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viernes, 22 de septiembre de 2017

Dos hembras en Villamacho 2.II

2.0: Prologo.Cinco adolescentes que hacían bullying a dos hermanos, consiguen acceder a su casa con la excusa de recibir clases de repaso realizadas por Olivia, la hermana mayor.
   Fingiendo ser educados y simpáticos, se van ganando la confianza de la veinteañera aspirando a convertirla en su esclava sexual.

El hermano mediano, Pedro, observa impotente como acechan como hienas a su hermana mayor, descubriendo que no le desagrada del todo la idea de descubrir hasta donde son capaces de llegar, pues en el fondo está convencido de que su hermana les pararía los pies si llegasen a sobrepasarse.
   Lo que ni Pedro, ni su hermana ni su madre saben, es que estos lobos con piel de cordero no piensan parar hasta someter a la veinteañera. Lo que ni los adolescentes saben, es que la propia madre sin saberlo se pondrá a tiro, dándoles la posibilidad de que jueguen tanto con ella como su hija.

Aceptando la propuesta de los jóvenes en pasar una tarde juntos en cierto lugar. Dicha decisión desencadenará una serie de eventos que forzará al hermano mediano a ver como su madre y su hermana comienzan a desmoronarse antes aquellos cinco adolescentes. Acabando en un lugar muy diferente al que comenzaron, con una Sandra dispuesta a dar una gran lección a sus estudiantes… Sin ser consciente de que serán ellos los que le den una preciada lección tanto a su hija como a ella…

… Nunca subestiméis a los lobos, corderitas.




Capítulo 2: Los adolescentes de Villamacho

Parte 2: Peticiones cumplidas…





Índice.

* 2.1 Las campanas se oyen desde casa.
* 2.2 Lobos con piel de cordero…
* 2.3 Tarde de piscina, noche de…
        *Escena de la piscina, 1.
        *Escena de la piscina, 2.
        *Escena de la piscina, 3.



2.1: Las campanas se oyen desde casa.


Aquella mañana era tan calurosa que nada más reunirse frente al instituto, todos estuvieron de acuerdo en no querer acceder al interior. En su lugar, agarraron las bicicletas y pedalearon hasta la casa de Olivia dando por hecho que estaría sola.
   Cruzando los cinco con sus bicicletas el umbral de entrada a los terrenos de la finca, las dejaron apiladas junto al muro antes de cruzar el caminito de subida que llevaba hasta los tres edificios que constituían la vivienda de aquella familia.
   Dudando sobre si picar a la puerta del edificio principal o la del secundario, optaron por la segunda opción acertando de pleno.

Era evidente que Olivia, cuando abrió la puerta, no esperaba visita. Se sorprendió casi tanto de verlos como estos de verla con tan poca ropa. Restregándose los ojos al tiempo que liberaba un poderoso bostezo, se apoyó en el marco de la puerta sin asimilar por el momento que si esos chicos estaban ahí significaba que había faltado a clase.
— ¿Qué hacéis aquí? –preguntó a todos y a nadie al mismo tiempo.

Ninguno de los cinco contesto, pues estaban demasiado concentrados en deleitarse con la visión de aquel cuerpo semidesnudo. La única prenda que llevaba encima la veinteañera era aquella enorme camisa que hacía las mismas veces de falda, ocultando para sí la valiosa información de si llevaba ropa interior o no. Sus pies descalzos y sus muslos estaban desnudos, mostrando un minucioso afeitado que no habían dejado sobre su piel ni un solo pelo.
   Tampoco pasaron desapercibido los pezones que se marcaban por debajo de la camisa, insinuando la falta corpiño arropando el seno femenino.
— ¿Y bien? –musitó la joven alzando una ceja, impacientándose ante la falta de respuesta-. No, Raúl. No te rías… A mí no me hace ni puta gracia. ¿De qué sirve que os de clases todas las tardes si luego faltáis al instituto?
— Venga, profe… Hemos estado estudiando muy duro contigo. Danos un respiro.

Frente a Olivia estaban los tres lameculos de siempre, imitando a perros salivando a la espera de que su dueño les facilitase un trozo de carne: Santi, Raúl y Domi siempre se intentaban hacer los gracioso hablando mucho con ella y haciéndola reír; por el contrario, Fernando y Alex permanecían más tiempo callados del que hablaban. Dos estrategias para acercarse a la veinteañera que daban por igual el mismo resultado.
— Precisamente por eso. ¿De qué sirve lo que hacemos todas esas tardes si luego hacéis campana?
— Solo es un día…
— Y luego otro, y otro… Siempre tendréis una excusa para faltar.
— Mientras aprobemos los exámenes vale… ¿No?

Chuki no se dejó engañar por la evidente fingida seriedad de la joven. Esta se alegraba mucho de tenerlos allí, frente a su puerta y, si no se equivocaba, se moría por dejarlos entrar. Alguna tarde había dejado caer que se sentía muy sola, pues todas las mañana los solía pasar sola en aquella casa y, por si fuera poco, la rutina se había apoderado de todas sus tardes. Pasaba la mayor parte de estas estudiando con ellos, algo que no la entusiasmaba, o pasaba tiempo junto a sus hermanos y su madre viendo la televisión.
   Era información muy valiosa, pues conocerla permitía saber también que pese a que se estuviese haciendo la difícil estaba deseando dejarles pasar, aunque solo fuese por divertirse un rato tomando algo.
— Eso dices ahora –le reprochó con voz apenada.
— Te pagamos por esas clases. ¿No? Es problema nuestro si aprobamos o no –Olivia no era tonta, y se había percatado desde el primer instante que se estaban muriendo por entrar dentro de la casa.
— Tengo mis principios, y si me pagáis por aprender no puedo decepcionaros. Si os permito faltar a clase soy tan culpable como vosotros –sentenció estampando la palma de su mano contra el marco de la puerta, cerrándoles el paso como si no estuviese dispuesta a dejarlos pasar.
— Pero si aprendemos… -le contradijo el rubio, sin poder contener una traviesa sonrisa.
— Aprenderíais más rápido si no faltaseis a clase.
— Venga, profe… Ya que estamos aquí déjanos pasar un rato. Encima que venimos a verte.

La cara que puso fue un poema. Se notó al instante que el quinceañero había usado las palabras adecuadas pues reaccionó quitando la mano del marco de la puerta, como si se estuviese planteando dejarlos pasar.
— Venga –suplicó el pelirrojo poniéndole ojos de gatito.
— ¿Por qué queréis pasar?
— Queremos pasarlo bien contigo.
— Ya –fue lo único que respondió, claramente desarmada-. Tengo cosas que hacer… Así que cuando os diga que os vayáis os iréis.

Sin asentir ni afirmar de ninguna forma que lo habían entendido, pasaron entre ella y la puerta accediendo al interior de la casa, siendo Fernando el último en entrar.
— Al sofá, eh…
— Claro, claro –se escuchó decir a uno de ellos.
— Tranquila, nos portaremos bien –murmuró el macarra de la gorra, parándose a su lado mientras esta cerraba la puerta-. Porque a los niños buenos nos premias.
— Tú de bueno tienes lo que yo de tonta –aseguró Olivia guiñándole un ojo, sin poder evitar sonreírle antes de reunirse con el resto en el salón-. Ahí me siento yo –indicó al gordo que se había apropiado del sillón individual. Haciendo que este se levantase, obligándolo a agarrar una silla a desgana, se dejó caer sobre el cuero cruzando las piernas como si quisiese impedir que estos viesen lo que había entre ellas.

``¿Por qué no subes y te pones algo más de ropa? Hay que ser zorra´´ escupió para sus adentros inflado de rabia. Luego eran los hombres los que pensaban constantemente en sexo… ¿Cómo no iba a ser así, si ellas se pasaban el día provocando?
   Fuese por lo que fuese, Olivia se quedó encogida en aquel sofá unos instantes antes de ir a la cocina a por bebidas. Solo trajo dos cervezas, una para ella y otra para Chuki, para el resto solo trajo refrescos azucarados que debido a la calor vaciaron en un momento.
   Las siguientes bebidas que trajo para saciar la sed de sus invitados, ante sus continuas súplicas fueron cervezas, las cuales subieron el tono de la conversación tanto por parte de los adolescentes como de la misma anfitriona.

***

Las mejillas de Olivia estaban rojas como manzanas del más vivo color. Se había tomado tres cervezas, demostrando que estaba más ebria que sobría tanto en la forma en la que se movía y hablaba como en las cosas que decía.
— Tiene que ser muy difícil para vosotros…
— Es una verdadera putada –aseguró su invitado de pelo largo-. Las pocas chicas de nuestra edad que hay en el pueblo no puede salir de casa… eso cuando están en el pueblo.
— Igualmente son muy pocas, en este pueblo casi no hay mujeres –le interrumpió el chico rubio.
— Donde yo vivía antes había casi tanto chicos como chicas, aunque los chicos de vuestra edad se mataban a pajas –Un brillo de perversión destelleó entre los ojos de Olivia, como si no hubiese podido contenerse a la hora de decir aquello.
— Pues teniendo chicas… Vaya mataos –se burló el pelirrojo sin separar la mirada de su móvil.
— ¿Por qué? –Olivia intercambió el cruce de piernas mientras se inclinaba hacia adelante. No pareció darse cuenta que sus pechos amontonaban toda su masa contra la camisa, bailando bajo ella cada vez que se movía.
— Por hacerse pajas teniendo la oportunidad…
— Que haya chicas no quiere decir que tengas oportunidad de follártelas –le atajó sin sonreír-. Lo normal a vuestra edad es no comerse ni una rosca.
— ¿Quién lo dice? –Esta vez fue Fernando el que hablo, siendo la primera vez que decía algo desde que se había sentado.
— Lo digo yo. Seguro que os matáis a pajas vosotros también.
— Sí. ¿Y qué? Si nos saliese la oportunidad, mataríamos a pollazos a la que se nos ponga por delante –Fernando evitó usarla a ella como ejemplo de la misma manera que Olivia pareció evitar darse por aludida, pero seguramente lo hizo.
— Me lo creo, sin porno ni chicas tenéis que estar desesperados.
— Te tenemos a ti –le recordó Santi mirándole la entrepierna, luego el torso antes de mirarle a los ojos.
— Seguro que os habéis hecho muchas pajas pensando en mí –Lo dijo con mucha naturalidad, como si lo tuviese asumido. Y ninguno de los aludidos pareció avergonzarse de ello.
— No parece importarte –le chinchó el adolescente con gorra y barba.
— Sé que es inevitable… Mientras sepáis que eso será todo.
— Pocas cosas son imposibles –El pelirrojo hizo esa afirmación sin reír, algo extraño pues la mayor parte del tiempo había una sonrisa dibujada en su rostro.
— Tienes toda la razón, zorrito… Y que haga algo con vosotros es una de esas pocas cosas.
— ¿Cuánto le mide a tu novio? –preguntó el gordo con ese interrogante fuera de contexto.

Por unos segundos, la joven demostró haberse quedado claramente descolocada. Era evidente que no estaba acostumbrada a beber cervezas, y aunque todos veían que mantenía el control de si misma estaba evidentemente alterada. Tal vez, sin haber estado bebida, no habría accedido a hablar sobre todas aquellas cosas.
— Eso no se pregunta –contestó ruborizada.
— Solo es una cifra –le recordó restándole importancia.
— Es algo entre mi pareja y yo.
— Nadie dice lo contrario –la apaciguó Fernando mirándose las uñas, como si la conversación no fuese con él.
— Entonces no preguntéis. Además… ¿Qué os importa?
— Si dices eso es que eres una hipócrita. Hablas con toda normalidad de si nos hacemos pajas y luego no eres capaz de confesar algo tan normal como el tamaño de tu novio –Supo al instante que la veinteañera no tenía respuesta para su hipocresía, así que decidió repetir su anterior pregunta.
— ¿Y qué os importa cuánto le mida?
— Era para saber si estás satisfecha con su tamaño.

Incómoda, se recogió el pelo detrás de la oreja, era evidente que estaba sopesando si contestar o no.
— C… Claro que lo estoy.
— ¿Cuánto le mide?
— ¿Tanta importancia le dais al tamaño? Hay cosas más importantes.
— Dices eso como si el tamaño no fuese importante, pero lo es –la atajó el pelirrojo, tan ruborizado a causa del alcohol como su pelo.
— Es importante pero… -se arrepintió de lo que acababa de decir-, no es lo único. Además… ¿Qué sabréis vosotros? Si seguro que sois vírgenes todos.
— ¡Uooooooo! –aullaron el pelirrojo, el rubio y el chico de pelo largo al unísono.
— Estás dando por hecho algo que no sabes. ¿Por qué te pones a la defensiva?
— Seguro que la tenemos más grande que tu novio –aventuró Chuki exhibiendo una prepotente sonrisa. Se crecía a la par que la veinteañera se sonrojaba.
— Ya te gustaría a ti –respondió ella rechinando los dientes-. ¿Qué subidito que estás, no?
— ¿Nos apostamos algo?
— No tengo que apostarme nada –aseguró, dando por hecho que no estaba dispuesta a asumir el riesgo. El adolescente de la gorra, Chuki, estaba dando ya por hecho que pese a su insistencia el novio de esta no la tenía tan grande.
— Pues yo apostaría lo que quieras a que le gano por mucho. La tengo bastante grande –Era evidente que Olivia intentaba pensar una manera de humillarle, pero no encontró ninguna.
— Nunca lo sabremos.
— Tu novio no, tú… puede –insinuó antes de añadir, al darse cuenta que podía haberse molestado-. La vida da muchas vueltas.
— Antes de follarme a unos niñatos me follo a una caballo, acuérdate de lo que te digo.
— Por aquí hay muchos potros –aseguró el barbudo rascándose el vello que recubría toda su papada.
— ¿Cuánto le mide a tu novio? –insistió Alex desde el sillón.

Olivia pareció agradecer volver al tema inicial, aunque fuese acabar en el mismo lugar donde habían comenzado. Era evidente que había decidido que lo mejor era dar una respuesta y complacerles lo antes posible.
— No se la he medido nunca.
— ¿Pero de tamaño, cuanto le mide. ¿Así? –El gordo separó sus dedos índices hasta abarcar una distancia entre ellos que igualaría los quince centimetros.
— ¿Así? –bromeó el pelirrojo separando sus dos dedos índices hasta unos cincuenta centímetros. Todos rieron.
— Más o menos… Así –la chica se rindió ante la insistencia de sus invitados, mostrando con sinceridad un tamaño de unos diecisiete centímetros.
— ¡Eso es lo que me mide a mí! –comentó Santi decepcionado, recostando la espalda contra su silla.
— Y a mí –confesó Domi sin poder reprimir una sonrisa.
— No seáis mentirosos –les increpó, más animada, sin darles credibilidad-. ¿Cómo os va a medir eso? Si aún os queda mucho por crecer.
— Pues yo la tengo mucho más grande –aseguró Chuki sin reir.
— Y yo –dijeron los dos que quedaban al mismo tiempo.
— ¿No me crees? –explotó Fernando mientras se levantaba. Si bien Olivia creyó que iba a pegar a alguien, se llevó una sorpresa al descubrir que su intención era bajarse los pantalones.
— No, no, no –Pegó un salto desde su sillón, arrodillándose frente a él como si fuese a chupársela, solo que en lugar de eso impidió que los pantalones cayesen.

Raul, el pelirrojo, imitó a su amigo bajándose también los pantalones provocando que su anfitriona se levantase y se tapase los ojos.
— No quiero veros la polla. Como no paréis os vais a tener que ir.
— Aguafiestas –le increpó Raúl sin dejar de sonreír al tiempo que se subía los pantalones y se ponía el cinturón.
— Estáis muy salidos… A ver si os hacéis unas pajas y os desfogáis un poco –hizo una pausa antes de pedirles que se fuesen.
— Venga, Oli… Si acabamos de llegar.
— No os hace ningún bien estar aquí. Me lo he pasado muy bien, ya quedaremos cuando no estéis tan…
— ¿Tan? –inquirió Chuki intercambiando una larga mirada con ella que le hizo perder el hilo de lo que estaba diciendo.
— Tan guarros –la veinteañera golpeó con cada paso el suelo, hasta apearse al lado de la puerta y abrirla de par en par-. Venga mocosos, largo.

En cuanto el último de ellos salió, ella cerró la puerta creyendo que se había quedado sola.
— Sí que tienes prisa por echarnos. ¿No? –Los otros cuatro ya deberían haberse dado cuenta de que Chuki se había quedado dentro, pero ninguno picó a la puerta ni hicieron nada para hacerle salir. En su lugar bajaron el camino hasta donde estaban sus bicicletas.
— Os echáis vosotros solo al hablar de estas cosas.
— Si no recuerdo mal has sido tú la que ha empezado a hablar de que nos pajeamos pensando en ti –le recordó plantándose frente a ella. Le pareció como si Olivia sufriese un escalofrió, pues suspiró como así fuese.
— No es lo mismo hablar de hacerse pajas que bajarse los pantalones frente a mí.
— Entonces… ¿No nos habrías echado si te hubiésemos preguntado si tú te masturbas?
— Puede que no –negó ella dejándolo caer.
— ¿Te masturbas?
— Demasiado tarde para preguntar eso –aseguró mordiéndose el labio.

``Está juguetona. Si me lo monto bien me la puedo follar aquí mismo´´ se envalentonó para sus adentros.
— Nunca es demasiado tarde para preguntar algo. Además, lo mismo que el primer día… Mira cómo estás vestida. ¿Tan raro que parece que nos pongamos tan cachondos?
— Ya os lo dije… Pajearos lo que queráis, porque no llegaréis a nada más.
— ¿Y te parece normal que estéis así vestida?
— Así os doy material nuevo con el que sacudírosla.

``Así que te gusta ir provocando, perra… Gracias por la información´´
— Si todo lo que quieres es calentarnos, ya podrías hacerlo de otras maneras.
— ¿No te parece suficiente? No me he vestido así para provocar –le recordó-, estoy en mi casa. Sois vosotros los que habéis venido sin avisar.
— Podrías haber subido a tu habitación y haberte cambiado.
— ¿Y dejaros solos en mi casa? Ni de coña, chato. La próxima vez, cuando esté prevenida de que vais a venir, no tendremos el mismo problema.
— Entonces solo hace falta venir sin avisar, porque está claro que te encanta ir así vestida por la casa.
— Es cómodo –se justificó planchándose bien la camisa.
— También sería cómodo verte en ropa interior –afirmó entrecerrando los ojos mientras se preguntaba si era el momento adecuado para lanzarse. Estaban los dos solos, y aún quedaba mucho para que llegasen sus hermanos pequeños o su madre. Lo único que le echaba para atrás era enfadarla hasta el punto de no volver a tener una oportunidad como esa.
— Tal vez algún día me deje ver de esa manera, seguro que te haces muchas pajas después de verme con eso puesto.
— ¿De verdad? –No se lo esperaba ni se creía lo que oía, hasta que entendió que estaba siendo sarcástica. Agarró el picaporte de la puerta y la abrió mientras se inclinaba hacia su oído y le susurraba:
— Claro. Cuando me haya follado al caballo que os dije, y solo entonces. Anda, lárgate enano.

Le empujó hasta fuera antes de cerrarle la puerta en las narices. Resulto que los otros cuatro le esperaban abajo, junto a las bicis, impacientes por saber que había pasado. No les contó nada, era innecesario.
   Mientras se montaban sobre las ruedas y conducían hacia sus casas, llegaron a la conclusión de que la chica no sabía beber y tenían que emborracharla más a menudo.
   Todos excepto Raúl pedalearon hasta sus casas, mientras que el pelirrojo lo hizo hasta el instituto a espaldas de los otros cuatro para reunirse a la salida con los dos hermanos menores de Olivia. No le costó mucho convencer a ambos de lo divertido que sería quedar todos una noche y dormir juntos, sobornando a Jaume con la idea de llevar su consola para poder viciar entre todos.
    Al hermano mediano, por el contrario, atisbó desde lejos sus verdaderas intenciones. Estaba seguro de que lo que realmente pretendía era intentar algo con su hermana aprovechando que se quedarían a dormir en su cuarto.

En su interior se libraba una batalla, un conflicto interno entre la curiosidad que sentía y la aversión. Una parte de sí deseaba ver cómo se las apañaban para acechar y tratar de espiar a su hermana. ¿Le robarían unas bragas? ¿Se atreverían a intentar ligar con ella? En el fondo confiaba en que su hermana les daría una patada a todos si descubría que intentaban hacer algo así, pero de algún modo le parecía completamente morboso.
   Tal vez no había superado aquellos tiempos en los que descargaba terabytes de porno en su ordenador, habiéndose interesado ya por el amor filial imaginándose a su hermana. Solo era un fetiche platónico, lo sabía perfectamente, pero ante la necesidad que causaba la falta de porno de alguna manera se materializaba imaginándose a su hermana como protagonista de nuevas fantasías. Aunque una parte de sí mismo lo rechazaba, mayoritariamente se excitaba con la idea de ver a su hermana asediada por aquellos pueblerinos.

Fue por esto, lo más seguro, por lo que accedió a hablar con sus padres para que se pudiesen quedar a dormir. Excitándose de camino a casa, con el corazón a mil, sin ser capaz de pensar con claridad. ¿Cómo se comportarían al ver a su hermana en pijama? A veces incluso la había visto en ropa interior. Alguna vez la había descubierto desnuda, e incluso sabiendo lo enfermo que estaba al excitarse con su propia hermana, había sufrido tremendas erecciones por su culpa. Aquellas curvas perfectas que tenía su hermana, aquellos pechos tan perfectos y tentadores.
   Sabiendo que su hermana era una persona fuerte, inquebrantable, y debido a todo eso no era capaz de imaginarse como se comportaría frente a la presencia de todos aquellos adolescentes. Al mismo tiempo, enfermaba con solo pensar en dar a sus nuevos amigos la oportunidad de estar frente a su hermana. Sin saber que sería mayoritariamente su culpa que tanto su madre como su hermana acabasen brutalmente folladas y emputecidas por todos aquellos quinceañeros.

Pedro, el hermano mediano, no era consciente de que él iba a ser una pieza clave que provocaría dentro de no demasiado tiempo pasar una noche en su propia casa; llevando a innumerables situaciones inmorales y sucias antes de que las dos mujeres cayesen victimas del deseo y la necesidad.
   ¿Quién habría pensado que, aquellos adolescentes que aparentaban ser tan educados, eran en realidad verdaderas bestias; tan crueles y guarros como para convertir en verdaderas putas a dos mujeres honradas? No lo sabía, pero era el mismo el que había construido el gran caballo de madera que atravesaría las impenetrables murallas, y una vez dentro, era solo cuestión de tiempo.
   Porque tanto la madre y su hija estaban más necesitadas de lo que parecían, y justo el día que los adolescentes conseguirían traspasar aquellas murallas, las dos hembras estarían desprotegidas, pues tanto Rob como Joaquin tendrían que pasar la noche fuera de casa.

La ausencia de sus dos parejas alteraría a las dos mujeres como la luna llena altera a los lobos.



2.2: Lobos con piel de cordero…

A los dos hermanos ni se les pasó por la cabeza preguntar al patriarca. Joaquin habría dicho que no a sus hijos sin replanteárselo un instante. En su lugar, aprovecharon aquella calurosa tarde en la que solo estaban su madre y su hermana en casa para pedirles a ambas que sus nuevos amigos se quedasen a dormir.
   Ambas se miraron disimuladamente, sin saber como reaccionar, pues ni de lejos se habrían imaginado que los dos pequeños propusiesen algo de semejante magnitud. Si sus dos vástagos le hubiesen pedido traer uno o dos amigos, lo habría permitido sin despeinarse pero… ¿Cinco amigos? Además, esos jóvenes los conocía ella como profesora, pues en el instituto tenían fama de ser conflictivos tanto por faltar a las clases como por pelearse. ¿Cómo iba a dejar que se quedasen a dormir semejantes figuras?
   No le hizo ninguna gracia tenerlos en su propia casa durante aquel día, y sabiendo que su hija sería capaz de sacarse un dinero extra e incluso de corregirlos, les permitió asistir a unas clases de repaso en la casa secundaria librando a la principal de posibles robos, cotilleos o problemas por parte de los adolescentes.

Si bien era cierto que las veces que los había visto le habían parecido muy educados, prefería no confiarse. Aún así decidió no dar un no definitivo, que con el paso de los días ante la insistencia de sus dos hijos se acabó convirtiendo en un: ``Ya veremos´´.
   Era consciente de que sus dos hijos no eran precisamente sociables y tenían problemas para adaptarse, este fue uno de los motivos por el que comenzó a considerar posible que estos se quedasen. Además… ¿No era mejor que sus hijos pasasen tiempo con esos presuntos macarras en un espacio seguro como era su casa antes que dejarlos vagar por aquel pueblo de mala muerte?
   El último problema era su propio marido. ¿Cómo conseguiría que este diese el visto bueno a que se quedasen a dormir? Incluso si desconocía lo problemáticos que se decía que eran ya era casi garantizado que la respuesta sería no.
— No puede ser –sentenció ante las suplicas de su hijo más pequeño. Pedro, por el contrario, se mostraba más cauto y no insistía.
— ¡Pero mama…!
— Ni peros ni peras, jovencito. Además… Papa no les dejaría.
— Seguro que si hablas con él –saltó el hermano mediano.
— Os he dicho que no.

Ella ya estaba convencida, le habían insistido tanto. Pero el paso de los días continuaron insistiendo hasta que se comprometió a dejar que se quedasen.
— Si ellos se portan bien tal vez pueda convencer a vuestro padre. Pero tienen que demostrar que se merecen poder quedarse.
— ¿Cuándo podrán quedarse? –preguntó Pedro impaciente.
— Ya lo veremos, aún tengo que hablarlo con vuestro padre –Los días fueron pasando, y Sandra no encontraba el momento para hablar con su marido de ese tema.

***

A las cinco de la tarde, poco después de que Sandra volviese del instituto. Se disponía a hacer su ronda de recogida de ropa sucia por toda la casa. Llevaba bajo su brazo un enorme cilindro de tela negra en la que ponía todas las toallas y toda la ropa sucia que iba encontrando. Empezó por las habitaciones del baño principal y acabó por las del edificio secundario.
   Cuando accedió a este, sus tres hijos y los otros cuatro adolescentes se encontraban sentados en la mesa circular que usaban normalmente para aquellas clases de repaso. Con una simple mirada descubrió que faltaba Fernando, el adolescente de la barba, el cual consideraba de todos el más conflictivo.

Saludo a todos antes de subir por las escaleras hasta el piso de arriba, dando por hecho que no había nadie en el baño abrió a la puerta sin picar pillando de pleno al chico que no había visto abajo. Durante unos segundos, quedó hipnotizada observando el enorme miembro que colgaba de entre sus piernas, rodeado por una enorme y salvaje mata de pelo. Reparó, además, que en la punta del glande había una bola plateada de metal. ¿Tenía un pircing en la punta de…?
— ¡Lo siento! –se excusó cerrando de un golpe la puerta del baño. No soltó el manillar, ni se movió, no podía quitarse de la cabeza la imagen de aquella polla tan enorme. Incluso estando morcillona era más larga que cualquier otra que hubiese visto en su vida. ¿Era posible un tamaño así, siquiera? ``Y eso que la tenía bajada… ¿Cómo sería si sufre una erección? Pensó acalorada, abanicándose con la mano.

La despertó de sus lujuriosos pensamiento el picaporte, que vibraba en torno a su mano. Al soltarlo la puerta se abrió, saliendo Fernando del interior mirándola como si nada hubiese pasado.
— Lo siento mucho –tartamudeó la madurita llevándose la mano a la boca, tapándosela. Sin embargo, Chuki no se creía en absoluto que lo sintiese, se le notaba en la cara.
— ¿Por qué? No has hecho nada malo.
— He abierto sin picar.
— Creías que no había nadie –le justificó en su lugar, tuteándola como siempre. En un principio a Sandra le había molestado que no la tratase de usted, pero se había acabado acostumbrado.
— Debería…
— Me ha visto desnudo, pero ya está -``¿Debería decirle que si tan mal le sabe estaremos en paz cuando la vea yo desnuda? No, mejor no´´ se reprimió sabiendo que no era el momento ni el lugar.
— Para compensar diré que estás muy bien dotado –aseguró ella con una sonrisita tonta, mordiéndose una uña para combatir el nerviosismo.

``No hace falta que lo digas, si con la cara que se te quedó al vérmela..´´ se burló para sus adentros.
— ¿Tú crees, profe? Y yo que creía que la tenía pequeña –pese a lo sarcástico de la declaración, estaba seguro de que no lo pillaría… Y así fue.
— Pequeña… Nunca había visto una tan grande. Y… ¿Qué era eso que tienes en la punta?
— ¿Quiere verlo? –le pregunto sobreexcitado. Se estaba arriesgando demasiado, lo sabía. Para empezar aquella madurita le parecía inalcanzable, pero tras habérsela visto por ‘’accidente’’ tal vez accediese y todo.
— No digas tonterías, Fernando. Anda, tira para abajo –respondió ruborizada, pero el adolescente la agarró de la muñeca y la arrastró al interior del baño- Ya te he dicho que no hace falta.
— Tal vez nunca más vuelva a tener la oportunidad de ver un pircing en este sitio. ¿No le da curiosidad?

La posible respuesta era tan evidente que no hacía falta materializarla. En poco más de tres segundos ya la tenía contra la puerta viendo como el mismo se bajaba los pantalones y los calzoncillos y se la agarraba. 
   ``Es enorme, seguro que está pensando eso´´ se enorgulleció el adolescente mientras apretaba el tronco de su rabo para endurecer el glande. Al llenarse de sangre se volvió tan duro como una piedra, exhibiendo el brillante pircing en mitad del orificio de salida.
— Debe doler muchísimo…
— Te acabas acostumbrado. Hace sentir mucho mejor de lo que molesta –era evidente que se moría por tocarla, pero era mejor dejarla con aquel deseo a complacerla y darle una excusa para no volver a acercarse.
— Vaya cosas… Nací demasiado pronto, que cosas os hacéis los jóvenes de hoy en día –decía la madurita mientras su pecho subía y bajaba mucho más rápido, sin dejar de mirar el brillante adorno.
— Si eres muy joven, profe. Nunca es demasiado tarde –aseguro frotándose muy lentamente toda la extensión de su rabo, como si se estuviese masturbando. Hizo esto para que ella pensase lo que él quería, que se estaba masturbando mientras hablaba con ella. Justo después, y prácticamente unos instantes después de haber empezado, se guardó la polla dentro de los calzoncillos y se subió los pantalones, antes de salir del baño y bajar al salón con el resto, seguido muy de cerca por Sandra.

***

— No creo quedaros a dormir –Opinaba la hermana de los dos menores después de que el más pequeño, Jaume, sacase el tema.
— Pero tata, mamá ha dicho…
— ¿Y qué ha dicho papa? –La cuestión planteada por la veinteañera hizo que este agachase la cabeza y se callase.
— Siempre puede ser en mi casa –propuso Santi, recibiendo en consecuencia multitud de miradas asesinas silenciosas que bastaron para callarlo. Ninguno de los otros cuatro aceptaron esa opción, pues lo que ellos querían era dormir cerca de Olivia.
— Si Olivia viene a dormir a mí no me importaría –bromeó Domi, mientras jugaba con su largo flequillo.
— Sí. ¿No? ¿Puede venirse mi novio también? Seguro que le hace mucha ilusión –ironizó mientras mordía la punta del boli, provocando la risa de los otros cuatro.
— Si Olivia no viene, tiene que ser aquí –exclamó Raúl picando con el puño en la mesa.

La veinteañera, cruzando los brazos sobre sus pechos, ignoró a los otros cuatro centrándose en el que acababa de sentarse.
— ¿No quieres que sea aquí? Como no abres la boca.
— Se me ocurre algo mejor –respondió dubitativo rascándose la papada, intentando satisfacer un picor que se producía en ese lugar-. ¿Y si en lugar de venir a dormir aquí vamos a la piscina? Estos días hace mucho calor y ya falta menos para que empiece el verano.

Olivia hizo un rollo con el cuaderno para golpear la nuca y la gorra de Fernando.
— Ya es verano, melón.
— Pues con más motivo.
— ¿Prefieres la piscina, en serio? –inquirió incrédula.
— No, vamos en broma.
— ¿Qué piscina es esa? Si en el pueblo no hay. ¿O sí?
— En mi casa sí que hay.

Raúl era un pijo, y se veía desde lejos tanto por su manera de hablar, como por el móvil que siempre llevaba encima y sus constantes comentarios sobre todo lo que le compraba su padre.
— Ay, moza… ¡Una piscinita! –se mofó el rubio ante la incertidumbre de la joven.
— Podemos quedar un día que no esté mi padre… Este sábado por ejemplo no volverá hasta la noche.
— Me parece que eso sería abusar mucho –Olivia tenía tantas ganas de bañarse como de tomar el sol, pero no le hacía ninguna gracia ir sola con aquellos cinco. En una edad tan difícil y con las hormonas tan revolucionadas. ¡Lo que tendría que aguantar!
— Para nada, mujer… -Le restaba importancia el pelirrojo-. Vamos un par de horas, nos bañamos y luego cada uno para su casa.
— ¿Vais a ir a una piscina? –Inquirió Sandra desde las escaleras, bajando con el bol de la ropa sucia lleno entre sus brazos.
— Sí, he invitado a sus hijos a mi casa este sábado, y si Olivia se anima a venir… También está invitada.
— Que pena que ya no sea una veinteañera para hacer esas cosas –lamentándose con picardía dando a entender que le encantaría poder ir.
— No diga tonterías, profe –le recriminó Raúl levantándose antes de echar a andar hacia la madurita-. Está invitada usted también a venir a tomar el sol y bañarse.
— Ay, no sé… No estaría bien, soy vuestra maestra…
— Eres nuestra profe en el insti, pero fuera eres la madre de nuestros amigos –Chuki atrajo fácilmente la mirada de la madurita a pesar de que esta evitaba mirarle demasiado-. No creo que a nadie le importe que acompañes a tus tres hijos.

Mientras que Jaume empalidecía muerto de la vergüenza por tener que ir con su madre; el mediano se centró en analizar lo más fríamente posible la reacción de sus amigos, las cuales no eran pocas; Miraditas, sonrisas, guiños de ojos… Definitivamente les había encantado la idea de que Sandra se uniese a la fiesta, aunque solo fuese para verla en bikini.
— No os importa… ¿No? –inquirió dudosa a sus tres vástagos.
— Si vas tú yo también iré –afirmó la mayor, más tranquila al saber que contaría con el apoyo de su madre. No se atreverían a decir ciertas cosas si su madre estaba presente. Pedro, por el contrario, se limitó a encogerse de hombros como si le diese igual.
— Qué bien… hace mucho que no voy ni a la playa ni a la piscina. Tendréis que perdonarme porque no estoy en forma –aseguró preocupada por las curvas, pese a que todos rieron restándole importancia.

Lo que nadie sabía es que el padre de Raúl no iba a ser el único en pasar tiempo fuera de casa. Joaquin y su yerno iban a tener unos inesperados problemas en las granjas y huertos donde trabajaban, teniendo que pasar allí parte de la noche y del día siguiente; por lo tanto, Olivia y Sandra no tardarían en descubrir que iban a tener la casa libre durante más de 24 horas.
   La madre no iba a dudar aprovechar la oportunidad para cumplir la promesa que les hizo a sus hijos, dejando que sus amigos pasasen la noche en su casa… Aunque no precisamente para dormir.

2.3: Tarde de piscina, noche de…

Llego el sábado, el día elegido para pasar la tarde en casa de Raúl. Sin embargo, por la mañana, Joaquin llamó al teléfono fijo que tenían en la casa principal para avisar a su mujer de que unas inundaciones habían malogrado parte de la cosecha además de haber perjudicado a los propios animales. Los tres días anteriores había llovido tan fuerte que ya habían dado por hecho que se iba a cancelar la quedada para la piscina, sin embargo, el sol brillaba con fuerza sobre el barro y la tierra impregnada de agua.
   Según le explicó su marido, iban a tener que quedarse a dormir en los estables para ir realizando reparaciones, por lo que lo más posible era que no llegasen hasta el domingo por la noche como muy pronto.

Con esto en mente, preparó todo aquella misma mañana para poder ir a la finca de Raúl con sus tres hijos. Ilusionados al enterarse de que iban a ir –pues tras las abundantes precipitaciones y el mal tiempo ya se habían resignado a cancelarlo-, los cuatro prepararon las bolsas con sus bañadores, crema solar, bebidas y ropa de recambio.
   Después de comer, tal como quedaron por teléfono, se presentaron frente a la finca de Raúl. Aunque los jardines y la casa no eran tan grandes como sus propios terrenos, si estaba todo mucho mejor cuidado. Hasta el último centímetro de tierra de aquel jardín estaba recubierto de un colorido y esponjoso césped. Al descubrir que no había timbre en la entrada y se podía entrar sin problema, cruzaron el umbral que había entre los muros y se encontraron con que los cinco ya estaban en bañador. Con Domi, Santi, Raúl y Alex bañándose en la piscina, él único que se encontraba fuera era Fernando, el cual estaba estirado en una hamaca que había colocada bajo un árbol.
   Las hamacas parecían extremadamente cómodas, pese a que ni la madre ni la hija se fijasen especialmente en ellas. Ambas observaron, con mucho disimulo, el diminuto bañador que llevaba el adolescente de la barba y que le marcaba exageradamente todo el rabo. Parecía, y lo veían de lejos, que si le crecía lo más mínimo fuese a quedar al descubierto.
— ¿No te bañas? –le preguntó Sandra, acercándose a otra hamaca sobre la que dejó la pesada bolsa.
— Luego me baño, ahora no me apetece –respondió Chuki, sabiendo que la madurita estaba haciendo un serio esfuerzo por mirarle a la cara. Se permitió el lujo de sonreír.

Olivia y su madre no tardaron en preguntar a Raúl donde estaban los baños para poder cambiarse, yendo al interior juntas hablando sobre lo bonita que era la casa y sus jardines…
   Jaume se quitó la camisa y se lanzó de cabeza al agua, mientras que Pedro, más tranquilo, se sentó en el borde para para remojar los pies.
— Dentro tengo la play –Raúl se dirigía a los dos hermanos, pero miraba al más pequeño de los dos-. Luego si quieres puedes ir con tu hermano a viciar un rato.

El objetivo, era evidente para el hermano mediano, era apartarlos para poder quedarse a solas con Sandra y Olivia que al poco rato volvieron luciendo unos bañadores que incluso se podía decir que les quedaban pequeños. Olivia fue la primera en untarse crema por todo el cuerpo, como si quisiese evitar darles una excusa para ofrecerse a ponérsela ellos mismo. Sandra, por el contrario, dijo que prefería ponérsela más tarde.
   Las dos primeras horas pasaron sin incidentes, con Sandra en la tumbona y Olivia bañándose junto a sus dos hermanos. Pedro vio como Raul le decía algo inaudible a su hermano pequeño, como si le estuviese recordando lo que le esperaba dentro de la casa. El muy tonto le pidió a que lo acompañase dentro, y sabiendo que si se quedaba allí no mostrarían sus verdaderas intenciones fingió acompañar a su hermano al interior de la casa para jugar a la consola, pretendiendo en realidad espiarlos desde la ventana…

Jaume encendió la tele y la consola, eligiendo entre el extenso catálogo de juegos sin preguntarse porque su hermano estaba de pie tras la cortina, observando al jardín. No pareció importarle, y jugar era mucho más importante. Fue entonces, tanto ellas como ellos que al verse desmarcadas por ellos dos, comenzaron a comportarse de una manera muy distinta.

***
··Escena de la piscina, Olivia··

Tras la cortina y con la ventana abierta, alcanzaba a oír prácticamente todo lo que se decía en la piscina. Nada más largarse, todos menos Chuki se habían quedado dentro de la piscina junto a su hermana; mientras que este y su madre permanecían a lo lejos en las butacas bajo el sol y la sombra que ofrecían aquellos árboles. Tras cansarse de observar a esos dos hablar sin acercarse, decidió centrar toda su atención en su hermana y las hienas que la rodeaban.

Pese a que estos no se cortaban un pelo, ella tampoco es que les enseñase donde estaba el límite. La abrazaban por detrás, restregando sus pollas contra ella. O bien no se daba cuenta, o bien decidía ignorarlo, pero aún así cada vez que conseguía escaparse de un abrazo le esperaba el siguiente.
   Pedro entrevió en la cara de su hermano cierta perversión, como si estuviese disfrutando de aquello. Se percató en repetidas ocasiones de que lanzaba miradas disimuladas a su madre, como si esperase que en cualquier momento se metiese con ella en el agua. Aún así, Sandra parecía más interesada en quedarse donde estaba, sin mirar ni una sola vez a su hija en la piscina.
   ``Es imposible que no se de cuenta, todos llevan bañadores ridículamente pequeños. Se están luciendo a base de bien´´ escupió para sus adentros, envidioso. No entendía porque su hermana se dejaba abrazar, riéndoles las gracias… ¡Era tan evidente lo que estaban haciendo!
— Sois unos abusones –le escuchó decir a la veinteañera, entre risas, tras librarse de los brazos de Alex.

``¿Abusones? Me gustaría ver que diría tu novio si se enterase de esto´´ le respondía sin que esta la escuchase. Se imaginó que la piscina estaba vacía y podía ver las extremidades inferiores que, en realidad, estaban tapadas por el agua. Quiso ver lo que sus ojos no podían, observando unas pollas tiesas bajo el agua que buscaban el cuerpo de Olivia mientras esta los esquivaba a duras penas.

***

Habían logrado acorralarla, dos colocándose a sus lados junto al bordillo de la piscina. Alex y Raúl en cambio se encontraban frente a ella cortándole el paso. Olivia no pudo hacer nada más que chocar de espaldas contra el tope de la piscina, como si pretendiese evitar dar la espalda a cualquiera de los cuatro.
   La veinteañera y los chicos no dejaban de sonreír, sin disimular que buscaban una manera de poder continuar manoseándola bajo el agua. Era evidente que no estaban tocando nada comprometido, como podía ser su culo, su entrepierna o sus pechos; mas de la manera en que lo hacía no hacía ninguna falta.
— Que valientes sois… Los cuatro contra mí.
— ¿Prefieres que vayamos de uno en uno?
— No, creo que podré con los cuatro –Mostró una seguridad imponente pese a la situación en la que se encontraba. Los cuatro aullaron en tono de sorpresa ante un atrevimiento tan malinterpretable-. No sois para tanto.
— Te recuerdo que falta uno –le recordó Raúl lanzando una mirada fugaz a Chuki, que seguía en la butaca hablando con la madre de la veinteañera.
— Cuatro o cinco, no hay diferencia –replicaba Olivia con malicia.
— Es una pena que no hayas podido traer a tu novio como dijiste.
— Está demasiado ocupado en su trabajo –se lamentó en consecuencia, pese a eso no le pareció que la falta de este le afectase lo más mínimo.
— Puedes disfrutar tú por los dos.
— Y nosotros disfrutamos de ti –añadió Raúl mirándole descaradamente las tetas.
— Seguís tan salidos como el otro día, eh.

Los cuatro rieron intercambiando miradas cómplices. Ante el desentendimiento de la joven, fue el rubio el que representó lo que todos estaban pensando.
— Seguimos tu consejo y nos hemos hinchado a pajas.
— Muchas pajas –aseguró el adolescente de pelo largo, entre continuos asentimientos, reafirmando lo que decía Santi.

Aún sabiendo la respuesta y dándose cuenta las miradas furtivas a sus pechos. Olivia sacó pecho fuera del agua aventurándose a indagar sobre el tema.
— Si no tenéis internet ni porno –inquirió ignorando el ``Yo sí ´´del pelirrojo, añadiendo al poco después-. ¿Qué motivan tantas pajas?
— El otro día ibas muy… -Sí Alex estaba a punto de decir una palabra que podría haber sido ofensiva, fue interrumpido y cortado por Raúl que ofreció una palabra mucho más adecuada para el tono de la conversación.
— Provocativa.
— Vinisteis sin avisar… No es mi culpa.
— El caso es que nos hemos hecho muchas pajas pensando en ti.
— Y las que vendrán después de haberte visto en bikini.

A la aludida le temblaron los labios en un vano intento de contener la sonrisa, llegando hasta el punto de morderse los labios. Quiso decir muchas cosas, la mayoría cortantes pero se limitó a decir algo intermedio.
— Me alegro haber sido de ayuda para que… os desahoguéis. Me da que si no fuese por mí explotabais.
— Es un alivio que no te moleste que nos pajeemos pensando en ti.
— No me apasiona –le corrigió, evitando que se hiciesen ilusiones-. ¿Pero cómo va a molestarme? Lo que si que me enfadaría sería que intentaseis algo más… Tenéis que saber dónde está el límite.
— Pero si no es por ti… explotaremos –tanteó Domi estrujando su pelo largo sobre el agua, haciendo que cayese una cascada de gotas sobre esta.
— De momento os va muy bien con las pajas. ¿No?
— Pierde efectividad cuantas más nos hacemos, necesitamos material nuevo –Raúl se peinó su pelo anaranjado hacia atrás sin dejar de mirarla.
— Os tendréis que conformar con lo que ven vuestros ojos, porque vuestras manos no van a tocarme –les avisó antes de añadir, al imaginarse su posible respuesta-, ya sabéis a que me refiero. Prefiero dejar las cosas claras para evitar malos entendidos, antes de que hagáis algo irreparable.
— Ya podrías enrollarte un poco –le increpó decepcionado uno de los cuatro; pese a la conversación, ninguno parecía perder la esperanza de que pudiese pasar algo.
— Me enrollo. Hablo con vosotros de esto y os doy confianza. ¿No?
— Entonces… -empezó a decir el chico obeso mientras se rascaba la oreja-. Sí sabes que nos pajeamos pensando en ti. Podrías…
— ¿Sí? –le animó a decir la preciosa pechugona, a pesar de que ya tenía munición de sobra preparada para dar negativas.
— … Yo que sé, dejarte ver en posiciones sugerentes.
— Que pose para vosotros.
— Sí.
— Ni de coña –respondió sin dejar de sonreír, ofreciendo una contundente negativa-. Aunque… -añadió, exhibiendo por unos instantes su lado más comprensivo mientras apartaba con autoridad a Raúl y Alex de su camino-. Yo no puedo controlar lo que veis y dejáis de ver.

Dicho esto, se dirigió hacia las escaleras para salir de la piscina. Siendo su culo en pompa, chorreante y húmedo, la diana de los ocho ojos que memorizaban cada detalle de aquel cuerpo. Reafirmado su derecho a mirarla todo lo que quisiesen, vieron cómo se sentaba en una hamaca alejada de su madre y el macarra quinceañero de la barba.

***
··Escena de la piscina, Sandra··

Tanto Sandra como Fernando se percataron de que los dos hijos menores de esta salían chorreando de la piscina para ingresar al interior de la casa, no sin antes haberse secado con las toallas que había sobre el césped.
— Estos niños… ¿A dónde irán ahora?
— A saber –se limitó a contestar Fernando, encogiéndose de hombros. Prefería continuar la conversación donde la habían dejado-. ¿La razón por la que vinisteis a vivir aquí es por tu marido?
— Entre otras cosas… ¿Se han metido mis hijos dentro de la casa?
— Eso parece. ¿Estás a gusto en el pueblo?
— No sería la palabra que utilizaría para describirlo… Es un pueblo bastante peculiar. ¿Y por qué se han metido dentro? La piscina, sus amigos y su hermana están fuera.
— Seguramente será por la Play Station 4, Raúl no paraba de decirles que cuando viniesen podrían jugar todo lo que quisiesen.
— Ya están con los jueguecitos. En lugar de disfrutar de un día soleado y de una piscina con amigos…
— Es normal –respondió irritado, quitándole importancia. Chuki prefería hablar de otros temas antes de que todos estos pesados de la piscina se acercasen, sin embargo la madurita no parecía estar por la labor. Y eso que había interpretado que pasase todo aquel tiempo estirada para estar cerca de él…-. Si no tienen juegos en su casa…
— Si tantas ganas tienen de jugar deberían hacerlo con sus amigos, no con unas maquinitas. Hay muchas cosas divertidas que podrían hacer…

Una alarma de bombero empezó a sonar en la cabeza de Chuki. Acababan de tocar un tema que podría servirle, sin tener que forzarlo porque encajaba perfectamente en el contexto que ellos tocaban. Entrecerró los ojos cegado por el sol al mirar a su acompañante, su instinto le decía que si lo hacía bien el premio sería muy gordo.
— ¿Cosas divertidas? ¿Cómo qué? –preguntó con un aire de ingenuidad, como si no entendiese a que se refería.
— A mi edad jugábamos a la pelota, al un dos tres toca la pared, al pilla pilla, al escondite… Y otros muchos juegos en los que no hacía falta moverse demasiado.
— ¿Cómo cuáles?
— El parchis, el ajedrez, juegos de cartas…
— No suena tan divertido como jugar en una consola.
— Eso es porque los jóvenes de hoy no sabéis divertiros, anda que no hay maneras. Mira mi hija con tus amigos, como se divierten en la piscina –indicó lanzándoles una mirada forzada, pues para verlos tenía que girar el cuello ya que las hamacas estaban orientadas hacia el lado contrario-. No necesitan consolas ni jueguecitos.

``Seguro que se lo están pasando de puta madre. Y más bien se lo pasarán cuando se peten a esa zorra. Tú y yo también nos lo pasaremos bien… mientras te muelo el coño a pollazos. Si sois igual de guarras las dos´´ se desahogó para sus adentros mientras estudiaba las curvas del cuerpo de la madurita, aprovechando que esta miraba a la piscina.
   Empezó desde los pies, subiendo por las rodillas hasta detenerse unos instantes en su entrepierna. Parecía tener un poco de vello, lo que Chuki interpretó como que no esperaba visita…
   ``Mejor, esas son las más guarra. Estoy seguro de que aunque no lo sepa es peor la hija que la madre´´ presupuso mientras avanzaba por el ombligo hasta detenerse en sus tetas. Sandra giró tan rápido la cabeza que lo pilló de pleno mirándoselas, pero si se dio cuenta, no dijo nada.
— ¿No crees? –cuestionó mientras pellizcaba el borde saliente de su sujetador y se lo colocaba bien.
— Sigo creyendo que lo de la consola, como tú la llamas, es mejor.
— Os voy a tener que enseñar a pasarlo bien sin maquinitas –le reprendió alzando el dedo índice, contrastando el tono reprobatorio con una amplia sonrisita.
— ¿Con que tipo de juegos? –se aventuró sin mojarse, prefería que ella fuese la que tomase la iniciativa.
— Un poco de todo. Aquí no hace falta porque está la piscina… Pero si todo va bien –empezó a decir, antes de añadir en un breve inciso-, y si queréis, claro… Podéis venir esta noche a pasar la noche.

``A pasar la noche, eh´´ sopesó satisfecho, su intuición no le había fallado. El contexto de la diversión y los juegos podían haber abierto una grieta muy grande que las haría vulnerables a las dos. Eso si la hija también su unía aunque, con lo sola que parecía estar esa niñata creída no parecía que fuese a negarse.
   Lo que le preocupaba eran el marido y el novio de la chica. Todo sería muy light si estaban ellos presentes…
— ¿Y por qué esta noche? –se limitó a preguntar.
— Mis hijos llevan tiempo pidiéndomelo y, no sabía cómo podía convencer a mi marido así que lo he ido atrasando. Pero hoy duermen fuera… -mientras decía eso, Olivia salía chorreando de la piscina mientras los cuatro imbéciles la observaban catatónicos desde el interior-. Haré una pequeña trampa, así que guárdame el secreto.
— ¿Guardar el secreto de qué? –inquirió a su madre mientras se estiraba en una tercera hamaca.
— Le estaba comentando a Fernando lo de que papa y Rob duermen fuera…
— Sí… Si se enterasen se liaría gorda –reconoció Olivia, mirando con curiosidad al adolescente de la barba. Este le miró tan descaradamente las tetas que, en lugar de molestarse, se limitó a sonreírle.
— ¿Te parece bien que se queden a pasar la noche, cariño?
— ¿A pasar la noche? No, mami… Querrás decir a dormir –le corrigió de manera burlesca mientras fruncía el ceño.

``Yo si que os voy a poner a dormir a las dos, zorras´´ decía su mente, contradiciendo lo que su boca les contestaba a ambas.
— Tu madre decía que nos va a enseñar a pasarlo bien.
— ¿A si? –inquirió extrañada, volviéndose hacia su madre… Esta asintió en respuesta.
— ¿Te has fijado que tus hermanos se han ido a jugar a la dichosa maquinita? No saben pasárselo bien de otra manera.
— Aún no me has respondido, Sandra. ¿Qué haremos? –le recordó el quinceañero viendo que Raúl y los otros tres salían de la piscina para acercarse chorreando el agua clorada sobre el verde césped.
— Podríamos jugar a algo como… El juego de las sillas, por ejemplo –propuso a voz de pronto, sin que se le ocurriese mejor.
— ¡Mama, por favor! –A la veinteañera le entró la risa floja, su pecho rebotaba violentamente mientras se tapaba la boca y entrecerraba los ojos-. Las sillas…
— ¡Es un ejemplo! No critiques por criticar y propón algo tú, lista.
— Verdad o atrevimiento, por ejemplo.
— La botella –propuso con una sonrisa socarrona a la pechugona de la hija.
— ¿Vas a besar a Alex si te toca?

Sandra, que parecía inmune al tono picante que estaba tiñendo la conversación, se limitó a asentir.
— Por ejemplo. ¡Muy bien! La botella es un juego muy propio de vuestra edad, se puede hacer con otras reglas... pero sí. Incluso podríamos hacer un concurso de baile…

Los cinco, de nuevo abusando de su maestría para lanzarse miraditas sin ser descubiertos, intercambiaron su satisfacción al imaginarse a todos a la madre y a la hija perreando sobre ellos. Las posibilidades eran ilimitadas, y lo más importante, eran ellas mismas las que estaban proponiendo todas esas cosas… Iban a follárselas, esa misma noche, y lo más importante… ¡Sin que sus parejas estuviesen para poder molestar!
— Poker –propuso Raúl, manteniendo en su cara aquella sonrisa tan característica que le definía. Evidentemente evitó añadir que se refería al sistema de apuestas mediante prenda o atrevimiento, aunque eso era algo que se podía aclarar al momento.
— Raúl, podrías llevarte también la Play por si nos aburrimos jugando a estas cosas… Siempre que no te moleste, Sandra –La picardía de Fernando no conocía límites, pues su verdadero objetivo era picar a la madurita… Y lo consiguió.
— No me importa que la traigas, Raúl. Pero ya veréis como os lo pasáis tan bien que ni vais a querer tocarla. ¡Ya veis todos los juegos que hemos propuesto y lo divertidos que pueden ser!

Los cinco volvieron a pensar igual, centrándose en que si los dos hermanitos pequeños molestaban podrían ser relegados a la Play Statión y sus juegos. Dejando los ‘’otros juegos’’ para los adultos de verdad.
   Si bien Sandra y su hija habían sido escépticas a dejarlos quedarse en su casa, había sucedido un milagro para los adolescentes. Pues de la misma manera que la comida que no gusta se convierte en un manjar para el hambriento, y la bebida que desagrada calma la sed del sediento; ambas mujeres estaban faltas de diversión y compañía, y si en otras circunstancias hubiesen evitado a aquellos adolescentes… ¿Qué había de malo pasarlo bien? No tenían nada mejor que hacer.

Lo que no sabían ninguna de las dos, pues lo daban por imposible, es que aquellos inocentes juegos serían utilizados para ser subidos de tono. ¿Se darían cuenta las ambas de las verdaderas intenciones de aquellos juegos? ¿Podrían escapar a los adolescentes o serían estos los que las emputeciesen para siempre?
   Parecía estar decidido que iban a pasar la noche en su casa, pese a que todavía estaba por ver lo que pasaría en ella.


··Escena de la piscina, Pedro··

— ¿¡Quieres venir a jugar aquí!? ¡Eres tonto! En casa no tenemos consola ya… Deberías aprovechar –La voz de su hermano pequeño le irritaba profundamente. Emulaba una mueca de dolor cada vez que le escuchaba decir algo, sin apartar la vista de aquella pantalla plana-. ¿Qué miras todo el rato por la ventana? ¡Pedro!
— Nada.

El receloso hermano observaba por la ventana, manteniendo su espionaje anónimo gracias a la blanquecina y transparente cortina. Todos los chicos habían salido de la piscina tras su hermana, reuniéndose en torno a las hamacas en las que estaban su madre y Chuki.
   No tenía ni idea de que estarían hablando, pues estaban demasiado lejos para ser oídos incluso si la ventana estaba abierta. Lo que le había escuchado decir a su hermana solo había logrado crearle más desconfianza, pero eran aquellas miraditas las que en aquel momento le volvían loco. ¿Qué estarían hablando? ¿Por qué sonreían y se miraban ellos de aquella manera? Tampoco se le escapaba el detalle de unas disimuladas miradas que lanzaban su madre y su hermana, siendo el significado de estas totalmente desconocido para Pedro.
   Temía que en cualquier momento pasase cualquier cosa, pues ya no sabía que pensar. La complicidad que parecía haber entre aquellos adolescentes y su madre y hermana lo confundía hasta el punto de que ya ni sabía lo que tenía que creer.

***

No tardó en enterarse –y cuando lo hizo no pudo disimular su reacción de impotencia y frustración-. Los cinco iban a ser invitados a dormir a su casa, aprovechando que su padre y su cuñado dormirían fuera.
   Entre miradas cómplices y sonrisitas burlonas, Santi y sus cuatro amigos hablaban sin reparos frente a su hermano y él de las ganas que tenían de ir a su casa. Parecía darles igual que su madre y Olivia pudiesen escucharlos desde el baño, mientras se cambiaban apresuradamente los mojados bikinis. Habían aceptado con demasiada facilidad la petición de Raúl para irse de allí lo antes posible, pues su padre ‘’no iba a tardar en llegar’’, o al menos eso dijo él. Era evidente que era una excusa cutre, a pesar de que su madre no quisiese darse cuenta.
— ¿Podremos jugar a lo que sea? –preguntó Santi mientras se ponía la camisa, su tono de voz delataba que no sentía temor por ser oído por las dos hembras que se cambiaban en el baño.
— Eso ha dicho la madurita, que nos va a enseñar a pasárnoslo bien. Así que no os cortéis… ¿Qué queréis hacer cuando lleguemos a su casa? –respondió Raúl, ignorando que los dos hijos de Sandra estuviesen escuchando toda la conversación. Se recolocó su flequillo pelirrojo mientras inquiría al resto.
— Tienen que ser cosas… divertidas –les recordó el rubio, precediendo la lluvia de respuestas del resto.
— Podríamos jugar a la botella.
— Córtate un poco –le increpó Fernando, callando al resto-. No se puede comenzar así de fuerte. Si tenemos cartas podríamos jugar a Poker…
— ¿Y qué nos apostamos? –inquirió Raúl, obteniendo como única respuesta una mirada maliciosa, condimentada por una sonrisa burlona-. Yo tengo cartas –añadió dirigiéndose a un cajón y agarrando un puñado de cartas apiladas con una goma de pollo. Pedro se fijó en que el cartón de estas estaba tan blanco que por lo tanto debían ser nuevas, como si no las hubiesen usado antes.
— Vale, Poker… ¿Qué más?
— A mí me gustaría bailar con ellas…
— ¿Bailar? –inquirió burlón el chico gordo, denotando que no le atraía en absoluto la idea.
— Bailar –repitió el otro, sonriente.
— Yo lo veo –El adolescente de pelo largo recibió el apoyo de Chuki, que también se imaginaba a ambas mujeres moviendo sus culos sobre sus entrepiernas, mientras ellos estaban sentados.
— Se me ocurre otro muy interesante, aunque eso lo propondré solo cuando ya hayamos jugado a un par de cosas antes –Pedro escuchó con gran interés lo que Fernando decía, quedándose con la curiosidad de lo que tendría en mente. ¿Tan fuerte era para que no pudiese decirlo en voz alta? En el interior de la cabeza de Chuki, por el contrario, solo había espacio para una palabra en aquel momento: Concurso.

Mientras su hermano pequeño continuaba jugando a la consola, sin enterarse de nada. Escucharon a lo lejos abrirse una puerta antes de que su madre y su hermana aparecieran cargadas con su bolsa de deporte, las cuales habían visto su peso aumentado por culpa de la ropa húmeda.
— ¿Estáis listos? –preguntaba Sandra mientras se rascaba la base de su cabello mojado. Parecía diferente a como había llegado, con el escote mucho más pronunciado además de que a su hijo, y posiblemente al resto, les pareció percibir el borde de una colorida aureola… ¡Parecía que el sujetador le iba a estallar!

Al ver que asentían mientras se levantaban todos excepto Jaume –el cual se resistía a abandonar los mandos de la consola-, decidió preguntar algo que descolocó por completo tanto a su hija mayor como al mediano.
— ¿Ya habéis decidido a que querréis jugar?

``Decidido´´ sopesó pensativo Fernando ``Como si le diese igual lo que le propongamos y lo vaya a aceptar todo´´. Olivia parecía mucho más reticente que su madre, pero no dijo nada; y aunque Chuki se percató de esto, estaba seguro que a la hora de comenzar a jugar ella no pondría ninguna pega.
— Hemos pensado en juegos como verdad o atrevimiento, la botella…. Hacer algún concurso o algunas pruebas.
— ¿Y eso último? ¿A qué te refieres? –preguntó Sandra mientras veía a Raúl quitarle el mando a Jaume. Este se lo reprochó, pese a que fue rápidamente convencido con la promesa de llevarse la consola a su casa. ¿Qué había mejor que poder jugar en su propia casa? El pelirrojo agarró una bolsa, y metió la máquina con todos sus cables y un montón de juegos.
— Pruebas de resistencia, de fuerza o velocidad, por ejemplo –señaló el aludido sin concretar.
— Vamos a hacer juegos de noche, no podemos hacer un maratón.
— Tranquila, seguro que se nos ocurren juegos que requieran poco espacio.
— ¿Qué más habéis pensado? –le cuestionó encaminándose hacia la puerta, pues todos se habían encarado hacia ella con el objetivo de salir de la casa.
— Poker.
— ¡Ay, no me gusta nada ese juego! –gimió la madurita, lamentándose. Chuki se habría llevado las manos a la cabeza si hubiese querido… ¡Era el juego que más ganas tenía de probar con ellas!
— ¿Por qué?
— No me gustan las apuestas… Ya te aviso que si jugamos no pienso jugarme dinero.

Una carcajada traspasó, eufórica, los labios de Fernando. ¡Era su día de suerte!
— Seguro que se nos ocurre otras cosas que podamos apostarnos. Como por ejemplo verdad o atrevimiento…
— Eso está mejor, seguro que podemos dejar en ridículo a quien pierda cada mano –propuso la tetona cuarentona mientras cruzaba el umbral de la puerta.
— Esa es la idea –dijo. ``O también puedo desvestirte cada vez que gane, zorra… Que fácil me lo estás poniendo. En un par de horas voy a llenar tu barriga de producto local…´´.

Era consciente de que Alex y el resto tenían en mente juegos más infantiles o que desde un principio podían ser más calenturientos. No obstante, sus ideas del concurso y del póker eran las que más cachondo lo tenían, pese a que aún no tenía ni idea de como iba a conseguir que Sandra y Olivia fuesen las juezas de aquellas pruebas que se le habían ocurrido.
   Lo peor de todo, era que todos excepto Raul iban a llevar como único pijama el mismo bañador que habían llevado, pues no habían podido ir a sus casas a coger nada más.
   ¿En qué condiciones se producirían aquellos juegos? ¿Habría alguno en que ellas se negasen por completo participar?

Anduvieron por las calles oscuras y poco iluminadas, cada vez más cerca de la finca de Sandra y su familia. Lo hicieron mientras discutían a que podrían jugar, siendo perfectamente posible cualquiera de ellos.
   A Pedro le sorprendió que ni su hermana ni su madre propusiesen ningún juego, escuchando pacientemente lo que los adolescente invitados les gustaría hacer.
   Tal vez si hubiese sabido lo que iba a pasar por permitir que todo aquello sucediese, no lo habría consentido. Si tal vez hubiese incordiado más y premiado a su madre y su hermana en negarse o desconfiar más.

Tal vez no lo habría consentido… o quizá sí. Lo que estaba claro es que las consecuencias de lo que sucediese a lo largo de aquella tarde y de aquella madrugada, era un resultado que duraría mientras continuasen viviendo en aquel pueblo.



----- Continua en la parte 3 ------


6 comentarios:

  1. Plap plap plap....Es morbo aún no teniendo sexo y lo erótico siempre esta en tus relatos así que te felicito zorro . Espero pronto la tercera parte que de seguro ahí habrá más erotismo en las escenas de sexo no ?? Bueno eso queda en vos , xq sos el escritor y autor de estos relatos eróticos...saludos desde Argentina y los plap plap son aplausos por tus obras maestras jejje

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    1. Cada punto de la tercera parte tendrá sexo. Es decir, sin exagerar, el 50-70% del relato podria ser sexo.

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  2. Me gusta mucho como va el relato. Estoy ansioso de leer como van a terminar estos juegos y como las van a ir emputeciendo.
    Espero la parte 3 no tarde mucho.

    Un saludo

    MegaMan

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  3. Si bien el relato anterior me pareció que al no tener sexo no, le faltaba un algo, un poco de picante. Este sin tener sexo, me parece cargado de sensualidad, insinuaciones y proponiendo acercamientos futuros, te ha quedado redondo.
    Me tengo que quitar el sombrero maestro, has vuelto a regalarnos un relatazo(el anterior tambien era bueno, no me malinterpretes). Mi mas sincera enhorabuena.
    Tus relatos siempre nos dejan con ganas de mas(que avariciosos somos jejejeje). Ya estamos frotándonos las manos, no solo pensando en el siguiente relato, si no en los siguientes jejejeje
    Animo y muchas gracias campeón.

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  4. En 2 palabras... Brutal y Gracias.

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  5. Muchas gracias por tus relatos

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