñe a como dar el máximo placer a una mujer, lo que con lleve a someter a Marta para su propio disfrute.
    Marta es una calienta pollas de primera, así que someter a los hombres a su alrededor es su forma de buscar su propio placer. Ya veremos cómo deslechar a Brandon, Joan y Marc.
    No me quejo de los relatos, sí he visto que hay momentos llanos, y entiendo que el nuevo capítulo no podrá tener todo lo que deseamos aún cuando lo puedas extender todo lo que creas posible.
    Sé que tomarás el tiempo que creas necesario para poder desarrollar éste relato hasta donde lo creas conveniente. Esperaremos.

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  26. Saludos, me gustaria saber cuando terminas esta historia ya que comenzaste otra y dejaste esta a medias

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    1. Saludos.

      Acabo la saga de los ocupas < capitulo final de bienvenido a la familia.

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    2. Gracias por responder tan pronto, espero la continuacion con ansias.

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